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El intendente que une a las partes en el PJ bonaerense

Un perfil de Gustavo Menéndez, el jefe comunal de Merlo

04 octubre de 2017

Por Mariano Espina

El peronismo bonaerense espera con ansiedad pero también con temor el 22 de octubre. Una posible derrota de Cristina Kirchner incomoda a los intendentes y dirigentes que apostaron por la expresidenta para la batalla por las bancas del Senado. Está el grupo de los leales, los moderados, y también aquellos que sumaron al espacio que encabeza CFK con el calor de las encuestas y la proximidad de las fechas límite que la Cámara Electoral impone. Una vez superados los comicios, estará en disputa la conducción del PJ distrital, cargo que ocupaba el matancero Fernando Espinoza pero que dejó por licencia para acompañar como candidato las listas de Unidad Ciudadana. El sello partidario está ahora ocupado por el randazzismo, que usó sus fondos y sus símbolos para lanzar su candidatura. Pero también comenzará la larga discusión hacia 2019.

A Gustavo Menéndez, intendente de Merlo, se lo puede ubicar entre los moderados. En 2015 y con 48 años, destronó a Raúl Othacehé, que administraba el distrito desde 1991 y era considerado de los más poderosos entre los barones del Conurbano. Logró la victoria desde el Frente para la Victoria, luego de participar de los comicios del 2013 dentro del Frente Renovador de Sergio Massa. “Con la victoria de Cambiemos en provincia y Nación el peronismo nos asignó un rol a los intendentes poco frecuente, una responsabilidad política que en otro escenario jamás hubiésemos tenido”, cuenta Menéndez.

Formó parte del Grupo Fénix en 2016, aquel que buscaba conciliar entre el Patria y los Esmeralda y que encabezaba el tándem de La Matanza Verónica Magario y Espinoza. Previo al cierre de listas de este año, dejó plantado a Máximo Kirchner en un acto kirchnerista para evitar cruzarse con figuras como Luis D´ Elía, que quedó luego relegado del armado de Unidad Ciudadana. En la campaña, fue de los mimados por la expresidenta, que visitó el municipio en tres oportunidades, antes y después de los comicios.

“El Tano”, como se lo apoda a Menéndez, fue el encargado en este año electoral de concretar los pases de dirigentes y candidatos. Viajó a Hurlingham para sacarse la foto junto a Juan Zabaleta, el intendente randazzista que dejó al exministro del Interior tras los resultados de agosto. También se cruzó a Castelli, para asegurar la incorporación del jefe comunal Francisco Echarren, que en menos de un año pasó por el Gobierno de María Eugenia Vidal, por las filas de Randazzo, y ahora regresó a Unidad Ciudadana. “Intentamos nunca romper los puentes de diálogo con nadie que tenga sus orígenes en el campo popular y que por distintas circunstancias puedan haberse ido del núcleo central del peronismo”, dice el merlense, en diálogo con El Economista.

Pese al discurso rígido que nace de algunos dirigentes que forman parte de Unidad Ciudadana, para Menéndez, luego de octubre comienza “una etapa bisagra” en la que la diversidad “deberá ser el punto de partida de futuros acuerdos”. “La confluencia del campo popular incluye a todos, a Sergio Massa, a Juan Manuel Urtubey, al kirchnerismo, al peronismo ortodoxo, a Diego Bossio y a todos los que participaron alguna vez de este espacio”, resume el intendente de Merlo, el distrito más importante de la primera sección electoral, con 418.326 electores.

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