Libra: ¿Ante más fake news o un nuevo orden monetario?

26 de septiembre, 2019

Libra: ¿Ante más fake news o un nuevo orden monetario?

Por Patricio Cavalli Docente de la Universidad del CEMA

 

Y en medio del caos por la privacidad, regulaciones, debates sobre censura o libertad de expresión, llegó Libra. De todo lo que le faltaba a Facebook para ser una de las empresas más admiradas, imitadas, criticadas, perseguidas, objetadas, capitalizadas, exigidas y exitosas del mundo, era comentarle al mundo su idea de “emitir su propia moneda”.

¿Moneda, cripto u otra cosa?

 

Moneda que no es tal, porque Libra no es “la moneda de Facebook”, aunque así se la presente, sino simplemente un medio de intercambio, que apunta a un mercado gigante, al que pocos le hablan, muchos desprecian y que, si alguien capitaliza, puede transformar en una base de negocios revolucionaria.

 

Como en todo lo que hace Facebook, la iniciativa tiene su propia grieta: los detractores, que la quieren pulverizar y la denuestan por ser una “moneda corporativa”, “un peligro para la humanidad” y “un fiasco esperando para producirse” y los partidarios, que la quieren adoptar aún antes de que haya salido al mercado, que la aplauden como la nueva moneda universal, la salvación para los desposeídos, el elixir de los ‘early adopters digitales’, y la última frontera del espíritu emprendedor del ser humano. Pero Libra no es ni una cosa ni la otra. Nunca lo será, o sus posibilidades de serlo son asintóticas. A pesar de que la corporación de Menlo Park la promueve como “una nueva moneda para el mundo”, hay que tener en cuenta un punto clave del lenguaje. El paper original de presentación de Libra (www.libra.org) habla de “currency”. Si bien la palabra en inglés habitualmente se traduce a “divisa”, también significa “medio de intercambio”.

 

Facebook sabe muy bien esquivar obstáculos, una y otra vez, su poder de lobby, sus abogados, la fuerza de sus 2.600 millones de usuarios, su poder algorítmico y la inteligencia de su Directorio han demostrado poder esquivar obstáculos y escollos que habrían hecho fracasar a cualquier otra empresa.

 

Tampoco Libra es una criptomoneda, porque éstas tienen como característica esencial la descentralización y no trazabilidad. La central de Facebook es fácilmente ubicable y trazable: No. 1, Hacker Way, Menlo Park, California, CP: 94025 y teléfono +1 855 298 2507. El lector o lectora puede viajar allí o llamar por teléfono (recomendamos viajar) y preguntar por Libra Será redirigido a www.libra.org, que deja muy claro quien es el dueño de la “moneda”.

 

Política de alto nivel

 

Lo que Facebook está haciendo con Libra es más político que económico: tirando globos de ensayo y testeando la delgada línea roja hasta dónde puede abrir sus brazos y extender sus manos, o garras, según quien lo mire. Porque en el fondo, Libra es otra cosa, más poderosa, empoderadora y peligrosa aún que una cripto. Libra es, antes que nada, una herramienta de poder.

 

Sí. En su paper, y más aún en su web y su fanpage –que a diferencia del paper serán vistos por millones de personas– Facebook presenta a Libra como “(…) una moneda sencilla y global, y una infraestructura financiera que empodere a miles de millones de personas”. Y describe su misión como: “Reinventar el dinero. Transformar la economía global. Mejorar las vidas de las personas en todo el mundo”.

 

Pero el objetivo parece ser otro.

 

Si Facebook fuera un país… perdón…Facebook es un país, a fin de cuentas porque, como dice Ignacio Zuccarino, somos “seres no geográficos”, con lo que la red social perfectamente tiene todo para ser un país descentralizado y no geográfico. Pero si Facebook fuera un Estado-Nación sería el más grande del mundo y su “población” total equivaldría a todo el Hemisferio Sur más India. Con esa dimensión, ¿cómo no imaginarse teniendo su propia divisa de intercambio en sus pares?

 

Facebook juega en grande: quiere crear el banco que supere a todos los bancos. No con los ricos ni la clase media. Con los pobres del mundo. No apunta a golpear a los bancos, a quitarles clientes a las FinTech, o sacarle transacciones a Wells Fargo. Va por los desposeídos, los caídos del paraíso fiscal y financiero, los no bancarizados y los precarizados.

