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Mirtha y una lección de comunicación a Marcos Peña

El esquema comunicacional que ayudó al PRO a ganar las elecciones presidenciales está encontrado límites y perdiendo eficacia.

Oscar Muiño Oscar Muiño 02-08-2016
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por Oscar Muiño (*)

La mesa merece respeto. El sarcasmo tucumano de Tito Muiño, mi padre, servía para dejar en offside a quien intentara embaucarlo. La mesa merece respeto tenía un triple propósito: desalentar a los vendedores de humo, castigar al emisor fraudulento y convocar la solidaridad del resto de los comensales.

Exactamente eso ocurrió el domingo al mediodía. Mirtha Legrand marcó en un par de ocasiones su fastidio ante la debilidad argumentativa de Marcos Peña, el jefe del Gabinete de ministros. En esencia, la conductora del programa le dio una lección sobre el tema que Peña mejor cree dominar: la comunicación.

Centralmente, el programa demostró que el esquema comunicacional que ayudó a llevar al PRO a la presidencia llegó a su límite. Lo que sirvió antes ya no es útil. ¿A qué me refiero? A ese estilo descontracturado, intimista, por el cual personas con lecturas y modales se toman su tiempo para explicar lo bondadoso e inevitable de sus decisiones. Con paciencia y la idea de trasmitir que el mensaje es a medida para cada interlocutor, simulando interés en oír y destilando cansinamente el mismo mensaje. Comparado con el régimen anterior, un spa. Pero, ¿realmente hay ida y vuelta? ¿Hay intención de debatir? ¿O sólo de convencer con voz aflautada pero voluntad de hierro para quebrar toda objeción?

Durante al almuerzo de antes de ayer, el debate central giró en torno a los esperpénticos aumentos de las tarifas de servicios esenciales. La defensa de Peña funcionó hasta que recibió la primera objeción. A partir de ahí, persistió en el error: defender lo indefendible mina la credibilidad del emisor. A menos que el emisor crea que es capaz de convencer a los perjudicados que están recibiendo un favor?

Como titular de cátedra, la dueña de casa contó con dos adjuntos de calidad: Oscar Martínez y Jorge Fernández Díaz. El actor y el periodista , igual que Mirtha, enfrentaron al kirchnerismo con valentía en tiempos difíciles. Mirtha, harta de la pobre defensa del aumento de tarifas hecha por Peña, le recordó: “Yo hice mucho para que este Gobierno ganara”.

Fernández Díaz habló como el muy buen profesional que es: no aceptó la débil explicación que el PRO viene dando sobre el brutal reajuste. Martínez calificó de “canallada” el aumento del agua y se irritó cuando Peña intentó convencerlo de lo buena que era la nueva tarifa. Martínez le demostró lo absurdo que es cobrar por “consumo presunto”, que a falta de medidores se desentiende de perjudicar al que ahorra y premiar al que gasta.

Lo que pasó en la mesa de Mirtha se está reproduciendo en muchos ámbitos. Desde reuniones familiares hasta comidas de amigos, debates personales o por las redes. Distintos socios del Club Político Argentino han debatido precisamente esta semana sobre si el Gobierno escucha o no, si está dispuesto a la autocrítica o si permanece “parado en la loma”. Esto, en ámbitos que votaron masivamente por Cambiemos. En otras palabras: a menos de ocho meses de gobierno hay muchos votantes propios molestos, enojados, disconformes.

Está en juego la visión sobre el pluralismo. Siempre pensé, como los anarquistas, que el derecho a opinar se basta a sí mismo, la decisión de implementar lo que nos venga en gana, en el momento que se nos ocurra. El pensamiento norteamericano es menos amable, más práctico. El pluralismo ?dicen sus defensores anglosajones? es bueno porque, al escuchar todas las opiniones, el tomador de decisión tiene menos riesgo de equivocarse. Por tanto, todos los individuos tienen menos posibilidades de sufrir las consecuencias de una decisión errónea.

Marcos Peña mostró una visión de pluralismo arrogante. Tenés derecho a opinar lo que quieras pero yo no cambio un milímetro. Es decir, el derecho a hablar del Otro no implica obligación de escucharlo.

Acaso la mejor defensa de Peña haya llegado horas después, por la pantalla de C5N (cada vez justifica más aquello de Cristina - 5 ? Néstor) cuando la expresidenta de la República volvió a su peculiar modo vertical de hacer política, ningunear al entrevistador, retarlo por sus preguntas, trasgredir los hechos. El resultado fue inverso al anhelado: recordarnos que todos los errores y fallas del actual Gobierno son nada comparado con lo que se hizo hasta 2015. Sería bueno que Peña y el Gobierno trataren de ver cuál fue, finalmente, el talón de Aquiles del régimen K: un relato inconsistente sólo puede perpetuarse si nadie está dispuesto a refutarlo. Y no hay sociedad deseable sin sujetos autónomos.

(*) Periodista y escritor

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