Otra vuelta por Ganancias

19 de diciembre, 2016

 

Joaquín Morales Sola, “Los errores y el oportunismo se pagan”, La Nación.

“Sólo algunos peronistas (Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Omar Perotti, entre otros pocos más) salvaron al país de una crisis política mayor, si es que lo salvaron. Sin embargo, nadie, ni oficialistas ni opositores, podrá salvar en adelante a la Argentina de una mirada más estricta, menos simplista tal vez, de parte de mercados financieros e inversores extranjeros. El espectáculo local ha sido demasiado grosero como para que pasara inadvertido ante quienes creían en el exterior en un cambio significativo de la política local.

“Las tres preguntas que más se escuchan en fuentes financieras y económicas internacionales son: ¿cómo seguirá la relación de Mauricio Macri con el peronismo? ¿Cómo será el peronismo después del kirchnerismo? ¿Cuál será el resultado de las elecciones legislativas del próximo año? (…)

“¿Para qué se lo envió al Congreso en sesiones extraordinarias (los temas que se tratan en ellas son elegidos exclusivamente por el Poder Ejecutivo), sin los votos necesarios para poder aprobarlo y con la decisión de no negociar con la oposición? Cuando el Gobierno se acercaba al suicidio, Sergio Massa, apresurado como siempre, prefirió cometer un homicidio (…)

“El temor de los mercados internacionales es que la definición del peronismo quede a cargo de Massa o Kicillof. La crisis inminente la salvó en gran parte Pichetto, que en el Senado debe arbitrar entre el interés de los sindicatos, el de los gobernadores y el del gobierno nacional. Urtubey y Schiaretti encabezaron la reacción de los gobernadores moderados, que no quieren ser llevados a una crisis inservible por Massa y Kicillof. Un país más federal hizo sus primeros borradores”.

 

Eduardo van der Kooy, “Cuando Kicillof salvó a Macri”, Clarín.

“Mauricio Macri no ha perdido todavía la magia de la varita. Pero, al cabo de su primer año en el poder, empieza a depender más de ese fenómeno ocultista que del sistema que diseñó para convertir a su Gobierno en una herramienta de gestión eficaz. Cuando sus debilidades quedan expuestas, parecen de inmediato compensadas por la irrupción de los adefesios del pasado y las fisuras que se abren en el arco de la oposición.

“El macrismo trasuntó una pobre estrategia para el debate sobre el impuesto a las Ganancias. Se puso a tiro de una severa derrota cuando los opositores unidos le dieron media sanción en Diputados a la modificación de las escalas. En ese momento emergió el hecho providencial. Casi salvador. El gran protagonista fue Axel Kicillof (…)

“Ese giro resultó clave por varias razones. Ahuyentó el fantasma más temido: que aquella homogeneidad en Diputados hubiera reflejado el principio de la unidad peronista en el tránsito hacia las elecciones del año que viene. Profundizó además las divisiones en el principal partido opositor. Habría más quiebres en el FpV en Diputados. Se agiganta el fuego en el Senado. Representaría un límite, por otra parte, para el temido adversario del macrismo en Buenos Aires: a Massa le viene costando la seducción con los mandatarios provinciales; a lo mejor le cuesta más luego de este paso en falso. Varios pejotistas apuntaron lo mismo: el líder del FR habría priorizado su hipotético mazazo político contra Macri al cuidado de las raídas finanzas provinciales”.

 

Mario Wainfeld, “Sobre críticos y semáforos”, Página 12.

“Las idas y venidas por la reforma al impuesto a las Ganancias pueden y suelen tener componentes berretas o rústicos, opositores a lo Zelig, oficialismo mendaz. Como fuera, es política al fin. Política, usted juzgará, de primera, segunda o tercera categoría. Los protagonistas o los ciudadanos deberán expedirse, mejorarla o enfrentarla si les cabe, reprobarla o ensalzarla.

