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Tratemos de escucharlo

El Gobierno se agravia del paro porque “estamos saliendo”. La CGT lo lleva a cabo porque la salida no se siente y porque no cree que las medidas instrumentadas den resultado

07-04-2017
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Lo exacto es insignificante. Viene a cuento recordar esta lección, en cuatro palabras, de René Thom, el celebre matemático fundador de la Teoría de la Catástrofe. Una excusa para abundar en citas numéricas que nos tienen que ayudar a pensar. Pensar para ser mejores y para estar mejor. Las dos cosas. Veamos.

El Presidente ha afirmado, antes del paro del jueves 6 de abril, que el mismo representaría una pérdida de valor agregado del orden de los $15.000 millones.

No es la exactitud de esta estimación lo que está en juego sino el hecho, mucho más significativo, que la pérdida de un día de labor conlleva esas cifras extraordinarias de riqueza venteada sin poder ser aprovechada.

Lo paradójico es que la razón de este paro, que puede haber representado esa pérdida de valor agregado, se realiza para llamar la atención sobre la pérdida de valor agregado que representa el desempleo involuntario más un porcentaje no menor de desocupados parciales, más un porcentaje tampoco menor de los que ha dejado de buscar trabajo, más el porcentaje significativo no menor de aquellos que, finalmente, carecen de las posibilidades de ejercer un trabajo productivo.

La suma de desocupados francos, parciales, desertados o como los queramos llamar ?descontado de lo friccional inevitable-, representa una enorme pérdida de potencial de valor agregado que, con el mismo método, suma mucho más de $15.000 millones.

Podemos estimar, sin exactitud, que toda esa pérdida de valor que representa la larga recesión o el profundo estancamiento o como lo queramos llamar sobre las mismas bases imprecisas de cálculo, aplicando matemáticas parecidas, nos reporta una pérdida de valor agregado en el año de $500.000 mil millones.

Si un día de paro de toda la fuerza laboral cuesta, en términos de valor agregado perdido, la friolera de $15.000 millones, la tasa de paro, subempleo, deserción de la búsqueda de trabajo y deterioro de la capacidad laboral por todas las razones que ya sabemos, representa más de 30 veces más. No es exacto. Ni lo uno ni lo otro.

Pero ambos cálculos representan algo muy significativo: el despilfarro de recursos, la pérdida de producto potencial que representa fuerza de trabajo no aplicada a la generación de valor más el desempleo de capital que representa la enorme capacidad ociosa prolongada en el tiempo.

El conflicto

El desencuentro entre el Gobierno y la CGT que convocó al paro, nace de que la CGT paró para llamar la atención sobre la pérdida social que representa una economía operando por debajo de su potencial.

En buen romance, la pérdida de valor agregado que representa una economía estancada o en recesión o una economía sin capacidad de brindar empleo a toda su fuerza laboral y al capital invertido sin ser explotado.

El Presidente con razón denuncia la pérdida de valor, que la estimó en $15.000 millones. Y la CGT señala que esa pérdida de valor debió inferirla para llamar la atención al Gobierno sobre una gestión económica, primero la heredada y después la puesta en marcha por este mismo Gobierno, que no ha logrado reducir la mecánica de la pérdida de valor (estancamiento) o que le ha inferido una pérdida mayor (caída del PIB).

El Gobierno se agravia del paro porque entiende que “ya estamos saliendo”. Y la CGT lo lleva a cabo, primero porque “la salida” no se siente (lo que es innegable) y, segundo, porque no cree que las medidas instrumentadas a la fecha vayan a dar un resultado que no se siente ni se ve.

El parentesco, el aire de familia si Ud. quiere, de algunas medidas en vigor con políticas que han generado, en su momento y de manera reiterada, enormes costos sociales, hace legítima la reacción preventiva si no se han logrado resultados y, lo que es peor, si no se ha procurado exponer un programa que permita alentar grandes esperanzas en materia de realización, inmediata o en breve, del producto potencial. Y mucho menos generar expectativas sobre la expansión del producto potencial derivada del incremento en la tasa de inversión.

El paro

En este punto aparece un tema que hay que comprender para entender la lógica del paro decidido por la CGT.

Primero, nadie cree que el paro constituya una herramienta que solucione algún problema. El paro es una herramienta que trata de poner en blanco y negro el papel del movimiento obrero organizado en las definiciones de la política económica. Pasemos a inventariar instrumentos y objetivos.

Las convenciones colectivas tienen como misión acordar el sistema de trabajo y la remuneración de los trabajadores de un sector determinado. En procesos inflacionarios las convenciones se han convertido en mecanismos de recuperación del poder de compra erosionado en el proceso inflacionario y en procesos de cambio tecnológico o productivo en mecanismos de adaptación de las condiciones de trabajo. Las convenciones son un instrumento fundamental pero limitado al ámbito sectorial.

