Análisis

Con Francia a la cabeza, Europa se prepara para un futuro sin EE.UU.

Tras la vuelta de Donald Trump, los países europeos parecen haber comprendido que ya no contarán con la defensa de EE.UU. Sin embargo, pese a la voluntad de resolver el problema, la situación seguirá siendo crítica para el Viejo Continente a corto y mediano plazo.

Con Francia a la cabeza, Europa se prepara para un futuro sin EE.UU.

Aunque no hay una fecha definida, la guerra de Ucrania parece estar cada vez más cerca de su fin: el presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo que, en principio, apoyaba la propuesta de Estados Unidos para un alto el fuego.

Pero el líder ruso hizo una extensa lista de aclaraciones que demuestran que dicho alto el fuego no se producirá a la brevedad. 

"Estamos de acuerdo con las propuestas de cesar las hostilidades. La idea en sí es correcta, y ciertamente la apoyamos", dijo Putin. 



"Pero partimos del hecho de que este cese debe ser tal que conduzca a una paz a largo plazo y elimine las causas originales de esta crisis ¿Cómo podemos y cómo vamos a tener la garantía de que nada de esto va a suceder? ¿Cómo se organizará el control (del alto el fuego)?", agregó. 

En este sentido, dejó en claro que "tenemos que hablar con nuestros colegas estadounidenses (...) Si detenemos las hostilidades durante 30 días, ¿qué significa eso? ¿Que todos los que están allí se irán sin luchar?".

El dilema de Europa

Aunque el fin de la guerra será una gran noticia para el mundo en general, sin dudas, es un gran dolor de cabeza para el resto de los países europeos.



Desde hace años, y junto con el gobierno de Joe Biden, el Viejo Continente se comprometió con la causa de Kiev. Pero, cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca, la política exterior de Washington dio un giro de 180°.

Lejos de preocuparle Rusia, ahora Trump parece interesado en acercarse a este país para, de esta manera, poder dedicar todas sus fuerzas a contener a China. E incluso sus funcionarios ya les han dejado en claro a los europeos que, a partir de ahora, deberán defenderse por sí solos.

Dicha situación le pone fin a la política de defensa que Europa ha "aplicado" en los últimos años, en la que, básicamente, confió en la protección ofrecida por EE.UU., país que hasta fines del siglo XX tuvo como máximo enemigo a la Unión Soviética. 



Confiar en la protección estadounidense les permitió a los europeos destinar miles de millones de dólares a gasto social, dejando de lado las inversiones en su propia defensa. 

Pero ahora, la llegada de Trump les ha recordado a los europeos que, en un mundo anárquico, los países no pueden confiar en nadie, por lo que dependen de ellos mismos para sobrevivir. 

trump putin
Para muchos, Trump se acerca peligrosamente a Putin



Sin tiempo que perder

Ante la crítica situación, la Unión Europea ya comenzó a tomar cartas en el asunto: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado un plan para enviar préstamos de hasta 150.000 millones de euros a los gobiernos a fin de ayudarlos a aumentar el gasto militar durante los próximos cinco años. 

Este no sería dinero que ya existe, sino que  implicaría que la Comisión utilizara su peso financiero para pedir prestado dinero. Luego, Bruselas les prestaría a los gobiernos individuales dicho dinero y, finalmente, estos lo tendrían que devolver.

Sin embargo, la cifra todavía se queda corta en comparación a los más de US$ 830.000 millones que EE.UU. gastará en 2025.



El plan de Von der Leyen, que aún debe ser aprobado por los gobiernos, planea desbloquear hasta 800.000 millones de euros de gasto adicional en defensa. El objetivo es que la mayoría de los países gasten más del 3% de su PIB en defensa en un futuro cercano. 

Pero, aunque los países europeos ahora parecen entender por qué EE.UU. durante años les pidió que gastasen el 2% de su PIB en defensa, la situación no será fácil de resolver. 

Por un lado, dicha política implicará que estos países deberán recortar su gasto en pensiones, salud y seguridad social, algo que la población sentirá de lleno. 



Según una revisión de Moody's sobre los seis grandes países de Europa, aumentar el gasto en defensa al 4% del PIB, aún por debajo del umbral del 5% que pide Trump, significaría una reasignación de hasta el 6% del gasto público.

