La economía del narcotráfico

30 de julio, 2018

La economía del narcotráfico

 

Por Martín Siracusa Economista de Cambiemos y Subsecretario de Gestión Administrativa del Ministerio de Seguridad

 

Hasta finales de los ‘70, los problemas generados por el narcotráfico estaban limitados al impacto que podía tener la marihuana en sus consumidores, siendo este consumo a una escala mucho menor de la que conocemos en la actualidad. Pero en esos años se produjo un acontecimiento que cambiaría para siempre el eje de la lucha contra el narcotráfico: la cocaína salida de Colombia ingresaba por primera vez a Estados Unidos.

 

Con este impulso, el narcotráfico crecería hasta convertirse, al día de hoy, en la actividad más rentable del planeta.

 

Según los reportes de Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas, la droga genera ganancias anuales por un total de –aproximadamente– US$ 650.000 millones.

 

Pongamos esto en proporción.

 

  • El PIB de Argentina en un año ronda los US$ 550.000 millones.
  • La facturación por venta de aparatos de televisión a nivel mundial apenas supera los US$ 100.000 millones, o sea, la sexta parte del comercio de drogas ilegales.
  • Los 20 clubes de fútbol más grandes del mundo suman en total US$ 16.700 millones en facturación, 2,5% del dinero que mueven los narcos.
  • La cadena de supermercados más exitosa de la historia (WalMart), que cuenta con 11.512 centros comerciales en 27 países, debería hacer crecer sus ventas en US$ 168.000 millones para alcanzar la cifra del narcotráfico.

 

La economía del narcotráfico

 

Los nuevos modelos

 

La economía del narcotráfico posee todos los elementos de un mercado: producción, distribución y consumo. En casos como la marihuana, su producción se halla diversificada en más de 129 países. Por el contrario, drogas como la cocaína o la heroína tienen su origen en territorios sumamente monopólicos: la cocaína solamente se origina en la región andina de América Latina mientras que el 80% de la heroína surge del opio cultivado en Afganistán.

 

De aquí surge que su distribución sea mucho más compleja y requiera pasar por distintas rutas hasta llegar al foco del consumo mundial: los países desarrollados, los cuales consumen el 70% de las drogas ilegales del mundo.

 

Otro caso aparte y que vale la pena mencionar es la problemática de las drogas sintéticas.

 

Mientras que en los últimos veinte años la producción de cocaína se duplicó, la de las drogas sintéticas se multiplicó por ocho.

 

Esto se debe a que estas últimas tienen un nuevo modelo de producción que no requiere las enormes cadenas de distribución que sí son necesarias para la elaboración y el transporte de las drogas que provienen de la hoja de coca o del opio. Cualquiera que tenga el conocimiento podría, técnicamente, instalar un laboratorio de drogas sintéticas en la cocina de su casa.

 

Este nuevo modo de producción del narcotráfico es uno de los grandes flagelos del mundo moderno.

 

La sociedad

 

La economía del narcotráfico tiene todas las características para conformar un mercado, si bien éste es absolutamente ilegal y forma parte del llamado mercado negro.

 

La principal diferencia entre el mundo de los negocios legales y el mundo del narcotráfico es que, en este último, todo el dinero es ganancia.

 

No hay costos por fuera de la cadena de ilegalidad, y mucho menos impuestos. Todo el capital del narcotráfico se transforma en mansiones, autos de lujo y, en muchos casos, el dinero llega incluso a ser escondido u enterrado.

 

En definitiva, ni un centavo del dinero movido por el narcotráfico vuelve a la sociedad.

 

Podría decirse, además, que las drogas, como la prostitución, son uno de los negocios más antiguos del mundo y ambos están, desde tiempos remotos, muy cercanamente vinculados.

 

Entremos en algunas especificidades de este negocio ilícito para entender cómo y por qué enfrentarlo.

 

Hay narcos, hay violencia

 

Esta violencia impacta de lleno y principalmente en los barrios carecientes de las grandes urbes, en las que el narcotráfico pasa a ser un factor más de la vida cotidiana. Esto se ve en los niños y adolescentes que se transforman en soldados de los carteles, y la mayoría de las veces, en consumidores precoces.

 

En los barrios de bajos recursos donde se implementaron políticas públicas contra el narcotráfico, como el barrio 31 en la Ciudad de Buenos Aires y Alto Verde en la provincia de Santa Fe, los homicidios bajaron en más de 50%. A nivel país, no sólo los homicidios bajaron 23% en dos años sino que las incautaciones de drogas se incrementaron fuertemente. En el caso de las drogas sintéticas, las incautaciones se multiplicaron por 10. Pero además, aumentó 42% la cantidad de detenidos en estos casos.

 

Menos drogas, menos muertes

 

¿Qué pasaría si todo el dinero que los consumidores gastan en drogas ilegales fuera destinado al circuito formal de la economía? ¿Si este monto –que equipara el 1% del PIB mundial– se usara para alentar el consumo de alimentos, la infraestructura o la investigación médica? Y más profundamente, ¿qué pasaría si cada uno de los recursos puestos en el circuito de producción del narcotráfico fueran destinados al desarrollo de la economía formal? Si bien estas preguntas son un disparador para la reflexión, es posible adelantar una respuesta: la economía podría crecer un punto extra cada año, disminuyendo la pobreza y mejorando la calidad de vida de la humanidad.