La triple crisis de la ciencia

El Conicet y el MinCyT están sufriendo una crisis de sentido, institucional y presupuestaría

23-04-2018
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Por Juan Manuel Antonietta

El rol de la ciencia está siendo fuertemente cuestionado por muchos expertos en la materia y la opinión pública. El Gobierno está sacando el pie del acelerador en materia de Ciencia y Técnica (CyT) en un contexto en el que la ciencia está atravesando una triple crisis: de sentido, de presupuestaría e institucional. Institutos de mucho prestigio han visto reducido en 20% nominal sus partidas presupuestarias en 2018 y los ingresos a la carrera de investigación del Conicet han bajado a más de la mitad: desde los más de 900 ingresos de 2015 a 450 abiertos en 2018. En este contexto, el fantasma de la fuga de cerebros podría volver a recorrer Argentina, dada la gran cantidad de becarios doctorales que se encontrarán con un cuello de botella en los próximos ingresos.

Problemas de sentido

Para el sociólogo Daniel Schteingart, la ciencia es la madre de todas las batallas del desarrollo económico. “Los países que se desarrollaron son los que tuvieron la capacidad de absorción y de creación de conocimiento”, señala y ejemplifica con los casos de Corea e Israel que gastan arriba de 4% de su PIB en I+D. El investigador que fue invitado a participar en la preparación del Plan Argentina Innovadora 2030 explicó a El Economista que “el Gobierno sabe de la importancia de la ciencia, pero no se entiende por qué complican el asunto en el Conicet teniendo en cuenta que es un impacto fiscal en el margen y hay muchísimos factores de mayor peso”. Por ejemplo, opinó que “lo que los jueces no pagan de Ganancias es muchísimo más que lo que ahorra de Conicet”.

Para Fernando Peirano (UNQui), por las características que alcanzó Argentina hasta ahora y para mejorar su productividad (que está estancada hace décadas), la mejor salida es combinar recursos naturales y capacidad productiva con conocimiento. “Sin esta combinación va a ser muy difícil salir adelante”, dijo. Con respecto a la visión del Gobierno, explicó que “en el discurso y en las acciones, la apuesta es a tecnologías importadas y actores extranjeros, apuntando al emprendedurismo y no al conocimiento científico y tecnológico”, marcando un cambio en el patrón de desarrollo.

Ante el mito de que las investigaciones del Conicet son mayormente en ciencias sociales, Schteingart explicó que solo uno de cada cuatro son de estas disciplinas y eso está en línea con el 30% que posee México en esa área o el 25% de Noruega.

Problemas presupuestarios

En diálogo con El Economista, Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Exactas de la UBA, explicó que si bien el presupuesto del Conicet se ha mantenido en términos reales, sus gastos de funcionamiento se han visto comprometidos dado el incremento de más de 1.700 investigadores que se aprobaron en 2014 y 2015, que recién comenzaron a cobrar sus salarios plenamente en 2016 y 2017, respectivamente. “El presupuesto del Conicet debería haber subido sólo por los ingresos entre 5% y 7% real en pesos para sostener su normal funcionamiento”, indicó Aliaga. Las reducciones de 20% nominales para pagar gastos de funcionamiento vienen de este redireccionamiento de fondos que antes iban a institutos a pagar sueldos.

Peirano explicó que “los salarios se están actualizando menos que la inflación y está comprometido el funcionamiento de los institutos de investigación ya que las partidas para gastos se recortaron”

Peirano explicó que “los salarios se están actualizando menos que la inflación y está comprometido el funcionamiento de los institutos de investigación ya que las partidas para gastos se recortaron” y detalló que “el gasto en recursos humanos supera el 95% del presupuesto y no es algo normal”. El argumento del MinCyT es que están logrando incorporar 450 investigadores por año (un número bastante alto para el organismo) y sosteniendo el presupuesto en el medio del plan del Gobierno de reducir el déficit fiscal. Para Aliaga, no obstante, dado que no hay otros organismos que puedan absorber investigadores, la reducción es brutal con respecto a los más de 900 que ingresaban en 2015 y la gran cantidad de becarios en formación que hay actualmente.

Problemas institucionales

En la actualidad, el plan Argentina Innovadora 2020 que se impuso durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner fue discontinuado por Mauricio Macri debido a que para el actual Gobierno el plan era demasiado ambicioso y no respondía a las necesidades económicas del país. Así, se comenzó a confeccionarse un nuevo plan (Argentina Innovadora 2030) que ahora está en discusión.

Peirano explicó que “la ley marca que debe estar vigente un plan de CyT”, algo que hoy en día no está ocurriendo y agregó: “Los órganos de decisión de los principales ámbitos no están funcionando con normalidad, como es el caso de Roberto Salvarezza, no nombrado en el consejo directivo del Conicet”. Para Aliaga, en la práctica no existe plan y es extraño que se haya derogado el Argentina Innovadora 2020 dado que lo realizó la misma gestión que actualmente conduce el MinCyT en 2014, hace sólo tres años.

El futuro

En este contexto de recorte se abren los interrogantes sobre una posible vuelta de la fuga de cerebros. Peirano concluyó: “Cuando hay crisis de recursos, crisis institucional y crisis de sentido, es muy difícil que una persona decida invertir sus años de vida y su vocación en un contexto tan desfavorable. El que decide hacer ciencia invierte su vida en hacerla y espera que sea acompañada con recursos e instituciones. La certidumbre es lo que más se dañó desde el 2015 a la fecha. Se perdió la certidumbre de que Argentina apuesta por la ciencia”. Para los especialistas, el Gobierno debería tomar nota en la confección del Argentina Innovadora 2030 de que debe buscar la mayor participación posible para poder captar todas las voces y opiniones. Al ser planes de largo plazo, es peligroso no lograr consensos porque se corre el riesgo de que los planes sean efímeros y, al próximo cambio de Gobierno, se discontinué una política que requiere de gran estabilidad para obtener logros. “Se está soltando el pie del acelerador de la investigación. No es una prioridad máxima dentro de la agenda del Gobierno y debería serlo”, concluyó Schteingart.

“Se está soltando el pie del acelerador de la investigación. No es una prioridad máxima dentro de la agenda del Gobierno y debería serlo”, concluyó Schteingart

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