Por ejemplo, Francia, país que aspira a liderar el rearme europeo, necesitaría invertir 30.000 millones de euros extra para llegar al 3%. Y eso no parece muy viable en un momento en el que el déficit público del país es del 6,6%, más del doble del estándar de la UE.

Por otro lado, aunque el dinero necesario apareciese por arte de magia, la realidad es que la capacidad industrial para llevar adelante este tipo de inversión está realmente limitada, ya que actualmente se encuentra a máxima potencia.



¿Puede Francia liderar?  

La actual crisis europea parece darle la razón al presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien, desde que llegó al poder en 2017, ha insistido con profundizar la autonomía europea. 

Macron, como la mayoría de sus antepasados, siempre ha desconfiado de Washington. Por ello fue el primero en confirmar que París ya está analizando ofrecerles su protección nuclear a sus aliados europeos.  

"Estados Unidos, nuestro aliado, ha cambiado su posición sobre esta guerra, apoya menos a Ucrania y está poniendo en duda lo que sucederá a continuación. Quiero creer que Estados Unidos permanecerá a nuestro lado, pero debemos estar preparados si ese no fuera el caso", explicó. 



Aunque Francia sigue comprometida tanto con la OTAN como con su asociación con Estados Unidos, necesita "hacer más" para fortalecer su propia "independencia en asuntos de defensa y seguridad", agregó.

Los comentarios de Macron fueron en respuesta al pedido del flamante próximo canciller de Alemania, Friedrich Merz, quien abogó por conversaciones con Francia y el Reino Unido, las dos potencias nucleares de Europa, para ampliar su protección nuclear.

La actual situación también parece haberle dado la razón al histórico héroe de guerra y presidente francés Charles de Gaulle, quien en la década de los 60 impulsó el desarrollo del arsenal nuclear galo. 



En ese momento, De Gaulle le preguntó a John F. Kennedy si estaba dispuesto a usar sus armas nucleares y sacrificar Nueva York para salvar a París, pero Kennedy, evitando dar una respuesta directa, dijo que lo único que importaba era que los rusos lo creyeran.

De esta manera, Francia se convirtió en el único país con ojivas atómicas que no recibió ayuda ni de EE.UU., ni de la URSS, ni de China para desarrollarlas. 

macron
Macron observa un cuadro de Charles de Gaulle



Actualmente, con 290 y 225 armas nucleares respectivamente, Francia y el Reino Unido son la cuarta y la quinta potencia nuclear del mundo. Sin embargo, aún están muy lejos de las más de 5.000 de Rusia. 

Sin embargo, la ventaja de París sobre Londres para ofrecer un "paraguas nuclear" en Europa radica en varias cuestiones: en primer lugar, mientras que el Reino Unido solo puede lanzar sus misiles a través de sus submarinos, Francia también puede equipar algunos de sus aviones de combate con misiles nucleares. Así, estacionando estos aviones en otros países, podría enviar un mensaje directo para disuadir cualquier posible acción rusa.



A esto se suma que las cabezas nucleares británicas están colocadas sobre misiles balísticos estadounidenses construidos por Lockheed Martin.

Además, mientras que el Reino Unido solo podría utilizar sus armas nucleares para responder un ataque de igual índole, Francia se reserva el derecho de llevar a cabo un ataque nuclear limitado de "advertencia final". Es decir, la estrategia gala incluye un ataque atómico a una provocación no nuclear.



Por lo tanto, si bien Francia tiene un arsenal limitado, podría ser suficiente para disuadir a Moscú, aunque, primero, debería cambiar su doctrina nuclear, que reserva este tipo de armas francesas solo para uso nacional. 

Justamente, intentando superar dicha traba, en 2020, el propio Macron dijo que los "intereses vitales" de Francia tienen una "dimensión europea", comentarios que reiteró recientemente. 

Sin embargo, la ley también prohíbe el emplazamiento de armas atómicas fuera de Francia, algo que debería ser modificado para que Rusia realmente crea en este posible "paraguas europeo".



De todas formas, más allá de estas suposiciones, la verdadera pregunta es si Macron o sus sucesores estarán dispuestos a sacrificar París para salvar a Varsovia o Praga.

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