En la era del virus, la grieta también se deconstruye

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20-03-2020
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El hecho de que Mauricio Macri y Cristina Kirchner, aun siendo nada menos que vicepresidenta de la República, ya no ocupen la estelaridad máxima del reflector político vernáculo puede ser un factor. El aún fresco fracaso económico del primero, también. El propio estilo (estético y discursivo) del novel Gobierno que lidera Alberto Fernández, distanciado del cristinismo tardío, puede ser otro impulsor. Su pragmatismo, lejos de la radicalización heterodoxa que algunos auguraban, también. Más acá en el tiempo, la virulenta irrupción del Covid- 19 es otro motivo. Todos apuntan en la misma dirección: una incipiente deconstrucción de la grieta, que ya lleva una década, o acaso más. Diferencias siempre las habrá, pero el clima de tolerancia política puede ser otro. Mejor. ¿Vamos hacia allí?

Algo de eso empiezan a captar algunas encuestas. El último trabajo de opinión de RTD, exhibe que Fernández tiene una imagen positiva de 55% (entre buena y muy buena), 22% una imagen mala y 17% una muy mala. Normal. No es la panacea, pero el nivel de rechazo combinado está lejos de los de Macri (63%) y Cristina (50%). Es trabajable y ofrece una perspectiva de crecimiento.

Otra encuesta (en conjunto entre Reyes & Filadoro y Numeral 8) muestra que entre los votantes de Cambiemos, el 17% sostiene que la gestión de Fernández superó sus expectativas o sus opiniones siguen siendo igual de positivas. El bloque opositor puede resquebrajarse.

La grieta es imposible de medir con encuestas, pero hay un clima de cierta distensión. Aun, por cierto, cuando el arranque económico combinó una prolongación de la estanflación con mayores impuestos. La distensión se observó en las últimas semanas en las líquidas redes sociales cuando hubo “flores” del otro lado de la grieta para el Presidente por cómo vienen manejando la crisis sanitaria. Se valoró, sobre todo, que se puso al frente. Dio la cara. Además, en un momento de conmoción mundial, es lógico que las diferencias se dejen reposar a un lado. La conferencia del jueves a la noche ratificó esas creencias.

“El Gobierno de Fernández de a poco va encontrando una forma de comunicación más efectiva y una toma de decisiones cada vez más rápida para evitar el contagio en el país. Este escenario implica una nueva 'oportunidad' para su Gobierno. Aunque la prueba de fuego serán las próximas semanas, cuando el virus encuentre el pico en el país y el sistema de salud público sea testeado. Sin embargo, es interesante pensar que la capacidad de respuesta del Gobierno de Fernández ya saca un buen puntaje comparado con los países vecinos ?especialmente con Brasil y con Chile-. Pareciera que nuestro país está 'haciendo los deberes', siguiendo fuertemente las medidas que funcionan en los países europeos o en la propia China”, dice Florencia Filadoro ante El Economista.

Martín Rodríguez, en un texto publicado en LPO, también comulga con la idea de “oportunidad”. Escribió: “La auténtica presidencia de Alberto Fernández empezó estos días”. No fue un pago taca-taca al FMI ni el agresivo canje a los bonistas, como Néstor Kirchner, ni tasas chinas de crecimiento del PIB, como Cristina. Es otra cosa. Un virus que nadie previó.

“Usted es el comandante en esta batalla y somos uno solo en esta pandemia”, dijo el experimentado Mario Negri, el martes, tras la reunión con el Presidente. Hoy, en cierto sentido, son todos “albertistas” y ya nadie se pregunta por el “doble comando”. Ni se acuerdan del “reto” en la previa de la Asamblea Legislativa.

La grieta se tomó un respiro. Esperemos que el armisticio se prolongue y se acabe esta pesadilla.

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