Análisis

La era Trump: un mundo más caótico se asoma con la reconfiguración de EE.UU.

Aunque muchos aseguran que el mundo ya conoce a Donald Trump, su versión 2.0 parece mucho más radical que la de su primer mandato e incluso los cambios que propone podrían dejar una huella en el Sistema Internacional y en el rol que EE.UU. ejercerá en él en el futuro.

La era Trump: un mundo más caótico se asoma con la reconfiguración de EE.UU.
Damián Cichero 7 febrero de 2025

Donald Trump apenas lleva un poco más de dos semanas en el poder. Sin embargo, la intensidad de sus primeras medidas ya deja en evidencia lo que le espera al mundo durante los próximos cuatro años.

El magnate parece haber regresado al poder con un objetivo -el mismo que en su primer mandato-, aunque esta vez parece saber los pasos a seguir para lograrlo: acabar con el orden internacional liberal creado por EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial.

En su momento, Washington, uno de los grandes vencedores de la contienda más importante en la historia de la humanidad, creó un sistema de instituciones para afianzar su posición. 



Este orden liberal, caracterizado por estar basado en "reglas", principalmente se centró en el tema económico, con el FMI y el Banco Mundial como sus principales estandartes. Pero, con el paso del tiempo, se especificó que dicho orden también debía estar acompañado de otras reglas, como las democráticas y de derechos humanos.

Dicho sistema llegó a su apogeo tras la caída de la Unión Soviética, cuando se cristalizó el famoso "momento unipolar" en el que EE.UU. se consolidaba no solo como la gran potencia del momento, sino como, quizás, el único país en la historia de la humanidad con la capacidad de intervenir en todo el mundo. 

No obstante, para desgracia de Washington, todo lo que sube, tiene que caer: la propia anarquía del sistema internacional obliga a las potencias a pagar cada vez más costos por mantener su posición hegemónica, mientras otros países se aprovechan del sistema sin hacer grandes aportes. 



Así fue que, mientras que EE.UU. comenzó a debilitarse por intervenciones innecesarias, como las de Irak y Afganistán, China y Rusia se fue beneficiando del orden económico liberal (recuérdese el benevolente ingreso de Pekín a la OMC a principios de los 2000).

De todas formas, Trump, a diferencia de las administraciones demócratas, parece haber comprendido qué rol debe ocupar su país a partir de este momento: el de una gran potencia, pero no el de un hegemón. 

Desde su primer mandato, Trump se ha apuntado contra el supuesto robo de tecnología por parte de China, además de implementar normas prohibidas por la OMC, como el dumping o los subsidios. 



Y, mientras el Gigante Asiático crecía a "tasas chinas" (según Trump, gracias a estas prácticas desleales), EE.UU. veía cómo su deuda pública ascendía hasta los US$ 36 billones (añadió US$ 23 billones desde 2008, un aumento del 230%). 

Y, entre muchas de las causas de ese increíble incremento de deuda, se encuentra el financiamiento internacional de EE.UU. para afianzar el orden liberal. 

Donald Trump
 



Una nueva era

Desde que Trump llegó al poder, ha tomado drásticas decisiones que demuestran que su política exterior, lejos de estar guiada por ideales democráticos o liberales, será lo más pragmática posible (déjese de lado el vínculo con Israel, único país que todavía parece tener la capacidad de influir en EE.UU.).

Para empezar, aunque por el momento fueron congelados, Trump confirmó aranceles del 25% contra México y Canadá, los dos principales socios comerciales de EE.UU. Además, ya ha advertido en más de una ocasión que la Unión Europea va en camino a sufrir la misma suerte. 

El magnate ya ha dejado en evidencia que el apoyo a Ucrania cesará tarde o temprano, mientras que a Taiwán ya comienza a exigirle que pague por la protección que EE.UU. le brinda contra China. 



En este sentido, no pueden dejar de mencionarse las reiteradas amenazas de Trump contra los miembros de la OTAN si estos no aumentan su gasto en defensa, algo que parece tener sentido al ver cómo se ha comportado Europa en las últimas décadas, abusándose del poderío norteamericano. 

Trump también ha tomado medidas más de fondo que, literalmente, apuntan a permitir que EE.UU. se desligue de su obligación de mantener el orden liberal.

Así, además de nuevamente insistir con la salida de su país del Acuerdo Climático de París y de la OMS, a las cuales el Gigante Norteamericano envía millones de dólares por año, ahora apunta contra la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID)  y la Fundación Nacional para la Democracia (NED).



Por un lado, la USAID fue creada en 1961 para ejercer lo que, en la jerga de las Relaciones Internacionales, se conoce como Soft Power (poder blando). 

En otras palabras, con un presupuesto de más de US$ 50.000 millones, la USAID es la principal responsable de administrar la ayuda exterior civil y la asistencia para el desarrollo (la agencia representa más de la mitad de toda la asistencia exterior de Estados Unidos).

Este mismo jueves, Trump volvió a atacar a la USAID: "Parece que se han robado miles de millones de dólares, gran parte de los cuales van a los medios de noticias falsas como "PAYOFF" por crear busnas historias sobre los demócratas". 



En cuanto a la NED, fue creada por iniciativa de Ronald Reagan, en 1983, con el objetivo de expandir la democracia en el mundo.

Respecto a la OMS, Trump dijo que EE.UU., que es el mayor financiador de la misma, podría regresar solo si se implementa una amplia reforma, incluyendo poner un estadounidense a cargo. 

trump
 



El nuevo objetivo 

Sin dudas, la nueva política exterior de Trump (acompañada de importantes reformas internas, principalmente en lo que respecta a políticas de género y cambio climático) disminuirán el poder de influencia estadounidense. 

Y, en parte, eso es lo que busca Trump: aunque públicamente hable del decaimiento de su país, parece difícil creer que no sea consciente del poder que aún mantiene

Con una inflación claramente a la baja, la tasa de desempleo en EE.UU. se encuentra en un valor muy positivo del 4,1%. 



Además, en 2024, su economía creció 2,8% (fue el país que mejor performance registró dentro del G7), a lo que se suma que, a diferencia de Europa y China, está lejos de enfrentar una crisis demográfica. 

En otras palabras, el futuro parece ser alentador para EE.UU. si, como Trump lo desea, inicia un repliegue que lo transforme de una hegemonía mundial a un gran poder del siglo XXI o, mejor dicho, una potencia entre pares. 

Sin embargo, aunque esto podría ser muy beneficioso para EE.UU., también es cierto que el orden liberal ha permitido evitar las grandes guerras en los últimos 80 años. 



Y aunque Trump no inicie una guerra, su idea de que EE.UU. abandone su papel de líder internacional o policía mundial podría llevarnos a un mundo mucho más inestable, en donde la nueva regla de convivencia sea "sálvese quien pueda". 

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