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¿Qué propone el sindicalismo?

El movimiento obrero es hoy el sistema de mayor capilaridad social del país y cualquier gobernante razonable debería poner una oreja ?que todos tenemos? y el corazón ?que algunos lo tienen demasiado duro? para auscultar la realidad a través de ellos.

Carlos Leyba 06 mayo de 2016

Por Carlos Leyba

La multitudinaria manifestación del 29 de abril fue, según el documento oficial, “un llamado de atención a las fuerzas políticas para que asuman (los) problemas”; una demanda al “Gobierno que debe realizar anuncios concretos” y, fundamentalmente, un llamado a la “unidad sindical dada la gravedad de la situación”.

Aclaremos que la convocatoria no hubiera sido posible si la herencia, económica y social, de Cristina Fernández no hubiera sido desastroza. Nada se desmorona en cuatro meses. CFK liquidó a los superávit gemelos (heredados de Jorge Remes), dilapidó los stocks y no mejoró la vida social. Dejó 12 millones de pobres. Si hubierámos estado en el paraíso kirchnerista, no hubiera habido convocatoria. A pesar de esta evidencia algunos impresentables del FpV se colaron al acto para generar confusión. No hay argumento para reivindicar el período de abundancia histórica de dólares de los que se fugaron US$ 100.000 millones.

Sin la herencia K esta manifestación no hubiera sido posible. Pero ?aclaremos? sin la ineficiencia de la política de Mauricio Macri no hubiera sido necesaria. Cristina la hizo posible y Mauricio la hizo necesaria. Es conveniente que lo entiendan los viejos y los nuevos oficialistas.

La convocatoria reclamó atención a las “fuerzas políticas y gobierno” por la gravedad de la situación heredada y por lo mal administrada. Y aportó un pilar para la construcción de consensos.

Sobre algunas presencias

Respecto de la presencia de impresentables ex funcionarios aclaremos que no es exclusiva de esta manifestación. Y no cambia el eje. La convocatoria se derivó de la gravedad del estancamiento de cuatro años de la actividad y del empleo; del deterioro de más de una década en la infraestructura económica y social; de la regresión en materia educativa y la persistencia de los porcentajes enormes de la sociedad condenada al trabajo en negro y a la pobreza. Los ex funcionarios son partícipes necesarios de ese legado.

Si en diciembre de 2015 todos esos males no hubieran estado presentes no habría habido necesidad y urgencia de cambio. El movimiento obrero ha apuntado reiteradamente a esos problemas y por eso observa críticamente la ineficiencia de la nueva administración. Por eso el sindicalismo pide “anuncios concretos”.

Digresión. Los funcionarios kirchneristas (¿arrepentidos?) pueblan, invitados, sets televisivos. A esta manifestación no fueron invitados. En la TV no se les recuerda, a esos ex funcionarios, que fueron ?por ejemplo? partícipes necesarios del gambito de fulleros que representó la presencia de los Eskenazi en Repsol YPF; o de los decretos que hicieron posible la eternidad del Casino del Hipódromo de Palermo con el acuerdo de Macri; y que siendo, además, actuales funcionarios, fueron autores de la Resolución 125, que disparó la grieta que hoy sufrimos, y firmantes del proyecto “tren bala” que, gracias a un accidente financiero internacional, no se llevó a cabo. Proyecto este que simboliza el mayor intento de despilfarro. ¿Dónde llegaba el tren bala?

La hipocresía es un pecado y algunos comunicadores deberían hacer examen de conciencia antes de preguntar y escribir. Volvamos.

El presente ¿Cuál es la situación grave que genera la convocatoria del movimiento obrero? Primero, la “aceleración de la inflación”. Nadie duda que su peso cae sobre los asalariados que pagan la inflación sin “traslados compensadores”. Pagaron, durante una década de kirchnerismo, tasas reales de inflación negadas por el Indec. Y también pagaron los impactos en los precios de una devaluación como la de Axel Kicillof. Aquel impacto difiere poco del que produjo ahora la liberación del cepo. La devaluación, sin compensaciones, erosiona los salarios. Los cálculos del Gobierno fallaron: creían que la devaluación no impactaría en los precios y no anticiparon compensaciones. Error.

El sindicalismo señaló que la política antiinflacionaria del Gobierno no ha dado resultados y ha acelerado la inflación. Peor. Su deriva es negativa en el nivel de actividad y seguramente en el empleo. Esta crítica no exculpa al kirchnerismo que, además, negaba la inflación, la recesión y el estancamiento en el empleo: la herencia.

Los sindicalistas, que palpitan en los rincones de la sociedad, están obligados a llamar la atención cuando hay evidencia de error y ausencia de sensibilidad frente al mismo.

Años atrás las estaciones ferroviarias proveeían de información sobre la marcha del sector agropecuario. El sistema ferroviario era uno de alta capilaridad nacional. Siempre la Iglesia Católica, por medio de las parroquias extendidas en todo el territorio, llamó la atención al poder sobre las cuestiones sociales que el que gobierna no ve, tal vez, a causa del entusiasmo necesario para enfrentar cada día. También la capilaridad de ese organismo sensible provee un sistema de alerta que las estadísticas, más allá de lo lamentable de las nuestras, sólo avisan cuando es tarde. Es bastante obvio. Gobernar no es ayer sino mañana.

