Un DNU para la obra pública

La idea de Macri puede ser un inmenso logro (lo fue para Dwight Eisenhower en Estados Unidos en la década del '50) o un gigantesco fracaso si el “club de la obra pública” se lanza en una de sus interminables e incomprensibles guerras internas.

29-04-2016
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Por Claudio Chiaruttini

Las encuestas negativas impactaron en el ánimo de Mauricio Macri y su equipo. El resultado es esta cadena desordenada de anuncios oficiales que, en muchos casos, no pasan de ser publicados por los medios como noticias de segundo orden, detrás de la catarata de temas judiciales, las fallas de la gestión del PRO y los movimientos (erráticos o algo acertados) de las fuerzas opositoras.

Muchos de los anuncios de esta semana (como el proyecto de ley de “Mi Primer Empleo” y los planes de infraestructura) estaban previstos para dentro de un mes y medio, cuando la crisis tocara piso (según la visión del gabinete económico), como una forma de apuntalar el comienzo de la recuperación. Sin embargo, las encuestas y los tiempos políticos volvieron a marcarle la agenda al Gobierno de Macri.

Se nota en los anuncios oficiales bastante improvisación. Por ejemplo, es imposible comenzar con las licitaciones para nueva obra pública si no se pagan los certificados de obras y las cancelaciones ya autorizadas por el kirchnerismo; y desde septiembre del año pasado no se gira un peso desde el Estado al tristemente famoso “club de la obra pública”.

Cuando el equipo de Ricardo Delgado llegó a la Secretaría de Obras Públicas, “coto de caza” del ex ministro de Infraestructura del kirchnerismo, Julio de Vido, era un verdadero desmadre: 930 obras públicas paradas, más de 400 pedidos de aumento de precio a medio aprobar y otro número similar aprobado, pero con graves problemas de “armado” de los legajos. Cualquiera que convalidara esa maraña de violación de normativas públicas se exponía a un torrente de juicios.

En ese marco, se comenzó a poner las cosas en orden. El resultado es un DNU, que está en estudio de la Casa Rosada, por el cual se establece un mecanismo para poder aprobar los ajustes realizados por el kirchnerismo, con algunas limitaciones, lo que permitiría reactivar las obras públicas paralizadas y que son responsables de más de 10.000 puestos de trabajo cesanteados desde diciembre.

En su discurso de apertura de las sesiones del Congreso, Macri sostuvo que la deuda acumulada en estas 930 obras supera los $12.300 millones, la mayoría tiene más de dos años desde el comienzo de su ejecución y terminarlas demandaría $123.000 millones, dos veces la partida que el Congreso dejó para el rubro obras públicas. Por eso, la cifra sería ampliada a través de una decisión administrativa.

Una opción es pagar los ajustes y las deudas totales que dejó el kirchnerismo con bonos. El tema se habló con el “club de la obra pública” y habría interés por cobrar “algo”. De allí que el DNU en estudio podría llegar a incluir una emisión de deuda, en pesos, en dos o tres tramos, para que sean atractivos en la City porteña, dado que serían vendidos casi de inmediato.

Como todo el proceso de pago durará cerca de dos meses, el plazo será usado para terminar de definir los pliegos de bases y condiciones de las obras a realizar por los ministerios de Transporte y por Interior, Viviendas y Obras Públicas. Es decir, agosto y septiembre podrían ser meses de un verdadero show de licitaciones.

Pierre Bordieu nos dice que el habitus domina al político y Macri no es la excepción. Ingeniero por elección, el primer mandato como jefe de Gobierno porteño fue signado por las obras contra las inundaciones en Belgrano y en el Río Maldonado; el segundo por el Metrobus, la bicisenda, la peatonalización del centro y la modificación de ochavas en zonas comerciales como Palermo Hollywood, Palermo Soho y Las Cañitas. Por eso, no hay que extrañarse del camino que ha elegido el Presidente para ejecutar durante su mandato.

El Plan Belgrano, el plan de infraestructura para la provincia de Buenos Aires, las obras viales y el plan de obras públicas nacional son parte de una misma matriz que el Gobierno de Macri quiere imponer. Así se canalizará el grueso de la inversión pública, no por subsidios (sociales o corporativos) o empleo público.

La idea de Macri puede ser un inmenso logro (lo fue para Dwight Eisenhower en Estados Unidos en la década del '50) o un gigantesco fracaso si el “club de la obra pública” se lanza en una de sus interminables e incomprensibles guerras internas.

Fernando De la Rúa intentó ejecutar un plan de obras públicas muy ambicioso. Las constructoras se dividieron entre nacionales y extranjeras para el reparto de las licitaciones. No funcionó. Luego, entre grandes y chicas. Tampoco funcionó. Luego entre porteñas y del interior. Nuevo fracaso. Por eso Julio de Vido resolvió “cuotificar” las adjudicaciones.

Por eso, por más que el equipo de Mauricio Macri se apure, sea honestos y tenga voluntad, todo dependerá de cómo reaccione y actúe el viejo “club de la obra pública”, los verdaderos dueños de la pelota.

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