País bipolar: algunos alertan por hiper y otros sugieren la MMT

23 de septiembre, 2019

País bipolar: algunos alertan por hiper y otros sugieren la MMT

La semana pasada, la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos abrió un debate sobre la denominada “MMT” (Modern Monetary Theory) o Teoría Monetaria Moderna y puso los pelos de punta a más de uno.

 

El motivo es obvio. Por un lado, el eje central de la MMT (nada menos que las bondades de la emisión monetaria) suscita polémicas repentinas y, por el otro, el contexto vernáculo, cuando menos, dista de ser propicio. Muy por el contrario. Hoy, la demanda de dinero se ha desplomado en una Argentina que coquetea con el ingreso en un nuevo régimen inflacionario con algunas voces alertando, como Javier Milei o Diego Giacomini, sobre una hiperinflación en los próximos meses.

 

El trasfondo del muy probable regreso del kirchnerismo, en pocos meses más, explica el resto del temor que suscitó el debate que abrió Vallejos. El kirchnerismo llegará sin acceso a los mercados, un déficit fiscal en la zona de 4% del PIB y, como ya se sabe, no tiene pruritos con “la maquinita” para financiar un gasto público que puede volver a crecer.

 

La MMT es una idea que ya peina varias décadas y volvió a discutirse en algunos círculos políticos en los países desarrollados. En concreto, se podría argumentar que el que reubicó el debate en la palestra pública fue la fulgurante legisladora Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), cercana a Bernie Sanders, que representa a la población del Bronx y Queens en el Capitolio.

 

MMT en las pampas

 

La semana pasada, Vallejos organizó un debate en el Congreso (“Experiencias comparadas de finanzas y desarrollo”) en elque disertaron, entre otros, funcionarios del Banco Central de Bolivia (BCB); el español Eduardo Garzón, miembro de la Red de Teoría Monetaria Moderna y el embajador de Suiza anta Argentina, Heinrich Schellenberg.

 

“Un Estado soberano en términos monetarios no necesita pedir dinero prestado porque lo puede crear. Esa restricción financiera es el pilar por el que ataca la academia convencional, hacernos creer que no hay suficientes recursos financieros para cualquier tipo de política pública”, escribió Vallejos en su Twitter y se armó el debate.

 

 

“Qué locura. La moneda representa confianza, no una impresora de papeles. Una locura”, dijo el senador Federico Pinedo. “Federico, independientemente de que se comparta o no el marco que propone la MMT que desarrolló (Eduardo Garzón), un Gobierno que aplicó todas las recetas monetaristas y más que duplicó la inflación llevándola al 55% debe, como mínimo, darse un baño de humildad antes de calificar a otros”, respondió Vallejos quien luego aclaró que “que hay límites reales a partir de los cuales la emisión implicaría inflación de acuerdo con el marco teórico de la MMT”. Poco sirvió.

 

Pulgar abajo

 

Pero Pinedo no fue el único. “Me da un poco de pánico cuando leo esto”, dijo Guido Lorenzo (LCG) en respuesta al tuit de Vallejos que, en rigor, era una cita de Garzón. “Escucho gente hablando de aplicar MMT en Argentina y me corre un sudor frío por la espalda”, agregó otro economista en Twitter. “Me gusta que se venga la MMT en Argentina y creo que en los ‘80 probamos también”, recordó otro. En esa línea, el economista Iván Werning (MIT) recordó que Argentina agregó trece ceros a su moneda en los últimos cincuenta años. El uruguayo Aldo Lema añadió que “Argentina es líder y precursora de la MMT”. A su vez, Juan Francisco Gómez (FCE-UBA) dijo: “MMT lo voy a leer cuando nuestro Banco Central tenga algo que emitir que el sector privado genuinamente demande como reserva de valor, hasta entonces, mejor sigamos con otra literatura…”.

 

Ojo con la impresora

 

Pero el debate siguió el fin de semana. En su reporte, Federico Muñoz señaló: “Vallejos, diputada y referente económica del kirchnerismo, propuso abiertamente esta última semana financiar déficit fiscal con emisión monetaria. La propuesta de Vallejos fue quizás la expresión más burda y extrema de esta tara típicamente argentina, pero dista de ser una opinión aislada”.

