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Cambios en el Congreso

El robusto desempeño electoral de Cambiemos se traduce en su consolidación como fuerza política en el Congreso

26-10-2017
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Por Javier Zelaznik Universidad Torcuato Di Tella

Las elecciones del 22 de octubre confirmaron de manera ampliada el triunfo de la coalición oficialista Cambiemos que se había anticipado en la gran encuesta de las PASO, y consolidan la evolución de su breve historia electoral. La tendencia es contundente por sí misma, pero se robustece cuando se lo contrasta con la imagen de un peronismo dividido, enredado en la crisis de liderazgo que le asestó la derrota de 2015.

Con el 41,8% de los votos, en poco más de dos años Cambiemos aumentó su apoyo electoral en más de 10 puntos, consolidándose como la primera fuerza política no peronista competitiva en las últimas dos décadas. En 2017 fue particularmente notable el aumento de su caudal electoral entre las PASO y las generales: casi un millón y medio de votantes. En el mismo lapso Unidad Ciudadana (UC) aumentó apenas algo más de 400.000 votos mientras el PJ y 1País perdieron casi 250.000 y 400.000 votos, respectivamente. Más allá del voto estratégico, Cambiemos parece haberse beneficiado ampliamente por el aumento de la participación electoral (en las generales hubo casi un millón de votos positivos más que en las PASO) y por la captación de los votantes cuya opción electoral preferida no superó el 1,5% de los votos en las PASO (más de 700.000 votantes).

La consolidación de una alternativa electoral no peronista tuvo como contrapartida la  desarticulación de la oferta electoral del mundo peronista. A diferencia del resultado de las PASO, el triunfo oficialista del último domingo no es un mero producto de dicha división: ambas familias peronistas obtuvieron de manera combinada 38,6% de los votos, 3 puntos porcentales por debajo de los obtenidos por la coalición oficialista (también por debajo del 39,4% que habían obtenido de manera combinada en las PASO 2017).

Con el 41,8% de los votos en la categoría de diputados, Cambiemos obtuvo 61 bancas, 48% de las 127 que estaban en juego mientras que en el Senado obtuvo el 50% de las bancas en disputa. La negociación de las listas electorales en la coalición oficialista permitió que el buen resultado beneficie no sólo a la coalición en su conjunto sino también a cada uno de sus socios. Todos ellos obtuvieron más bancas que las que ponían en juego: la UCR obtuvo 25 diputados y 6 senadores, el PRO 22 diputados y 3 senadores y la Coalición Cívica 8 diputados, quedando el resto para socios menores e independientes.

El cuadro 2 muestra como quedarían ambas cámaras, aunque aún falta determinar a qué bloque se incorporaran los nuevos diputados peronistas, y si finalmente se partirá el del FPV en el Senado.

El robusto desempeño electoral de Cambiemos se traduce en su consolidación como fuerza política en el Congreso: en el Senado obtiene un tercio de las bancas (actualmente tiene apenas el 21%) mientras que en diputados supera el 40% (actualmente cuenta con sólo el 33,9%).

Aunque no alcanza la mayoría en ninguna cámara, el resultado convierte al bloque oficialista en una primera minoría sólida en Diputados, con cerca del 45% de las bancas. En esa cámara, el FpV (kirchnerista) continuaría cómo segunda fuerza, aunque más debilitada. De hecho, si el PJ no kirchnerista  y el massismo se uniesen obtendrían casi el 24% de las bancas, con lo cual sería suficiente alguna defección del FpV hacia el PJ para que este se convirtiese en el segundo bloque. Algo que requiere superar la actual fragmentación del PJ no kirchnerista en múltiples bloques legislativos.

La posición del Gobierno es mucho menos sólida en el Senado en el que su apoyo es sólo del 33% y no es siquiera la primera minoría. Sin embargo, no sólo aumentó su bloque considerablemente sino que también el FpV perdió la mayoría que detenta hasta ahora. La posición del Gobierno se podría fortalecer más en caso de que se produzca la ruptura del FpV (que en esta cámara incluye kirchneristas y no kirchneristas), algo que ya ha sido anunciado a los gritos pero que habrá que ver si se materializa, y cómo. Aún en ese caso, Cambiemos estaría lejos de la mayoría absoluta, lo cual implica que necesitaría apoyo adicional para avanzar con su agenda legislativa.

¿Qué alternativas tiene el Gobierno dado esta composición en el Congreso? Repasemos sólo 2 de las imaginables.

Estrategia 1: Cambiemos y aliados + provinciales Aunque esta coalición no alcanza la mayoría en ninguna de las cámaras se acerca mucho en ambas (47,9% en diputados y 45,8% en el Senado). Sólo sería necesaria la cooptación de un puñado de legisladores que apoyen al Gobierno de manera activa (con su voto, para ampliar la coalición) o pasiva (con su ausencia, para reducir el tamaño de la mayoría necesaria). La alternativa es problemática por varios motivos, entre los cuales se encuentra el hecho de que algunos de esos partidos tienen vínculos estrechos con el peronismo y/o son sus aliados electorales en sus provincias. Además, esta estrategia mínimamente ganadora dejaría cualquier iniciativa aprobada, a la conformación de coaliciones opositoras alternativas.

 Estrategia 2: Cambiemos y aliados + peronismo no kirchnerista En este caso, el Gobierno contaría con mayorías variables en ambas cámaras, cuyo tamaño dependerá entre otras cosas de cómo se resuelva el conflicto entre peronismo kirchnerista y no kirchnerista en el Senado, y la coordinación del peronismo no kirchnerista en diputados (incluido el massismo). En este caso se trataría de una estrategia conocida, que no innovaría respecto de la llevada a cabo durante el 2016 que resultó en un año legislativo considerablemente bueno para el Gobierno, dada la buena predisposición del peronismo no kirchnerista a colaboraron y del Gobierno a aceptar modificaciones de sus iniciativas. Adicionalmente, una estrategia de consensos amplios le daría una base de apoyo más sólida a las iniciativas aprobadas y, eventualmente, una mayor estabilidad a las políticas.

En cualquier caso, el Gobierno deberá aprovechar la ventaja negociadora que le da este nuevo período de luna de miel producto del triunfo electoral, tan desperdiciada en los primeros meses del gobierno de Cambiemos al privilegiar la vía del decreto como estrategia de toma de decisión.

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