El movimiento obrero es hoy el sistema de mayor capilaridad social del país y cualquier gobernante razonable debería poner una oreja ?que todos tenemos? y el corazón ?que algunos lo tienen demasiado duro? para auscultar la realidad a través de ellos. El poder aleja de la realidad. No puedo evitar, al respecto, recordar el entusiasmo de un ministro de Economía sobre su gestión la misma mañana en que, el diario de la tarde, tenía impresa no la renuncia sino la disolución del Ministerio. El síndrome del quinto piso. Una versión del diario de Yrigoyen. ¿Ahora el diario de J. Durán Barba?

Dice el documento que se vive en “un generalizado ambiente de dudas e incertidumbres, la disputa contra la inflación se ve insuficiente”. Impecable. ¿Cómo limitarse a la queja sin la movilización que ayuda a visualizar la realidad?

¿Cómo si este mes se alcanza el 8% de inflación? ¿Cómo si el ministro de Hacienda anuncia el fin de los aumentos y el inexplicable ministro de Energía anuncia un incremento, por ahora, del 10% en el precio de las naftas cuando el petróleo va para abajo en el mundo? ¿Cómo si ?siguiendo nada menos que a ¡Kicillof!? el Gobierno subsidia a los petroleros sin un argumento convincente y sin discutir los costos? Y además mientras el consumo se desploma.

¿Cuál es la política contra la inflación? El clima de dudas, de incertidumbre, es la consecuencia de la confusión que emerge del Gobierno.

El documento señala que en “el Gobierno están convencidos que con medidas de estricto orden financiero vamos a retornar al crecimiento y la productividad y mejorar el empleo”. Pero, con estas políticas, todos los pronósticos señalan para 2016 una caída en el nivel de actividad y el presente lo confirma.

La segunda preocupación convocante es la ausencia de crecimiento. ¿Cómo podría aumentar la productividad sin inversiones? ¿Quién puede invertir con una política enfocada a doblegar la inflación sobre la base de una tasa de interés del 37,5% anual que extingue el crédito? Sin crédito no hay capitalismo.

¿Es consciente el Gobierno de que hemos retornado a la economía del “pedal”? Las tasas de retorno de la especulación son extraordinarias. No es una economía de la producción lo que está en marcha. Y no por accidente sino por “convicción”.

Algunos comulgan con que bajar los precios no es tan difícil si se aplica un cóctel de atraso cambiario, altas tasas de interés y generosa apertura comercial en el marco de una economía industrial mundial ansiosa de compradores a precio de liquidación. Lo sabemos porque lo vivimos.

¿No prever la destrucción de los restos de la industria, desempleo grave, caída del salario real, y todo lo que ocurrió con José Martinez de Hoz y Domingo Cavallo es acaso inteligente? El hombre tropieza con la misma piedra y hay economistas que hacen parapente con agujeros.

Una cosa es competir provisto de tecnología y equipamiento y otra es creer que 40 millones pueden vivir y progresar a base de soja, minería primaria y sueños de Vaca Muerta.

El movimiento obrero ?ante la pasividad mental de la clase política? plantea el dilema, ¿lo que se anuncia es que “nos insertamos al mundo” o más bien que el mundo se nos insertará? Nos recuerda el pasado doloroso de “soluciones (?) libradas al mercado o a promesas de derrame de la riqueza”. Y le reclama al Gobierno que “informe sobre el plan antiinflacionario que dice estar en marcha y cuáles son los instrumentos para la reactivación del país”. No hay lo uno sin lo otro. Ante la ausencia de políticas con resultados no cabe “la excusa de la herencia recibida”.

Toda la dirigencia sindical se plegó a las demandas que hizo la CGT Azopardo durante el kirchnerismo: universalización de las asignaciones familiares, 82% móvil y modificación estructural del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios. Un programa de reivindicación para aguantar.

La tercera cuestión convocante es la “emergencia ocupacional”, que está a flor de la piel, que la capilaridad sindical identifica como tendencia y que el Gobierno no debería subestimar. Cada año se suman 200.000 personas a la fuerza laboral. Gobernar es generar trabajo.

La movilización y el documento son una invitación, a la política y al Gobierno, a discutir de “cosas”, de medidas, y no de quimeras por rebote de confianza.

La estanflación, inflación y desempleo, es una enfermedad grave. Y hay remedios que matan. El reclamo, como ante toda enfermedad grave, es que se haga una “interconsulta”. Exige una visión multidimensional.

La cuarta preocupación de la CGT es la invitación a concertar, a un acuerdo social, económico y político, para salir de una década de errores y de estos cuatro meses de pocos aciertos, evidentes y espantosos errores (dólar futuro e imprevisión social, entre otros), y contradicciones neutralizantes.

Si el Gobierno, y la política, pusieran oído atento y corazón abierto, agradecerían el llamado y la invitación.

Las cosas no están bien y hay que acordar para mejorarlas: eso dijo la manifestación. Más previsión y menos reacción.

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