El encarcelamiento de Milagro Sala es algo distinto, de máxima gravedad. Vulnera las reglas democráticas básicas, los principios del contrato social. Se construye un consenso extraño, apenas se raspa la superficie de la narrativa macrista: todos los sectores opinan que la detención es por razones políticas (…)

“La narrativa macrista es ideología concentrada y diáfana, apenas se la despoja de su follaje edulcorado, onda Festilindo. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, suministró un ejemplo cuando alertó contra “el pensamiento crítico”, aduciendo que es erróneo confundirlo con la inteligencia. “Inteligente”, aleccionó, es el pensamiento “optimista, entusiasta”, lo que en su dialecto quiere decir alineado con el oficialismo. En un giro habitual derivó delicadamente a emparentar “crítica” con “mentira” y a ésta con el kirchnerismo (…)

“Comienza a difundirse, en distintos análisis, una respuesta plausible al interrogante sobre cuán de derecha es el Gobierno. Todo lo que le permitan las correlaciones de fuerzas y también las instituciones laborales y sociales, herencia del kirchnerismo. Las convenciones colectivas, la paritaria nacional docente entre ellas. La embestida M también las pone en foco. Serán menú diario en el verano que llegará con aumentos de precios, tarifazos y, según anuncio presidencial, cortes de luz”.

 

Mauricio Maronna, “Errores, internas y paciencia”, La Capital.

“No es nada bueno el resultado del balance real para el Gobierno Nacional. La mala praxis demostrada en el tema Ganancias impacta de lleno en su clientela política pero, ni aun sí, se dio cuenta de su torpeza. Paradójicamente, el único brote verde es la tolerancia, la paciencia, con que buena parte de la sociedad aguarda que suene el reloj que despierte al Ejecutivo.

“El Presidente de la Nación desairó en un segundo la opinión de una parte de su gabinete, funcionarios de segunda línea y legisladores que cuentan en el off que al gobierno no sólo le falta política sino que vive una peligrosa ausencia de coordinación hacia adentro y hacia afuera (…)

“El gravoso error no forzado logró hacer levantar al gigante dormido: el peronismo. Al margen de la foto de la unidad peronista en la Cámara de Diputados, que puede traspolarse a un tren fantasma, la reacción dialéctica oficialista no estuvo a la altura de las circunstancias. Sergio Massa pasó de “ventajita” a “impostor”, aunque al inicio de 2016 era sinónimo de buen peronismo.

“Pasado un poco el estupor, el gobierno intenta rebobinar la relación con el líder del Frente Renovador, porque sin su concurso será difícil aprobar leyes en el Parlamento y mantener la gobernabilidad en provincia de Buenos Aires. Massa pondrá la otra mejilla porque sabe que parte de sus votos pasados y en ciernes se comparten con Cambiemos. En política se vuelve de todo”.

 

Carlos Sachetto, “El Gobierno define más que una ley”, La Voz del Interior

“Macri se vio en la necesidad de reafirmar las líneas jerárquicas dentro de la administración, y lo hizo con vehemencia. En la reunión del gabinete ampliado, no sólo exigió “decisiones y resultados” a sus funcionarios, sino que brindó un rotundo respaldo político a sus colaboradores más inmediatos: el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y sus dos vicejefes coordinadores, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. “Ellos son mis ojos y mi inteligencia, y cuando ellos piden algo, lo estoy pidiendo yo. Ellos son yo”, dijo el Presidente.

“¿Había quejas por insubordinaciones? Cerca de Peña, afirman que no las hubo, pero más de un ministro hace oír, en conversaciones reservadas, sus cuestionamientos a la manera en que ejerce su función el jefe de Gabinete. “Le reprochan que no haya una evaluación política más profunda de las consecuencias que pueden tener las decisiones presidenciales, como en el caso del envío al Parlamento del proyecto de Ganancias y la recomendación de no negociar su contenido. “El Gobierno espera llegar al brindis de la Nochebuena con un clima político menos exaltado y una recomposición de relaciones con las fuerzas opositoras que hasta ahora le facilitaron la gestión. Pero a la vez no quiere estar cediendo ante cada reclamo, a los que muchas veces considera extorsivos. Es el difícil equilibrio que debe hacer el poder para no verse debilitado. Y la semana que se inicia será reveladora en ese aspecto”.