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El secreto de la popularidad de Milei

Según nuestro estudio de mayo, 54% de los argentinos tiene opinión positiva del presidente. Y subió 4 puntos respecto del 50% que tenía en abril.

La politización de amplios sectores juveniles y la bronca de los trabajadores precarizados son el núcleo mileísta.
La politización de amplios sectores juveniles y la bronca de los trabajadores precarizados son el núcleo mileísta.
20 mayo de 2024

Por Viviana Isasi y Julio Burdman (*)

 

Uno de los datos centrales de la política argentina es la alta imagen presidencial a pesar del contexto de adversidad económica. Varios análisis advertían, a principios de año, que con la aceleración inflacionaria Milei iba a llegar con la lengua afuera a marzo. Y esto no ha sucedido: según nuestro estudio de mayo, 54% de los argentinos tiene opinión positiva del presidente. Y subió 4 puntos respecto del 50% que tenía en abril. 

Una parte de esto se explica porque hay un núcleo duro que cree en la capacidad de Javier Milei de bajar la inflación y reactivar la economía. Pero no explica todo, ya que la mayoría se mantiene pesimista sobre la economía en general: además de que perciben que su bolsillo está más flaco, casi 2 de cada 3 creen que el balance de 2024 será peor que el de 2023. 

Entonces, ¿qué hay detrás de esta buena relación entre Milei y la opinión pública? 

Su secreto radica en su capacidad de construir legitimidad en nuevas identidades. La popularidad de Milei se nutre del apoyo de los jóvenes, los trabajadores precarizados, los segmentos culturalmente conservadores y los habitantes de las provincias que se sienten poco escuchados por una rosca política demasiado focalizada en el Área Metropolitana de Buenos Aires. 

Hay sentidos y metas políticas que propone Milei que motorizan la unión de todas estas identidades golpeadas y en crisis, y construye así una nueva mayoría. Bajar la inflación nos lleva a un futuro mejor y eliminar "los curros de la casta" cambia el sistema. 

La politización de amplios sectores juveniles y la bronca de los trabajadores precarizados son el núcleo mileísta.

Paradójicamente, lo que propone Milei suena a una utopía inviable: nadie cree en Argentina que la inflación y la corrupción, que son el lado oscuro de la argentinidad, puedan llevarse a cero. El mileísta promedio no es un optimista. Pero la política presidencial le resulta atractiva porque pone de manifiesto la cruda realidad e invita a una lucha imposible para cambiarla. Milei no promete sanar las heridas con paliativos estatales. Pero les dice que, sacrificio mediante, la Argentina será potencia otra vez.

El presidente Javier Milei.
El presidente Javier Milei.

Las metas ambiciosas de Milei evidencian el agotamiento de las viejas formas de la política y proponen reinventar colectivamente la sociedad. La politización de amplios sectores juveniles y la bronca de los trabajadores precarizados son el núcleo mileísta. Y ambas olas de politización y bronca contagian a gente de todas las edades y perfiles sociolaborales. El mileísmo es un actor político en forma de bola de nieve, que arrancó con el voto de los que perdieron todo y ya no tenían nada que perder, y va engrosándose a medida que suma más y más segmentos que sienten diversos malestares. Este es el nuevo hándicap que ante el malestar te cambia todo, ese lugar donde debes empezar a preguntarte cuanto tiempo te queda. La Argentina está mal, y el mileísmo precisamente representa a los que están mal.

A su vez, Milei sigue siendo su propio determinante. Habiendo llegado hasta donde llegó, lo que alcance a hacer ahora depende de sí mismo. El Gobierno incluye a las tres figuras políticas con mayor imagen del país, y la única cuya imagen positiva supera a la negativa -el propio Milei- pero no consigue apoyo político para aprobar leyes. Quizás no logró comunicar a la sociedad con nitidez los objetivos de la Ley de Bases, porque las opiniones respecto de ella están polarizadas. 

Pero sorprendentemente tuvo un acierto con la convocatoria al Pacto de Mayo: la idea de unir a todos los gobernadores en un gran acuerdo nacional de gobernabilidad y reformas impactó bien en la opinión pública. Hay demanda de gobernabilidad, y una percepción acerca de que es con las provincias.

En ese sentido, el apoyo al concepto del Pacto de Mayo tal vez ayude a entender otra parte del fenómeno Milei, que es su éxito en la patria profunda. 

En la Región Centro (Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), donde vive más del 20% de la población y es clave en toda elección nacional, Milei tiene 10 puntos más de popularidad que en la provincia de Buenos Aires. Y en el Norte y la Patagonia pasa algo parecido. ¿Por qué este presidente porteño que no recorre el país en caravana ni toma mate es un éxito rotundo en las provincias más alejadas del puerto? 

Javier Milei
 

Milei demostró que la forma de hablarle a toda esa mayoría de argentinos era con la agenda pública. No había que llorarles federalismo ni organizar festivales de doma y folklore: había que enfrentar los problemas nacionales que, para la gente de las provincias, se originan en Buenos Aires. 

La inflación, la corrupción y la inseguridad son vistos como flagelos del AMBA que derraman hacia el resto del país. Esa es la agenda de problemas que la patria profunda pide resolver, y esa es justamente la agenda que propone, o impone, Milei: bajar la inflación, terminar con los curros, mano dura con los delincuentes. 

La oposición se refugia en temas que son valorados, pero a muchos suenan a lejanos buenos recuerdos: el empleo de calidad, bajar la pobreza, mejores servicios estatales. Milei habla de lo urgente. Y ahí está, tal vez, su talón de Aquiles: la paciencia es corta. La sociedad lo está bancando, pero ya avisa que espera resultados de su gestión. Y pronto. 

 

(*) Isasi / Burdman Consultores Políticos

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