 

Libra.org dice: “La idea es darle una moneda a todas las personas del mundo que están fuera del sistema bancario”. En sus tres primeros párrafos, el paper habla explícitamente de eso, “de los 1.700 millones de unbanked people que existen en el planeta”.

 

Son los parias, los desposeídos, los caídos del paraíso fiscal y financiero, los no bancarizados, los precarizados. Sí, digámoslo: los indigentes y los pobres. Los que ya no van a una sucursal de banco por miedo y vergüenza a ser maltratados. Los que toman los microcréditos de Mohammed Yunnus. Los que no conocen las deudas porque nunca han tenido crédito. Los que tienen que pagar 6% a 10% de costo transaccional para enviar dinero a sus familias, o comerciar entre ellos mientras hacen ladrillos de barro, chipá o ruanas en telar, y a la vez caminan 20 kilómetros por día para conseguir un balde de agua potable.

 

Móviles, redes y transacciones

 

Y todos, todas, tienen un teléfono móvil con datos y acceso a alguna versión aunque sea rudimentaria de internet. Y la gran mayoría usa Facebook. De hecho, en algunos países o regiones Facebook es la Internet.

 

Ahí apunta Facebook con Libra. No a golpear a los bancos, a quitarles clientes a las FinTech, o sacarles transacciones a Wells Fargo.

 

Facebook juega en grande: quiere crear el banco que supere a todos los bancos. No con los ricos ni la clase media. Con los pobres del mundo. Es lo que el psicólogo y académico Jay Haley llamó “La Estrategia de Poder de Jesús”. En ella, resumimos: “Jesús usó con habilidad las fuerzas disponibles. El pueblo estaba descontento. No solo reinaban la pobreza y la opresión. También la mitología de la época lo favorecía”.

 

Unos 2019 años después, políticos corruptos, líderes inoperantes, empresas codiciosas y promesas vacías dejan el mismo panorama y Facebook planea aprovecharlo.

 

Tiene un sólo obstáculo: desde la Carta Magna, y después la doctrina de Thomas Hobbes, los individuos delegan su poder político, diplomático, militar y económico en el Estado, que asume el monopolio de la fuerza.

 

Es difícil ver a los Estados contemporáneos permitiendo que una corporación californiana emita su propia moneda.

 

Pero, y este es un gran pero…, Facebook sabe muy bien esquivar obstáculos, una y otra vez, su poder de lobby, sus abogados, la fuerza de sus 2.600 millones de usuarios, su poder algorítmico y la inteligencia de su directorio han demostrado poder superar obstáculos y escollos que habrían hecho fracasar a cualquier otra empresa.

 

De todas maneras, la corporación que lidera Mark Zuckerberg no es inocente o altruista. En su board no hay damas rosadas, monjes tibetanos o bomberos voluntarios. Hay hombres y mujeres de negocios, que no están buscando como objetivo capitalizar su empresa, aumentar el share price de sus acciones, y hacer a la corporación más sólida y poderosa aún.

 

El próximo billón de usuarios

 

El objetivo de Facebook no es sacar a 1.700 millones de personas de la pobreza. El objetivo de Facebook son esos 1.700 millones de personas. Su “next billion”, que aumente su base de usuarios a la mitad de la población del planeta.

 

La reacción de los líderes mundiales ya ha comenzado: los jefes de los bancos centrales de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Alemania han puesto el grito en el cielo. China mantiene un interesante silencio. Rusia también. Argentina no tiene peso, pero sería bueno saber qué opina el presidente del BCRA sobre el tema. Ningún líder mundial ha dicho nada a favor de Libra, tampoco. Y Donald Trump ha recurrido a Twitter para recordarle al mundo que ya tiene comisario el planeta. “Los Estados Unidos ya tienen una moneda, se llama US Dollar, y está más fuerte y estable que nunca”, tuiteó.

 

Uno sabe que tiene que apoyar una causa cuando Trump la ataca, o despreciarla cuando Trump la apoya. Pero en este caso, quizás, sólo quizás, deberíamos escucharlo.

 

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.