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Entrevista

Federico Merke: “Hoy Argentina no tiene un diagnóstico completo de lo que está pasando en el mundo”

El Economista analizó la situación global y la política exterior con Federico Merke, Director de la Maestría en Política y Economía Internacionales de UdeSA

Estamos en un contexto global VUCA, caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad
Estamos en un contexto global VUCA, caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad
21-06-2022
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Por Damián Cichero

Durante muchos años, los países del sistema internacional convivieron con un orden liberal liderado por Estados Unidos.

Pero dicho orden recibió duros golpes con la crisis financiera de 2008 y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca mientras China, y el resto de Asia, se consolidaban como los motores de la economía global.

Cuando Joe Biden se convirtió en el sucesor de Trump, el globalismo recibió una nueva bocanada de aire. Sin embargo, cuando la recuperación parecía encaminada, la aparición de la pandemia del coronavirus, primero y la guerra en Ucrania, después, lo han puesto nuevamente en peligro y presagian un orden global más complejo que antes.

A esto se suman desafíos que ahora parecen menores, pero que no dejan de ser trascendentales, como el conflicto comercial entre EE.UU. y China, futuras pandemias o la lucha contra el cambio climático. 

Así, Argentina, un país en desarrollo, no solo debe convivir con sus propios problemas, sino también con los que el mundo le presenta. 

En diálogo con El Economista, Federico Merke, Doctor en Ciencias Sociales y Director de la Maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés, analizó los principales desafíos que enfrenta el mundo y qué opciones tiene la Argentina ante esta compleja situación. 

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Según Merke, hay tres transiciones que darán forma al orden global de los próximos años: la transición de poder; del capitalismo globalizado y del clima

-¿Cuáles son las 3 transiciones que actualmente se están produciendo en el sistema internacional?

La idea de transición remite al razonamiento de que estamos dejando un estadio y yendo hacia otro y que ese cambio tiene lugar en una sola dimensión. En un reciente trabajo sostengo que una forma más completa, aunque más compleja, de pensar el momento actual consiste en identificar tres transiciones, no una, que ocurren en simultáneo, aunque con distintas velocidades e impactos entre regiones.

  1. La primera es la más clásica y la más estudiada dentro de la política internacional. Me refiero a la transición de poder marcada por el declive relativo de Occidente y el ascenso de Asia, en particular de China. Es una transición que ya tiene varios años y probablemente duro muchos años más. No es determinista. Asia puede no terminar de encarnar esta transición, pero el escenario actual nos empuja a pensar que las dinámicas económicas, políticas y estratégicas allí serán cada vez más gravitantes y que son y serán un desafío a lo que llamamos un orden liberal internacional.
  2. La segunda transición tiene que ver con la naturaleza y la dinámica del capitalismo. Esta transición está marcada por el cambio tecnológico, y toda esa gran transformación que llamamos cuarta revolución industrial, pero también está marcada por un cuestionamiento al capitalismo globalizado que se ha dado en los países centrales. La globalización está cambiando de piel, menos centrada en el comercio físico y más en el intercambio de datos y todos los impactos que esto trae en cómo producimos, comerciamos y nos comunicamos.
  3. Y la tercera transición que observo es la energética producto del cambio climático, principalmente de la erosión del capital natural y del calentamiento global. Personalmente creo que esta es la más desafiante y la que debería ordenar las otras dos, aunque tengo dudas que esto sea lo que vaya a suceder.

El imperativo argentino es el crecimiento sostenible y con inclusión. Y nuestra diplomacia debería buscar los mejores socios para alcanzar estas metas.

-¿Qué opciones tiene Argentina ante estas 3 transiciones? 

Creo que Argentina no tiene un diagnóstico completo de lo que está pasando en el mundo. Y la primera pregunta estratégica no es qué hacer sino qué pasa. Creo que el primer desafío es identificar mejor de qué manera están interactuando estas transiciones y qué oportunidades, riesgos y desafíos nos traen como país. Acá tengo una mirada en parte optimista y en parte pesimista, según qué mire del país. Si miro su capital natural, su capital humano, su lugar en una región con bajo riesgo geopolítico y con niveles aceptables de democracia, el vacío está medio lleno. Si miro las condiciones macroeconómicas, el riesgo político siempre existente y la calidad de nuestras instituciones, el vaso está medio vacío. No me convence que la opción esté entre crecimiento y sostenibilidad. Argentina tiene varios caminos para probar crecer con un camino bastante sostenible. Hoy una política climática debería ser al mismo tiempo una política económica, no algo que la entorpezca. En este sentido, me parece que Argentina tiene varias cosas para producir y posicionarse como una potencia renovable intermedia, como el litio y el hidrógeno, además de la inversión que tanto necesita en parques eólicos y paneles solares. Pero también, si hace las cosas bien, podría explotar mucho más el petróleo y el gas en un mundo que está demandando precisamente estos combustibles. Y a esto habría que agregar otros sectores muy competitivos como el agro, el turismo, los servicios basados en el conocimiento e incluso manufacturas que puede ser insumos en la transición energética. La clave es poder correrse lo más posible del juego geopolítico y buscar diversificar lo más posible nuestra red de socios. El imperativo argentino es el crecimiento sostenible y con inclusión. Y nuestra diplomacia debería buscar los mejores socios para alcanzar estas metas.

El Mercosur es lo que es desde hace muchos años es porque llegó a un equilibrio entre actores públicos y privados de los cuatros países que casi nadie quiere cambiar y casi nadie quiere mejorar.

