Por Damián Cichero
Donald Trump tiró la primera piedra y los demás no tardaron en contestar: este viernes, China anunció aranceles adicionales del 34% a los productos estadounidenses.
En lo que parece una remake de lo sucedido entre 2017 y 2020, una nueva guerra comercial entre Estados Unidos y China está comenzando (aunque esta vez muchos más países están siendo apuntados por Washington).
El miércoles, Trump anunció aranceles para más de 100 países, incluida la propia China (34%), la Unión Europea (20%), India (26%), Corea del Sur (25%) y Japón (24%), entre otros.
Pero, como era de esperar, Pekín no tardó en reaccionar: además de los aranceles adicionales, también confirmó controles a las exportaciones de algunas tierras raras y presentó una queja ante la OMC.
También agregó 11 entidades a la lista de "entidades no confiables", lo que le permite tomar medidas punitivas contra actores extranjeros, incluidas empresas vinculadas a la venta de armas a Taiwán.
Por su parte, la UE está dividida sobre la mejor manera de responder a los aranceles. Entre varias de las opciones que Bruselas maneja se incluye el uso del "Instrumento Anticoerción" que le permite al bloque tomar represalias contra terceros países que la presionan económicamente para que cambie sus políticas.
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, le pidió a las empresas que congelen la inversión en Estados Unidos.
¿A qué juega Trump?
La mayoría de los expertos ya anticiparon que los aranceles podrían reavivar la inflación en Estados Unidos, además de aumentar el riesgo de una recesión e incrementar los costos para la familia estadounidense promedio en miles de dólares.
Por ello, ante esta crítica situación, una de las grandes preguntas es qué busca Trump con esta estrategia.
En diálogo con El Economista, Julieta Zelicovich, Doctora en Relaciones Internacionales y especialista en relaciones comerciales internacionales, consideró que "en un primer nivel, los aranceles tienen una función económica que tiene que ver con la recaudación fiscal. Trump espera aumentar la recaudación para tener más músculo para el desarrollo de ciertas políticas (...) por ejemplo, podrá llevar a cabo algunas políticas industriales con más caja que antes".
"En segundo lugar, los aranceles y este modo de anunciarlos tiene como meta un reseteo de la estructura de la gobernanza económica internacional. Es un claro desafío al sistema multilateral de comercio y, de alguna manera, es patear la mesa para reconfigurar la forma en la que se llevan adelante las políticas comerciales. Rompe con la idea de nación más favorecida, empieza a incursionar con la regla de origen y, además, altera el valor de los acuerdos de libre comercio", agregó.
Por último, Zelicovich también remarca que con los aranceles Trump busca obligar bilateralmente a los países a negociar tanto políticas económicas como otro tipo de asuntos a través de la vinculación de agendas.
"Esta es una herramienta de negociación donde el ejecutivo se reserva la potestad de modificar para arriba o para abajo los aranceles en función de lo que hagan los otros países", explica.
Respecto a si Trump podría dar marcha atrás con las medidas, Zelicovich opina que "se puede esperar que los retire como parte de un paquete de negociación, aunque también esto podría suceder en función del lobby doméstico norteamericano, que son los importadores, los consumidores y los productores nacionales afectados negativamente por las medidas. También podrían retirarse por ciertas cuestiones institucionales, ya que se empieza a argumentar que Trump se está excediendo en el tipo de aranceles y en las causas de los mismos".
Pero, mientras el mundo observa con preocupación la situación, en Argentina se intentó argumentar que los aranceles del 10% en contra de nuestro país fueron un triunfo.
"Claramente que nos hayan impuesto los aranceles más bajos es un motivo de satisfacción", aseguró el portavoz presidencial, Manuel Adorni.
Sin embargo, Zelicovich consideró que esto no es un triunfo para el gobierno, aunque tampoco es una derrota: "Ese 10% es el reflejo del modo en el que Trump lleva adelante las políticas basadas en intereses y en ideas, lo que derivó en una fórmula matemática".
La fórmula toma el déficit comercial de EE.UU. con otro país y luego divide dicha cifra por las importaciones estadounidenses desde ese país. Luego, el resultado se divide por dos para producir un arancel "recíproco", con un piso del 10%.
Por ejemplo, en el caso de China, este país tuvo un superávit comercial de US$ 295.000 millones con EE.UU. en 2024 sobre un total de exportaciones de US$ 438.000. Esto es un ratio del 68% que, dividido por dos, da como un resultado un arancel del 34%.
En esta línea, Zelicovich explicó que en 2024 Argentina tuvo un superávit mínimo, por lo que el déficit que le provocó a Estados Unidos fue bajo, lo que da como resultado matemático un arancel del 10%.
"Consideremos que en otras aristas de esta escalada, como por ejemplo los aranceles al acero y al aluminio, Argentina no está exceptuada", remarcó.