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Biodiésel

Tiempos difíciles para el sector

11-04-2014
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La actual situación del mercado de biocombustibles mantiene preocupados a los empresarios del sector y también al Gobierno. La Cancillería pidió finalmente ante la OMC la creación de un panel para que investigue los aranceles punitorios que la UE le impuso al producto argentino. Y, en paralelo, las principales empresas productoras decidieron reclamar la medida con una presentación ante la Corte Suprema del organismo europeo. La UE impuso a fines de noviembre pasado un arancel a las importaciones de biodiésel argentino de entre 22% y 26%, luego de dictaminar que el país competía de forma desleal y vendía el producto “por debajo de los costos”. Las compras ya habían sufrido complicaciones y restricciones desde fines de 2012, poco después del anuncio de la expropiación de YPF a la española Repsol.

“Estamos convencidos de que la Argentina no hace dumping y, por lo tanto, no corresponde ningún arancel adicional”, asegura Luis Zubizarreta, presidente de Carbio, la cámara que agrupa a empresas como Louis Dreyfus, Cargill, Molinos, Vicentin y Renova. “Esta es una medida paraarancelaria que apunta a proteger la industria europea que, como tiene poca eficiencia, le cuesta competir con la argentina, que es más eficiente en los procesos”.

La principal fortaleza del país es, según el discurso local, ser el principal exportador de aceite de soja y haber invertido con fuerza en la elaboración de biocombustibles. Más allá de los argumentos de cada una de las partes, en la industria saben que estos procesos de revisión son largos y temen que la Argentina quede finalmente a un costado del mercado internacional.

La situación es bastante apremiante, con plantas que trabajan a la mitad de su capacidad instalada o que directamente tuvieron que parar sus motores. Ante la reducción de la participación argentina, la producción de Brasil de biodiésel escalaría posiciones y se consolidaría a nivel mundial. Según un informe de la consultora Agripac, el país vecino podría pasar a ser uno de los principales exportadores de biodiésel este año, apuntalado por el apoyo del Gobierno brasileño y la puesta en marcha de veintidos nuevas plantas productoras.

Cada vez peor

2011 fue un año excelente para los envíos de biodiésel, que alcanzaron 1,6 millón de toneladas. En el último trimestre de 2012 empezaron los problemas y el año cerró con una leve merma hasta sumar 1,5 millón de toneladas. En el primer semestre del año pasado, las exportaciones casi se paralizaron aunque repuntaron en los últimos meses, lo que permitió que la caída fuese de “sólo” 26% interanual.

A pesar de los problemas para colocar la producción en la Unión Europea, una situación especial trajo cierto alivio en el segundo semestre del año pasado: algunos traders energéticos globales compraron biodiésel para sustituir una parte de gasoil, y abaratar el combustible que había elevado considerablemente sus precios. “Pudimos exportar porque ganamos competitividad vía precio. La energía tradicional subió sus costos, mientras que el precio de la aceite de soja, principal insumo del biodiesel, se mantuvo a la baja”, explica Zubizarreta.

Pero esta situación no se replicaría en 2014. El contexto cambió con una serie de medidas que empeoran las perspectivas. La imposición del arancel europeo establecido en noviembre le quitó competitividad al producto. Sin embargo, la peor noticia no fue esa: junto con esta medida, España, que recibía casi 80% de los envíos de biodiesel local, excluyó a las empresas productoras argentinas del cupo de compras de los próximos dos años. Los envíos a ese país quedaron directamente descartados. A esto se suma que, a partir de este año, no regirá el Sistema General de Preferencias con la UE, lo que implica que el biodiésel pagará un arancel adicional de 6,5%. Vale recordar que, además, las retenciones a las exportaciones del producto superan el 27%.

Este combo de dificultades podría convertir al 2014 en el peor año de la industria desde 2008, con exportaciones de tan sólo 700 mil toneladas, según proyecciones de la consultora de abeceb.com. Por otra parte, los especialistas aseguran que esta situación tendría consecuencias directas en el mercado internacional del aceite de soja, en el que la Argentina es uno de los principales jugadores.

Con las plantas de producción paradas, el aceite destinado al sector de biocombustibles se vuelca al mercado y deprime aún más los precios, tanto internos como externos. Una de las soluciones que se plantean es buscar nuevos mercados. Pero desde el sector insisten en que esa porción del comercio es acotada y que el mayor valor y estabilidad de las exportaciones está en el continente europeo donde rige la obligatoriedad del uso de mezclas con biocombustibles. Además, mercados demandantes como Estados Unidos también protegen su industria e imponen altos impuestos sobre la importación de biodiesel proveniente de la Argentina e Indonesia.

Asuntos internos

Con un panorama poco alentador para las exportaciones, las empresas tenían puestas sus fichas en el mercado interno. Tras el anuncio de los aranceles definitivos de la Unión Europea, el Gobierno había anunciado un esperado aumento en 2014 del corte en el gasoil de 8% a 10% para el sector automotor. Asimismo, se sumaba la novedad de llevar también al 10% “la mezcla” con biodiésel de los combustibles para las centrales eléctricas.

Se suponía que con estas dos medidas se incrementaría la demanda interna del biocombustible en cerca de 450 mil toneladas. No alcanzaba para suplir los problemas del mercado externo pero sería un alivio para la golpeada industria. Además, el Gobierno se aseguraba una reducción de una parte de la importación de gasoil. El ministro de Economía Axel Kicillof habló, en su momento, de un ahorro de US$ 50 millones.

Pero, hasta ahora, las bondades de estas propuestas no se concretaron. Las empresas explican que hubo un fuerte retraso de la publicación oficial de los precios de referencia de venta para el corte del gasoil, en medio de las turbulencias de la devaluación. Esto derivó en que la mezcla en los primeros meses del año no superase el 4%. Además, con la lista de precios y los aumentos en mano, los empresarios aseguran que no logran cubrir los costos. La queja proviene sobre todo de las grandes empresas productoras que tienen un precio obligatorio más bajo que el de las pymes del sector. Las compañías que producen menos de 50.000 toneladas por año perciben cerca de $ 6.700 por tonelada, las medianas $6.600, las grandes no integradas $6.200, mientras que las grandes e integradas cobran $5.300. Actualmente, las compañías gestionan la implementación de alguna forma de determinación del precio que tenga en cuenta la estructura de costos.

Por otra parte, los empresarios aseguran que les resulta bastante difícil competir con la importación del gasoil, que está exenta de impuestos. El biodiesel y el gasoil nacional están gravados por el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (19%) y el Impuesto al gasoil (22%) y, por una cuestión comparativa de precios, las petroleras prefieren el gasoil importado al corte con biodiésel. Por eso, exigen que se evalúe algún tipo de desgravación que equipare a ambos.

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