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El terreno listo para Vidal testimonial

La mejor jugada posible que tiene el oficialismo en la provincia de Buenos Aires es Vidal testimonial. ¿Está preparando el terreno?

04 abril de 2017

Por Daniel Montoya (Politólogo)

En política internacional, no es noticia si Estados Unidos o Francia realizan ensayos misilísticos con cabezas nucleares. Si lo hace Corea del Norte o Irán, inclusive Rusia, la crónica ocupará un espacio privilegiado en cualquier medio masivo. La razón es sencilla. La opinión pública mundial supone que los poderes políticos democráticos, están alcanzados por frenos constitucionales que restringen los excesos y el despotismo de sus gobernantes.

En la política local, sucede algo similar. Un proyecto de gobierno impregnado por la cultura política del radicalismo y la Coalición Cívica como Cambiemos, no puede echar mano a las mismas herramientas que utiliza una fuerza política pragmática como el peronismo. Salvo que instale la idea de un estado de excepción que le brinde legitimidad a la mejor jugada posible que tiene el oficialismo en la provincia de Buenos Aires: Vidal testimonial.

El plan A del oficialismo, “el candidato es la gestión”, quedó fuera de alcance. Era un programa apoyado en el despegue vigoroso de la economía. Como ello no ocurrió, los propios estrategas comunicacionales del gobierno aprovecharon la reciente gira de Macri por España para interpretar el viento de frente económico dentro de un guión político. “Argentina no está captando inversiones serias a causa de la falta de avance de las causas judiciales que involucran a funcionarios del anterior gobierno, en especial, de Cristina Kirchner”.

Si el ex primer ministro español Felipe González dijo o no esas palabras mágicas, es irrelevante. En tiempos de política posverdad, alcanza con que pueda aplicarse el viejo adagio italiano “se non è vero, è ben trovato”: si no es cierto, igual está bien pensado. Lo importante es el mensaje central estampado en la portada del gran diario argentino: el principal obstáculo del plan económico es político, tiene nombre, apellido, domicilio y taquilla en la provincia de Buenos Aires.

Tras aquel primer paso madrileño, Macri volvió a aprovechar la marcha #1A para circunscribir el conflicto político que enfrenta el gobierno a la región metropolitana. Pero esta vez con definiciones de su propia boca, donde lo que menos predomina es la metáfora. ¿De dónde vienen los colectivos con manifestantes que cortan las calles de la ciudad de Buenos Aires y que son atraídos con choripanes sino del conurbano bonaerense?

Es una disputa política en las antípodas de aquella que tuvo el kirchnerismo con el sector agropecuario en 2008 por la resolución 125. Enfrentarse a un sector económico disperso en todo el territorio, implicó la participación de gobernadores, intendentes y legisladores peronistas de todo el país. A diferencia de esta nueva disputa de carácter metropolitano, aquella fue una pelea de perfil nacional. En tal sentido, la referencia a “cortes, colectivos y choripanes”, aparte de los porteños y bonaerenses, apenas puede sonarle familiar a los cordobeses y rosarinos, también acostumbrados a vivir dentro de grandes centros urbanos.

Hacia el posmacrismo

La instauración del sistema de voto directo en la reforma de la constitución de 1994, le dio un peso electoral decisivo a la provincia de Buenos Aires. Candidato que mide en región metropolitana es candidato al sillón de Rivadavia. Desde el interior, salvo en condiciones explosivas como 2001-2003, resulta imposible consagrarse presidente. Por ello, una revalidación de Vidal en octubre, la dejará en el acto al borde de su nominación presidencial en 2019. El peso político de la provincia lo impone. Su candidatura es la consecuencia natural de correr el centro de la campaña oficialista a la región metropolitana. La centralidad en la comunicación, terminará por ungirla a Vidal ya que no hay candidato que pueda garantizarle al oficialismo su nivel de popularidad en el tiempo que queda por delante. Están, pero lejos, el huracán Carrió y grandes promesas como Manes que aún necesitan muchas horas en cancha y, especialmente, barro.

Macri le está abriendo de hecho a Vidal la puerta que no le quiso abrir Néstor Kirchner a Scioli en 2009. Y que, más tarde, Cristina Kirchner también se resistió a abrirle en 2015, tirándole encima el salvavidas de plomo de Zannini vicepresidente y Aníbal gobernador de la provincia. No se puede negar su lógica política. Al día de hoy, al no traspasarle el bastón a nadie, Cristina conserva en sus manos la jefatura de la oposición y una justificada expectativa de ganar las próximas elecciones provinciales.

De terminar concretándose esta movida sucesoria entre Macri y Vidal, podría darse una segunda gran novedad en las próximas elecciones presidenciales de 2019. Que además de terminar el mandato un gobierno no peronista, algo que no sucede desde 1928, se dé algo que no tiene precedentes en la historia argentina moderna: una sucesión presidencial no conyugal hacia adentro de un mismo espacio político. Tal como viene ocurriendo hace tiempo en la provincia de Córdoba o Santa Fe. O inclusive en la propia ciudad de Buenos Aires.

Pero para saber eso, falta mucho aún. Puede estar la predisposición de Macri de gobernar dos años más sin que le sirvan el café los mozos de la Rosada ya convertidos al vidalismo, pero si la economía no arranca con fuerza, no hay pirueta política que compense ese déficit y que pueda frenar el avance de un peronismo con cuatro años de desierto metropolitano encima.

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