El Economista - 70 años
Versión digital

dom 29 Ene

BUE 24°C
Versión digital

dom 29 Ene

BUE 24°C
Valor

A 40 años de la muerte de Illia, una figura comprometida con la institucionalidad democrática

Hijo de inmigrantes italianos, nació en la ciudad bonaerense de Pergamino y, tras graduarse como médico en la UBA, se instaló en Cruz del Eje

Los años de Illia se caracterizaron por el crecimiento económico, el auge cultural y los intentos por normalizar completamente la vida democrática
Los años de Illia se caracterizaron por el crecimiento económico, el auge cultural y los intentos por normalizar completamente la vida democrática
17-01-2023
Compartir

El expresidente constitucional Arturo Umberto Illia fallecía hace 40 años, un 18 de enero de 1983 en el contexto de un país que iniciaba una transición hacia la democracia tras la derrota que la dictadura militar había sufrido en la Guerra de Malvinas.

Luego de 1966, cuando fue derrocado tras el golpe de Estado que encabezó el general Juan Carlos Onganía, Illia siguió en la actividad política y recorrió permanentemente el país. 

No obstante, Illia siempre se mantuvo vinculado a la Unión Cívica Radical, el partido político en el que militó durante buena parte de sus 82 años de existencia.

Hijo de inmigrantes italianos, Illia nació en la ciudad bonaerense de Pergamino en 1900, y tras graduarse como médico en la Universidad de Buenos Aires se instaló en Cruz del Eje, donde comenzó a forjar su carrera política en la UCR.

Fue senador provincial, vicegobernador de Córdoba y en 1948 resultó electo diputado nacional, y desde esa banca ejerció una férrea oposición al gobierno de Juan Domingo Perón, derrocado tras un golpe en 1955 que implicó la proscripción del justicialismo.

La postura que debía asumirse ante el peronismo generó un cisma en la UCR, que se dividió en dos sectores: la UCRI, los "intransigentes", liderados por Arturo Frondizi, y la UCRP, los del "pueblo", encabezados por Ricardo Balbín, y a este sector adhirió Illia.

Frondizi resultó electo en 1958 tras un acuerdo electoral con Perón, pero sería derrocado cuatro años después por las Fuerzas Armadas, que desconocieron el triunfo electoral del peronismo en once provincias, entre ellas la de Buenos Aires. En Córdoba se impuso la UCRP que llevó como candidato a gobernador a Illia. 

Los militares impusieron a José María Guido, entonces presidente provisional del Senado, al frente de un Gobierno tutelado, que debido a las pujas que se suscitaron al interior de las Fuerzas Armadas entre los sectores "Azules" (profesionalistas) y "Colorados" (liberales y antiperonistas) debió convocar a elecciones en julio 1963. 

En ellas, el peronismo estuvo proscripto al igual que en las de 1958 y esa restricción, que impedía a una fuerza mayoritaria participar del los procesos electorales, hizo imposible lograr un sistema político estable en esos años. 

Como candidato presidencial de la UCR, Illia obtuvo el 25,14% de los votos en comicios en los que se registraron más de dos millones de sufragios anulados o en blanco, más de un 20%. Su candidatura presidencial fue consecuencia del apoyo a su figura en el interior del país y del prestigio obtenido por su triunfo en las elecciones a gobernador de 1962. 

La figura de Illia siempre está asociada a la honradez y la austeridad en la gestión pública, pero su Gobierno fue más que eso. 

La anulación de los contratos petroleros suscriptos por el Gobierno de Frondizi y la sanción de una ley que fijaba precios máximos a los medicamentos producidos por los laboratorios extranjeros (impulsada por el ministro de Salud, Arturo Oñativia), determinó que los grupos económicos multinacionales vieran con recelo la orientación que tomaba el Ejecutivo.

La decisión de no enviar militares a participar de la intervención de Estados Unidos en la República Dominicana causó malestar en Washington y en los sectores castrenses. 

Sin embargo, el Gobierno de Illia logró un gran éxito en materia de política internacional en Naciones Unidas, cuando en 1965 se reconoció mediante la resolución 2065, la condición de territorio colonial de las Islas Malvinas en poder de Gran Bretaña, y exhortaba a Argentina y al Reino Unido a iniciar negociaciones para resolver la cuestión de la soberanía de los archipiélagos del Atlántico Sur que aún se encuentran en disputa.

Las decisiones económicas del Gobierno permitieron que hubiera saldo favorable en la balanza de pagos, creciera el PIB, se incrementaran las reservas de oro, se contuviera la inflación, disminuyera la deuda externa y se impulsaran las exportaciones a China.

A pesar de todo, la conducción de la CGT, liderada por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, lanzó un amplio plan de lucha con huelgas y movilizaciones, que no fueron contrarrestadas con la supresión de las garantías constitucionales por parte del Ejecutivo.

Los avances que el peronismo obtuvo en las elecciones de 1965 en las que también el Gobierno obtuvo buenos resultados, y la aparición de un foco guerrillero guevarista en la provincia de Salta, generaron malestar en los sectores castrenses, que comenzaron a conspirar junto con sectores de peso económico y a las organizaciones sindicales. 

Revistas como Extra, Todo, Panorama, Tía Vicenta y Confirmado publicaban duros editoriales contra el gobierno en los que describían a Illia como un hombre lento, errático y perdido al que era caricaturizado como una tortuga.

En ese contexto de desgaste para el Gobierno, la figura de Onganía -que se había retirado de la jefatura del Ejército en noviembre de 1965- era descripta en esos medios como la de un militar "profesional"; un hombre fuerte que venía a salvar a la nación del peligro de una inminente disolución.

El 27 de junio de 1966, las tres armas le comunican al presidente que lo mejor era renunciar, algo que rechaza de plano con el intento de destituir a Pistarini como jefe del Ejército, una orden que los mandos militares desconocieron por completo.

En la noche, fuerzas policiales rodearon la Casa Rosada mientras Illia permanecía en su despacho junto a un grupo de colaboradores, y pasadas las 5 de la madrugada, el general Julio Alsogaray ingresó a la sede gubernamental para exigir la renuncia de un jefe de Estado cercado y sin poder.

Alsogaray le dijo al presidente que cumplía "órdenes" de su superior (Pistarini), e Illia le replicó que era "un insurrecto" que no reconocía la verdadera autoridad del presidente como jefe comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Minutos después, un grupo de la guardia de infantería al mando del coronel Luis Perlinger, quien en 1982 le pidió perdón públicamente a Illia por haber participado del golpe, desalojó el despacho presidencial y consumó la asonada.

Los años de Illia se caracterizaron por el crecimiento económico, el auge cultural y los intentos por normalizar completamente la vida democrática del país. Pero los factores desestabilizantes eran muy fuertes y comenzaba a incubarse una violencia que irrumpiría con fuerza en el país en la década del '70.      

 

En esta nota

Lee también

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés