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BlackBerry: ¿el cuento de hadas puede terminar mal?

Del estrellato a la pelea por la supervivencia.

28-06-2012
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En febrero de 2010, Black- Berry ostentaba el 42% de penetración en el mercado estadounidense de teléfonos móviles inteligentes. Hoy, apenas llega al 15%. En el ínterin, renunció a sus puestos buena parte de la plana mayor de la empresa RIM, su fabricante. Sus ganancias se derrumbaron en 47% durante el último trimestre y las ventas de sus equipos sumaron 11 millones de unidades, la mitad de lo que exhibió su principal rival, el iPhone de Apple. La cifra es, además, 21% inferior a la que mostraba su balance trimestral anterior.

Desde hace algo más de un año, RIM no logra alcanzar sus propios pronósticos de ventas y rentabilidad. En el último trimestre, los ingresos sumaron US$ 4.190 millones, 10% menos de lo que estaba previsto, y se registró una pérdida neta de US$ 125 millones, una cifra preocupante si se la compara con la ganancia de US$ 934 millones que había alcanzado un año antes. Enfrentado al peso de la crisis, su flamante CEO, el alemán Thorsten Heins (colocado en el puesto de timonel en enero de este año) , decidió poner la frágil salud de la compañía en manos de los expertos de dos bancos de inversión: JPMorgan y RBC Capital.

Cuesta creer, ahora, que apenas cuatro años atrás la revista Fortune consagró a RIM como la empresa de más acelerado crecimiento de todo el mundo, en reconocimiento a sus records de ganancias, que se expandían a un ritmo del 80% anual. Entonces, la compañía creadora del BlackBerry parecía encarnar a la perfección el papel central de un cuento de hadas contemporáneo. Sus orígenes fueron, por cierto, más que modestos. Nació en 1984 en Waterloo, un pueblo de la provincia canadiense de Ontario, como una consultora tecnológica que luego se dedicó a vender lectores de códigos de barras y aparatos de radiomensajes.

El advenimiento de BlackBerry, que le haría ganar fama y fortuna, se produjo casi dos décadas más tarde, en 2003. Con su pequeño teclado (una versión miniaturizada del que inauguraron las antiguas máquinas de escribir y reproducirían luego las PCs) y sus elevados estándares de seguridad, el nuevo dispositivo se impuso rápidamente en el mercado. La marca llegó a convertirse en un verdadero nombre genérico de la entonces naciente generación de celulares inteligentes.

El gran tropiezo

Pero los años dorados de liderazgo indisputado concluirían en 2007, cuando Apple lanzó su iPhone. La cuestión no parecía entonces demasiado preocupante para los directivos de la empresa canadiense. El Black- Berry había logrado imponerse, sobre todo, como el celular elegido por el mundo empresario y también por infinidad de organismos públicos para equipar a empleados, ejecutivos y funcionarios con un dispositivo de comunicación confiable y eficiente. El teléfono móvil lanzado al mercado por Steve Jobs apelaba, en cambio, a la imaginación y el deseo de millones de consumidores individuales, no a la estrategia corporativa de los gerentes de empresas.

Tampoco Google, con su sistema operativo para celulares Android, adoptado con éxito por la coreana Samsung, asomaba entonces como una amenaza, puesto que también apuntaba al mercado de los usuarios particulares. Los ejecutivos de RIM evaluaron entonces que, sin un teclado físico como el del BlackBerry, el iPhone nunca lograría imponerse entre empleados y funcionarios, para quienes la posibilidad de manejar el tráfico de correos electrónicos desde su celular resultaba de importancia vital.

“El iPhone tiene severas limitaciones a la hora de tipear un mensaje”, razonó el entonces CEO de la compañía Mike Lazaridis. Pero el teclado virtual en la pantalla no frenó el apetito de millones de consumidores por acceder a las ventajas del iPhone: un procesador más veloz, más memoria, cámara digital incorporada y un eficaz navegador de la web. Los directivos de RIM desdeñaron estos factores y demoraron demasiado tiempo en tratar de cerrar la brecha con el nuevo competidor. Por otro lado, tanto Apple como Google cosechaban el aplauso de los usuarios con su oferta de aplicaciones gratuitas o de bajo precio que permitían personalizar los equipos, algo que RIM sólo tendría disponible años después.