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"Argentina tiene una política exterior que combina continuidades y cambios", dice Merke / Imagen: Peter Reynolds

-¿Cómo caracterizaría la política exterior argentina? Pareciera que se aplican giros de 180° al producirse los cambios de gobierno. 

Argentina tiene una política exterior que combina continuidades y cambios. Cada gobierno, si viene de una nueva coalición, suele diseñar una inserción que busca tomar distancia del diseño anterior. Y así estamos atrapados en un péndulo. En la práctica, el péndulo no es tan pronunciado, me parece, porque distintos compromisos internacionales, memorias institucionales y disposiciones diplomáticas moderan su intensidad; pero esto no quita que haya inconsistencias, no sólo entre gobiernos sino dentro de un mismo gobierno, como el actual. Un desafío fundamental acá es poder dar señales honestas a nuestros socios, expresar nuestras preferencias de un modo claro y evitar el doble estándar y el doble discurso siempre que se pueda. El otro problema que veo es que nos cuesta mucho salir de una política exterior centrada en actores y movernos a otra centrada en temas o sectores. Hay como un reflujo permanente en torno a, por ejemplo, el futuro del Mercosur o la relación con Brasil o la integración regional.  No digo que no sean temas sin importancia. Lo que digo es que tenemos que ir más allá de esta agenda clásica y pensar, por ejemplo, en cómo encaramos una inserción en servicios basados en el conocimiento; cómo atraemos mejores inversiones para desarrollar una red de comunicaciones más avanzada; de qué manera articularemos ciencia y tecnología con transición energética; qué nicho podemos terminar de aprovechar en el mercado nuclear de reactores pequeños; que consistencia deberíamos tener en lo que hacemos sobre derechos humanos en Ginebra, en la ONU, y en Washington, en la OEA; qué diplomacia del hidrógeno vamos a desarrollar con potenciales socios; entre otros temas. Esto demanda no sólo buenos diagnósticos sino también mucha coordinación interministerial. El bienestar de la Argentina no va a estar dado solamente por factores endógenos sino también factores exógenos al país. Por eso es importante participar en la conversación global para poder influir, aunque sea en nuestro metro cuadrado, en cuáles serán las regulaciones futuras en torno a las cadenas de suministro y de transición energética, entre otras cosas.

Argentina tiene varios caminos para probar crecer con un camino bastante sostenible. Hoy una política climática debería ser al mismo tiempo una política económica, no algo que la entorpezca.

-Teniendo en cuenta los actuales conflictos entre Estados Unidos, por un lado, y China y Rusia, por el otro, ¿es posible mantener buenos vínculos con ambas partes o en algún momento habrá que elegir un bando?

No veo que por ahora tengamos que hacerlo. Esto no significa neutralidad, significa expresar nuestro parecer de un modo que no ponga en riesgo nuestras redes comerciales. China no espera que juntos hagamos un foro sobre derechos humanos y Estados Unidos no espero que llevemos juntos una demanda de responsabilidades compartidas y diferenciadas en los foros de cambio climático. Me parece que es clave poder identificar qué podemos hacer con cada uno y reducir al máximo las zonas de fricción. Esto claramente involucra mucho regateo y ceder cosas quizás, pero no veo a China dispuesta a presionar o irritar a países del sur global, que es su región clave para la consolidación de bases de apoyo. Por otra parte, hoy el epicentro del riesgo geopolítico está en el corazón de Asia, de modo que lo que esté en juego acá hay que verlo en un contexto geopolíticamente bien complicado y en una región como la nuestra, que no consume seguridad como otras.

-Por primera vez en mucho tiempo, Sudamérica parece polarizada, con una cantidad similar de gobernantes tanto de izquierda como de derecha. ¿A qué se debe esta tendencia?

No tengo una explicación elaborada. Cada país expresa sus propios equilibrios domésticos y va avanzando en función de sus respectivas herencias. Mi sensación es que estamos entrando a un momento en donde la sociedad está castigando a los oficialismos. Hay una suerte de impotencia colectiva que nos desorienta y nos quita claridad para pensar alternativas políticas. Como sea, la pandemia sin duda ha contribuido a visibilizar desigualdades, materiales y simbólicas, y a la ausencia de un estado que cuide a su población. En este contexto, nadie tiene el sillón asegurado y los horizontes temporales se han acortado; de modo que me cuesta identificar una tendencia sólida en alguna dirección.

-Teniendo en cuenta los actuales choques ideológicos en el Mercosur, ¿cree que el bloque tiene futuro? 

Así como está, el Mercosur puede existir muchos años más. Suelo ser bastante racionalista en este sentido y decir que si el Mercosur es lo que es desde hace muchos años es porque llegó a un equilibrio entre actores públicos y privados de los cuatros países que casi nadie quiere cambiar y casi nadie quiere mejorar.  Cada tanto Uruguay cuestiona y se enoja. Y creo que lo hacen con razón. Como sea, tenemos que abandonar la idea de que el Mercosur es nuestra gran apuesta. Brasil avanza en su desindustrialización y con ese avance declina su interés en Argentina. Uruguay está cada vez más mirando a China, la India y otros países de Asia. Incluso el comercio argentino con esa región está creciendo. Deberíamos mirar más el mercado de Asia, el mercado de Africa y, claro, el Atlántico Norte, pero pensando en distintos nichos, por ejemplo, alimentos en Asia, servicios en las Américas, energía en Europa y así. En ese escenario, el Mercosur es una zona comercial importante pero no es para nada nuestro destino.

El bienestar de la Argentina no va a estar dado solamente por factores endógenos sino también factores exógenos al país. Por eso es importante participar en la conversación global para poder influir, aunque sea en nuestro metro cuadrado.

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