Tensión

Guerra comercial: Trump cede ante todos, menos contra China

Una semana después de anunciar una cifra récord de aranceles, el mandatario ha decidido congelarlos para la mayoría por los próximos 90 días. Sin embargo, continúa incrementándolos contra China para obligarla a negociar. Por su parte, Pekín no da el brazo a torcer.

Guerra comercial: Trump cede ante todos, menos contra China
11 abril de 2025

Durante su primer mandato, Donald Trump dejó en evidencia que es un actor muy impulsivo, pero, a su vez, igual de racional. Y esta misma descripción aplica perfectamente al Trump 2.0.

Esta semana, el presidente de Estados Unidos decidió congelar los elevados aranceles que apenas impuso hace una semana en el "Día de la liberación"

Según Kevin Hassett, asesor económico de la Casa Blanca, la administración ahora estaba evaluando ofertas de más de una docena de países sobre acuerdos arancelarios. 



El propio Trump afirmó que hasta 75 países habrían hecho ofertas para intentar evitar los aranceles en su contra, lo que demuestra el "éxito" de su plan. Sin embargo, la situación es mucho más compleja de lo que parece. 

Para empezar, la revocación de Trump de los aranceles específicos por país no es definitiva, ya que el arancel general del 10% sobre casi todas las importaciones estadounidenses seguirá vigente.

Además, la congelación de 90 días tampoco aplica a los aranceles pagados por Canadá y México, ya que sus productos aún están sujetos a tarifas del 25% relacionados con la intención de Trump de frenar el tráfico del fentanilo.



Por otro lado, parece que el propio Trump quedó sorprendido del excesivo temor que su estrategia generó en los mercados, principalmente en lo que respecta a la venta de bonos del Tesoro. "El mercado de bonos es complicado. Vi anoche que la gente se estaba mareando un poco... saltando un poco", dijo el miércoles el mandatario mientras anunciaba la nueva medida. 

El gran temor de Trump es que el pánico se extienda a los bonos del gobierno, que suelen ser un refugio seguro durante la volatilidad económica. Y esto es lo que obligó a Trump a dar un giro de 180°, lo que a su vez hace que, poco a poco, vaya perdiendo credibilidad: en lo que va del año, ya son varias las oportunidades en las que ha tenido que dar marcha atrás con sus medidas, revelando que quizás no está dispuesto a llegar tan lejos como parece. 

Justamente, China, el segundo mayor poseedor de bonos del tesoro, comenzó a desprenderse de los mismos, lo que aumentó su rendimiento y hace que el costo de cubrir dicha deuda para EE.UU. sea más elevado. 



Sin embargo, esta herramienta también conlleva riesgos para Pekín, ya que una venta excesiva implicaría una devaluación del dólar y una apreciación del yuan, encareciendo sus exportaciones y reduciendo su superávit comercial. 

De todas formas, más allá de las suposiciones, la mayoría de los países celebró la noticia, principalmente en lo que respecta a Europa: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, confirmó que detendrá sus primeras medidas contra los aranceles estadounidenses.

La UE tenía previsto aplicar aranceles compensatorios sobre importaciones estadounidenses por un valor aproximado de US$ 23.250 millones el próximo martes, en respuesta a los aranceles del 25% impuestos al acero y al aluminio. Además, aún está evaluando cómo responder a los aranceles sobre los automóviles y a los gravámenes más amplios del 10% que siguen vigentes.



Hace unos días, en diálogo exclusivo con El Economista, Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y especialista en relaciones comerciales, consideró que "en un primer nivel, los aranceles tienen una función económica relacionada con la recaudación fiscal. Trump espera aumentar la recaudación para tener más músculo para el desarrollo de ciertas políticas (...) por ejemplo, podrá llevar a cabo algunas políticas industriales con más caja que antes".

"En segundo lugar, los aranceles y este modo de anunciarlos tiene como meta un reseteo de la estructura de la gobernanza económica internacional. Resulta un claro desafío al sistema multilateral de comercio y, de alguna manera, es patear la mesa para reconfigurar la forma en la que se llevan adelante las políticas comerciales. Rompe con la idea de nación más favorecida, empieza a incursionar con la regla de origen y, además, altera el valor de los acuerdos de libre comercio", agregó.

Por último, Zelicovich también remarcó que con los aranceles Trump busca obligar bilateralmente a los países a negociar tanto políticas económicas como otro tipo de asuntos a través de la vinculación de agendas.



Con China la cosa es diferente...

A diferencia del resto de los países, China no ha tenido la misma suerte: Trump anunció un aumento de los aranceles a las importaciones chinas al 125% desde el nivel del 104% anterior. 

Además, firmó una orden ejecutiva destinada a reducir el control de China sobre la industria naviera mundial y revivir la construcción naval estadounidense.

Según el propio Trump, los aranceles buscan corregir los desequilibrios comerciales con China: en 2024, este país tuvo un superávit comercial de US$ 295.000 millones con EE.UU. sobre un total de exportaciones de US$ 438.000.



Pero Pekín, lejos de dar el brazo a torcer, podría volver a responder de la misma manera después de haber impuesto aranceles del 84% a las importaciones estadounidenses. China "llegará hasta el final" si Estados Unidos persiste, declaró la portavoz del Ministerio de Comercio, He Yongqian.

La realidad es que en Pekín son conscientes de que esto va mucho más allá de una guerra comercial: tal como lo declaró el propio Trump, y al igual que el expresidente Joe Biden, China es el principal desafío de Estados Unidos en el siglo XXI. Por ello, su principal misión es contener el crecimiento del Gigante Asiático.

Esto mismo puede observarse en otras estrategias norteamericanas, como el retiro de Washington de la guerra en Ucrania, lo cual le permitiría destinar esos recursos a la contención de Pekín en el Indo-Pacífico. 



En este sentido, más allá de algunos objetivos a corto plazo, como ser un acuerdo comercial en el que China se comprometa a comprar más materias primas estadounidenses o una posible revaluación del yuan frente al dólar, la realidad es que las tensiones no terminarán. 

Pero el principal problema para Trump es que su enfoque de presión parece no estar funcionando contra China, un país de una cultura milenaria que, tras la humillación sufrida a manos de las grandes potencias occidentales con los Tratados Desiguales del siglo XIX, parece no estar dispuesta a ceder nuevamente.

Tanto es así que el propio Trump empieza a impacientarse: "China quiere llegar a un acuerdo. Simplemente no saben cómo hacerlo", declaró esta semana, aunque insiste (incluso a modo de ruego a veces) con que pronto alguien lo llamará desde Pekín. 



Mientras estos dos gigantes siguen disputándose la hegemonía global, la que sufre es la economía internacional: según la Organización Mundial del Comercio, las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China podrían reducir el comercio de bienes entre las dos economías hasta en un 80%.

"Esta estrategia de ojo por ojo entre las dos economías más grandes del mundo, que juntas representan aproximadamente el 3% del comercio global, conlleva implicaciones más amplias que podrían dañar gravemente las perspectivas económicas mundiales", afirmó la OMC, que estimó que dividir la economía global en dos bloques podría llevar a una reducción a largo plazo del PIB real mundial de casi el 7%.

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