La estrategia “a la holandesa” incorporada por el Gobierno en los últimos días, para sectores sensibles, es una herramienta de mucho valor en la que el Estado aporta instrumentos destinados a apoyar la transformación de los sectores con una visión hacia delante. Es decir mejoras en la productividad, procura de mantenimiento de las fuentes de trabajo basadas en la inversión y la expectativas de fortalecer la competitividad sectorial a los efectos de ganar participación de mercado en el orden interno y en el orden internacional. Es una excelente estrategia gubernamental que tiene, como ha quedado claro, el apoyo sindical sectorial.

Se puede avanzar en la solución de las convenciones colectivas, se puede avanzar en los acuerdos “a la holandesa” y, sin embargo -esta es la tercera vinculación CGT, Estado, empresarios -, como consecuencia de la situación macroeconómica o como alerta sobre la determinación de una estrategia de mediano o largo plazo, el movimiento obrero, la CGT, percibe la ausencia de resultados o riesgos de mediano o largo plazo en el rumbo general.

Y es allí ?en ese territorio de “lo común a todos”? en el que la CGT entiende que no se ha establecido un canal de diálogo, suficientemente denso, como para que la voz de los trabajadores, y la de los empresarios - y porque no de los sectores sociales y políticos ? sea escuchada con la finalidad de tener un rumbo común. No hay rumbo perdurable sin consenso.

El Gobierno que ha sido muy proactivo en las relaciones con los dirigentes sindicales, que los ha incorporado a participar de una manera mucho más horizontal que lo que ocurría en tiempos del kirchnerismo o del menemismo. Sin embargo, en los trazados estructurales de la política prescinde del debate con el sector obrero y, por lo que aparece, también con el sector empresario y la oposición. Eso equivale a pretender trazar un rumbo de largo plazo sin consenso. Y ese rumbo es, por definición, efímero.

El paro y los reclamos de la CGT ?que implican pérdida? lo son por la pérdida gigante de valor agregado que se deriva de la falta de aplicación de fuerza de trabajo por razones de desempleo aquí y ahora ?en todas sus formas? y por el rumbo -por otra parte poco explicito? que sugiere que se pretende andar un camino cuyo destino no es el de recuperar el pleno empleo.

Téngase claro que el objetivo de pleno empleo y la asociada mejora en la distribución del ingreso, es inevitablemente un objetivo que requiere de más inversión y de más inversión reproductiva. Y la inversión ?en el sistema social en el que estamos? cuanto más transformadora es, más incentivos requiere y más horizonte demanda, en la decisión de los empresarios que la encaran.

La CGT paró ?y es una pena que no se comprenda? para discutir el rumbo de largo plazo porque son muchos años que venimos perdiendo año tras año $500.000 millones de valor agregado siguiendo las cuentas que ha realizado Mauricio Macri. Los $15.000 millones este paso fueron un problema, pero el verdadero problema son los $500.000 millones que se repiten año tras año.

Ha habido convenciones colectivas, ha habido acuerdos “a la holandesa” y, sin embargo, hay paro. Pero el paro es por otra cosa: responde a la necesidad de los trabajadores, como la de los empresarios, de participar en serio en la definición del rumbo y en la procura de resultados. El kirchnerismo, por supuesto, despreció la opinión sindical y la empresaria en el diseño de la política económica. Y así nos fue.

La herencia gigantesca y negativa de una economía que dispuso de las oportunidades más generosas en más de un siglo fue producto de una mezcla explosiva de ignorancia y soberbia. No cabe duda.

La ignorancia más grave es la de prescindir de la información y de la información anticipada. Nadie puede avisar con más precisión de la información anticipada que los protagonistas en el terreno, por ejemplo, sindicalistas y empresarios.

Pero no basta con recibirlos. Se trata de escuchar y aprehender. Los K no hicieron ni lo uno ni lo otro. Los PRO oyen y ven, pero no escuchan ni miran. La confusión es una manera de la ignorancia.

La soberbia pasa por subestimar la realidad y sobrestimar las fortalezas propias. De eso el kirchnerismo es academia. Tenemos menos pobres que Alemania y lo arreglamos con alambre. Eso nos dejaron.

Los el PRO subestiman el peso de sus propias estadísticas veraces y se niegan a escuchar las voces de alerta. Piensan que las voces subidas son para asustar y, sin embargo, esas voces gritan miedo.

Y ?como ya lo hemos comentado? los riesgos fatales del pensamiento de grupo pasan por la creencia de superioridad, la lucha por la homogeneidad y por la pasión por demostrar, en lugar de la pasión por comprender. El silencio de un paro es información, alerta y preocupación. Tratemos de escucharlo.

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