La sucesión del FMI se define entre “fiscalistas” duros

30 de julio, 2019

El holandés Dijsselbloem y el finlandés Rehn FMI

Ayer, el FMI presentó con más detalles sus perspectivas para los países de América Latina y la situación dista de ser positiva. En rigor, el PIB apenas crecerá 0,6% en 2019. Casi nada.

 

Además de eso, la presentación incluyó la visión del organismo sobre Argentina. El reporte dice: “En Argentina, la economía está recuperándose gradualmente de la recesión del año pasado. Se proyecta que el crecimiento aumente (sic) a -1,3% en 2019 y a 1,1% en 2020 gracias al repunte de la producción agrícola y el restablecimiento gradual del poder adquisitivo de los consumidores, tras la marcada compresión de los salarios reales el año pasado. Se prevé que la inflación continúe descendiendo. Sin embargo, como la inflación ha sido persistente, las tasas de interés reales deberán permanecer en niveles más altos por más tiempo, lo que explica la revisión a la baja del crecimiento en 2020”. Así, excluyendo a Venezuela, cuyo PIB caerá 35% en 2019, Argentina es la economía con peor desempeño de América Latina.

 

Además, en la presentación, Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental, ofreció su visión. “Existe, en Argentina, un profundo convencimiento de que para que el país acelere su crecimiento de manera sostenible hay que profundizar el proceso de cambios estructurales en la economía”, señaló. Sin embargo, reconoció que “hay visiones diferentes sobre donde poner el énfasis en ese cambio estructural”.

 

Pero más allá de lo que diga el FMI, Argentina debe mirar con atención qué hará con la sucesión de Christina Lagarde. Y las noticias no son tan buenas, si la expectativa era tener a alguien flexible o colaborativo con Argentina. Ayer, el Financial Times reportó que el lote de potenciales sucesores se achicó a tres: el holandés Jeroen Dijsselbloem, el finlandés Olli Rehn y, más atrás, figura la búlgara Kristalina Georgiev, quien hoy está en el Banco Mundial.

 

Los primeros dos (favoritos, hoy en día) son fiscalistas duros y quieren que los países que piden ayuda acompañen ese reclamos con grandes esfuerzos internos. El teutón, particularmente, fue muy duro con los países del sur de Europa que pidieron ayuda luego de la crisis de 2008-2009. “No podes gastar la plata en mujeres y alcohol y después venir a pedir ayuda”, dijo Dijsselbloem, en 2017.

 

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La visión sobre Brasil

En Brasil, dice el FMI, se espera que el crecimiento permanezca en un nivel moderado de 0,8% en 2019 y se acelere a 2,4% en 2020. Una buena noticia para Argentina, sin duda. Sin embargo, esa aceleración es contingente a “que se apruebe una reforma robusta del sistema de pensiones, que retorne la confianza, que se recupere la inversión y que la política monetaria siga siendo acomodaticia”. Además de la aprobación de la reforma de las pensiones, dice el FMI, “una reducción continua del déficit presupuestario en los próximos años sigue siendo crucial para garantizar la sostenibilidad de la deuda pública”. Para estimular el crecimiento potencial, además, “Brasil tiene que llevar a cabo reformas estructurales decisivas, como por ejemplo en el ámbito tributario, de las privatizaciones, la liberalización del comercio y tomar medidas para hacer más eficiente la intermediación financiera”.

 

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