Cambio de hábitos

Y entonces sobrevino la catástrofe. Con la crisis económica de 2009 mordiéndoles los talones, los gerentes del área de informática de las grandes compañías cedieron a la presión de cientos de miles de empleados y ejecutivos que querían llevar al trabajo el mismo móvil de pantalla táctil que les ofrecía un amplio y cómodo acceso a la Web. Conscientes de las ventajas de costo que generaría este cambio de hábitos, los directivos de compañías de todos los sectores desarrollaron y aplicaron programas denominados genéricamente “traiga su propio equipo” (BYOD fue la sigla en inglés que no tardó en popularizarse).

Las cosas ya estaban, entonces, bastante mal para RIM cuando, en octubre del año pasado, una falla de la red dejó a millones de sus usuarios sin acceso a sus correos electrónicos durante tres días. El sólido pedestal de confiabilidad comenzó a resquebrajarse. El BlackBerry descendió de su trono a la misma velocidad con que había ascendido. El valor de mercado de RIM cayó 64% en el último año. Y si se hace la comparación con su momento de mayor esplendor, el derrumbe es más notorio.

En mayo de 2008, los inversores habían llevado su valor bursátil a US$ 78.320 millones. Ahora, si alguien quisiera comprar la totalidad de sus acciones sólo necesitaría US$ 7.520 millones; es decir, algo menos de la décima parte de lo que se requería apenas cuatro años atrás. Y esto refleja, en buena medida, los errores estratégicos en que incurrió la anterior conducción. En los cinco años transcurridos desde el lanzamiento del iPhone, la compañía no consiguió levantar la apuesta con un modelo superador.

Desde hace algún tiempo promete innovaciones significativas con el BlackBerry 10, que tras muchísimas postergaciones debería llegar a los usuarios en los últimos tramos del año. En 2010, sin embargo, RIM decidió contraatacar a Apple en otro terreno. Lanzó entonces el Play- Book, con la intención de avanzar por el flanco que había abierto el ya entonces exitoso iPad. Los resultados fueron desastrosos. Los analistas del mercado informático no logran descifrar aún cuál es el verdadero significado de la decisión de RIM de convocar a expertos de bancos de inversión para que orienten su estrategia futura.

Abundan, claro, los que dan por sentado que el gesto involucra, en mayor o menor medida, la intención de vender todo o parte del negocio. Una de las hipótesis más mencionadas es que RIM ha considerado la idea de dejar de fabricar equipos para convertirse en una compañía de software y servicios, que podría proveer su know how a otros colosos del universo tecnológico. Otros creen, en cambio, que está a la búsqueda de un gran socio, un jugador del tamaño de Microsoft o Facebook, para reverdecer sus laureles.

En declaraciones recientes, Heins admitió explícitamente esa posibilidad. Luego de asegurar que el cuerpo directivo de la compañía está decidido a avanzar con una estrategia de cambio para recuperar su antiguo esplendor, reconoció que si los análisis en curso indicaban que lo mejor era vender la compañía (total o parcialmente), “lo consideraríamos”. Con la misma franqueza anticipó “tiempos difíciles para los accionistas de la empresa, que probablemente se prolongarán por varios trimestres”. Aunque Heins y el resto de los altos ejecutivos de la compañía aseguraron que seguirán ofreciendo celulares para el mercado minorista, la idea es volver a concentrarse en los grandes clientes (empresas y sector público). “BlackBerry no puede avanzar si tratamos de orientarla hacia todo el mercado, así que nos proponemos enfocarnos en nuestras fortalezas”, reveló el CEO.

El norteamericano Eric Jackson, un reconocido analista del sector tecnológico, escribió recientemente una columna en la que le recomienda a Mark Zuckerberg, el fundador y timonel de Facebook, que compre las acciones de RIM. “Es una empresa con vasto conocimiento en la producción de celulares inteligentes y la provisión de servicios en plataformas móviles. La compañía no pasa por un buen momento y podría resultar una oportunidad de inversión barata y ventajosa. Es la solución ideal para que Facebook incorpore tecnología móvil”, sentenció. Otros analistas coinciden en contemplar a RIM desde un ángulo positivo. La compañía no está endeudada y cuenta con 77 millones de usuarios de su red en todo el mundo, entre los cuales se encuentra nada menos que el presidente estadounidense Barack Obama. Y aunque el mercado norteamericano ha sido el escenario de sus grandes tropiezos, su prestigio y su popularidad continúan firmes en gran parte del mundo en desarrollo, como Latinoamérica.

(De la edición impresa)

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