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Ventajas y desventajas de la vuelta al Fondo

La reanudación de la relaciones con el organismo podría derivar en algunas potenciales ventajas, pero también nos enfrenta con algunos interrogantes.

13-10-2016
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por Pablo Mira (*)

Luego de varios años en los que la política intentó por todos los medios deshacerse de las pautas y recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno decidió modificar de plano esta estrategia y acercarse rápidamente al organismo. La “vuelta al fondo” podría derivar en algunas potenciales ventajas, pero también nos enfrenta con algunos interrogantes.

En la década anterior, el alejamiento del FMI tuvo el objetivo explícito de eludir las recomendaciones de política económica del organismo, que contrsataban fuertemente con las de las autoridades económicas. Las propuestas del FMI para el manejo de la crisis 2001-2002 fueron descartadas con rapidez por el Gobierno entrante, y el éxito de la política adoptada para salir de la crisis probó que, finalmente, las recomendaciones tradicionales del organismo multilateral no eran las más adecuadas. En 2005, el Gobierno de Néstor Kirchner dio el golpe de gracia pagando de una sola vez el total de la deuda con el organismo en un contexto en el que parecía evidente que un acuerdo con el FMI no podría traer ningún beneficio macroeconómico concreto al país.

Con el tiempo, la virtud se fue tornando en necesidad, y los trastornos del alejamiento se hicieron notar. La caída sistemática de las reservas en oportunidad del cierre de la brecha externa trajo de nuevo a la mesa la discusión sobre las posibilidades de acceder al crédito internacional, donde el rol del FMI es importante y la ausencia de relación se notó, además, en ocasión de las arduas negociaciones con el Club de París. De todos modos, con una política que decididamente seguía enfrentada con las ideas del FMI, retomar la relación y tomar un crédito con la institución era una alternativa poco atractiva.

Hoy la situación es diferente. Hay una convergencia de ideas de política económica manifiesta entre el FMI y las autoridades, y el acercamiento era previsible. Entre las ventajas de la vuelta al organismo para el nuevo Gobierno contamos la asistencia técnica (por ejemplo, en la elaboración de estadísticas) pero, mucho más significativo, en disponer del sello aprobatorio que otorga el FMI para tomar deuda en los mercados del exterior a tasas menos gravosas.

Del lado de los interrogantes, aparece una situación algo paradójica. En los últimos años el FMI ha reconocido en varios documentos públicos sus fallos en materia de recomendaciones de política en el pasado (en Argentina, pero sobre todo en la periferia europea), y se ha empezado a cuestionar su diagnóstico tradicional de que el problema de los países es siempre fiscal (una broma interna dice que la sigla FMI en inglés, o sea IMF, significa “It's Mainly Fiscal”, que se traduce como “es principalmente fiscal”). Ocurre que el diagnóstico actual en Argentina tiene bastante en común con estas recomendaciones tradicionales que el organismo proponía y hoy revisa, y es posible que nos encontremos en la posición de no coincidir con el FMI por las razones exactamente opuestas a las de unos años atrás. Antes nos quejábamos de las políticas excesivamente liberales y contractivas del FMI, y ahora este parece considerar que la economía argentina no debería llevar a cabo un ajuste demasiado abrupto.

Esta situación paradójica es sencillamente el reflejo de los intensos cambios ideológicos que signan a la política local. Una vez más, el cambio de Gobierno significó un salto brusco en la política económica, y todavía estamos lejos de generar las condiciones para una estrategia común y gradual de mediano plazo para crear las bases del desarrollo.

(*) Economista.

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