 

Más allá de lo que haga Alberto Fernández (no consta que Vallejos sea “referente” del kirchnerismo ni que haya propuesto “abiertamente” el financiamiento monetario), Muñoz cree que el riesgo es enorme si Fernández ensaya algo similar a la MMT. Algo que tampoco consta dada la alta ponderación que tiene de tener cuentas públicas ordenadas, así como tenía Néstor Kirchner, más allá de algunas declaraciones o ideas en sentido contrario. Por ejemplo, medicamentos gratis para los jubilados.

 

“Nuestra sensación es que Argentina ha alcanzado un punto de intolerancia absoluta al déficit fiscal, y no por toma de conciencia de la sociedad o reconocimiento de la clase dirigente de la imposibilidad de seguir vulnerando la restricción presupuestaria, sino más bien porque no hay manera de continuar financiando un desequilibrio. En virtual default, el Fisco se quedó sin crédito voluntario. También se agotó lo que se le puede pedir prestado a organismos multilaterales (aunque en las cercanías de Fernández estén fantaseando con recurrir al financiamiento de China). Y la demanda de dinero ha colapsado vedando toda chance de monetizar el déficit. En este contexto, Fernández no tendrá otra alternativa que reducir el déficit a niveles financiables, lo que en las actuales circunstancias implica buscar el equilibrio fiscal. Aun con una reestructuración de deuda que alivie la carga de intereses, Fernández estará forzado a encarar un fenomenal ajuste para generar un cuantioso superávit primario. El ajuste se dará por las buenas, si Fernández encuentra la manera de seguir recortando el gasto y aumentar la recaudación impositiva. De lo contrario, si insiste en la monetización del déficit fiscal, el ajuste se dará por las malas, mediante una espiralización de las variables nominales y la consecuente licuación del gasto público, con costos económicos y sociales realmente dramáticos”, concluye Muñoz.

 

Una defensa

 

Pero, aunque parecería, no todos rechazaron el debate. Los que le dieron la bienvenida, sin embargo, también expresaron sus repa ros. “El debate es bienvenido porque saca a la luz algo tapado por el convencionalismo y es el hecho de que la cuestión fiscal es un resultado y no una causa del déficit externo. Podés tener déficit o superávit y, aun así, tener problemas externos. Ahora bien, una cosa es plantearlo en EE.UU. dado que el dólar es la moneda mundial y otra en un país periférico. Como decía Abba Lerner en los ‘30, el superávit o el déficit eran instrumentos, y no objetivos, como, en cambio, enseña el marginalismo. Por eso, es bienvenido el debate en Argentina, donde hay un monetarismo atávico inexplicable. Es correcto, como dice la MMT, que no hay necesidad de defaultear una deuda nominada en moneda nacional mientras que es posible que ocurra con la deuda en divisas. Por eso, la restricción externa, causalmente al revés, puede obligarte a tener políticas de austeridad fiscal”, dice Alejandro Fiorito, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Moreno, ante El Economista.

 

Sin embargo, reconoce: “Extender la MMT a Argentina tiene problemas también porque, repito, acá hay restricción externa y tener tipo de cambio flexible no la soluciona como se afirma desde el BCRA y curiosamente también desde la MMT. Tipos de cambio flexibles no son preferibles siempre a los administrados dado que las devaluaciones son contractivas e inflacionarias y su ‘ancla inflacionaria’ no está claro que se logre con puja distributiva”. Agrega Fiorito: “La propuesta de la MMT respecto al tipo de cambio guarda similitudes con la posición ortodoxa y recomienda flexibilidad. Sin embargo, devaluar la moneda no soluciona la restricción externa. Si uno tiene deuda en dólares, devaluar el peso no reduce dicha deuda y, dada las inelasticidades-precio del comercio exterior, tampoco alivia el ingreso neto de divisas. Las devaluaciones son contractivas por el efecto inflacionario. El ancla que plantean en la MMT es el trabajo garantizado para todos los desempleados a un salario determinado. Sin embargo, no es muy claro que logren hacer un ancla inflacionaria con puja distributiva, o resistencia salarial claramente presente, como ocurre en Argentina”.