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“Todos coincidimos en que Argentina debería estar mejor de lo que está”

"Para lograr desarrollo económico se necesitan empresarios emprendedores que generen trabajo y valor agregado", Werthein

24-04-2017
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Entrevista a Darío Werthein Coautor de “Llegar al futuro”

Después de graduarse en Administración de Empresas en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Darío Werthein continuó sus estudios en la Fordham University, Nueva York, en la que obtuvo un MBA. Fue asesor de la Secretaría de Industria de la Nación y tuvo a cargo la subgerencia general del Banco Mercantil Argentino. Presidió la Fundación Tzedaká, una de las principales organizaciones de asistencia social de Argentina, y es miembro del Comité Ejecutivo de JDC, presidente del consejo de administración de ORT Mundial y consejero de la Bolsa de Buenos Aires. Es uno de los cuatro accionistas del Grupo Werthein. Además, acaba de escribir un libro que se llama “Llegar al futuro” (Sudamericana, 2017), que se presentará en algunos días más en la Feria del Libro.

El libro fue escrito junto a Carlos Magariños quien, además de haber sido secretario de Industria de la Nación y director general de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), hoy es el embajador de Argentina ante Brasil.

En diálogo con El Economista, Werthein nos cuenta porque decidieron escribir el libro, que soluciones aporta para una Argentina que “debería estar mejor de lo que está”, qué rol tienen la educación y los empresarios y cómo debe insertarse nuestro país en el desafiante concierto global.

“Llegar al futuro” plantea, precisamente, una invitación a pensar, problematizar y preparase para una futuro que ya está llegando y mostrando las primera pinceladas. Lo primero que se me ocurre preguntar es si Argentina está preparada para ese debate, pues parecemos siempre enfrascados en la urgencia y el corto plazo?

El pesimismo ya es parte del inventario nacional. Todos coincidimos en que Argentina debería estar mejor de lo que está. Pero esa no es una excusa para no seguir intentándolo y para seguir buscando soluciones. Aunque creemos que es necesario pensar al margen de los modelos, estimular las ideas no convencionales, la experimentación. Porque Argentina sólo saldrá de su larga crisis con políticas innovadoras y apostando a la economía del conocimiento. Esa apertura mental nos hará estar más abiertos al mundo, que es lo que necesitamos. La tecnología y la era digital les ofrecen a las economías emergentes, como la nuestra, enormes posibilidades para participar activamente en la generación de valor global. Los argentinos podemos contribuir a generar el stock global de conocimiento.

Dadas sus limitaciones y también sus enormes potencialidades, ¿a qué tipo de sociedad podría aspirar convertirse en, digamos, diez o veinte años? No podemos saberlo...

Desde ya que las nuevas tecnologías provocarán desajustes. Pero todo indica que vamos hacia una sociedad más justa, más igualitaria. El mundo gira rápido, y la economía también. Por primera vez desde el Siglo XIX está consolidándose una nueva clase media mundial y, junto con ella, avanzan las economías emergentes, que crecen el doble de rápido que las economías desarrolladas. Hoy atravesamos varias revoluciones tecnológicas simultáneas. La informática, la de telecomunicaciones, la biotecnológica, la nanotecnológica, la de alimentos, la de energía. Todas se influencian y alimentan recíprocamente, revolucionando la manera en que vivimos. Es una nueva realidad que deberemos entender rápidamente para poder aprovechar las oportunidades que ofrece. Imagino que la educación es clave para insertarnos competitivamente en la revolución tecnológica mundial y que ésta no nos tape como el agua. Sin embargo, no dejamos de retroceder, en términos relativos, mientras otros, pienso en Asia por ejemplo, no dejan de avanzar a un ritmo acelerado.

¿Qué debemos cambiar en el frente educativo?

El modelo de enseñanza argentino alumbró a fines del Siglo XIX, cuando las necesidades políticas eran bien distintas de las de estos días, y se mantiene prácticamente igual desde entonces. Básicamente, es un esquema centralizado, jerárquico, con un Estado fuerte. Esta fórmula funcionó relativamente bien desde Domingo F. Sarmiento hasta finales de los años cincuenta. Fue la época de oro de la educación argentina, que tantas satisfacciones nos dio a lo largo de la historia. Pero desde los '70 el sistema entró en decadencia. Y no se actualizó nunca más. La clase media prefirió buscar nuevos rumbos en la escuela privada. Hoy ya no es posible que el sistema educativo se sostenga como está. Si bien la educación prácticamente no ha incorporado usos tecnológicos a su núcleo duro y se encuentra muy rezagada en este aspecto, en comparación a otras actividades como el comercio, las finanzas o la producción, es evidente que la masificación de internet está abriendo un abanico de posibilidades para las nuevas generaciones. Tenemos que darnos cuenta que necesitamos un cambio urgente en el sistema educativo. No tiene sentido seguir entrenando a los jóvenes en aptitudes que no vamos necesitar. Pero antes de definir cuál será el sistema educativo apropiado, habrá que determinar cuál es el sistema productivo que Argentna necesita para enfrentar los retos del futuro. ¿Qué rol tiene el empresariado en la transformación del país y qué puede aportar para una mejor inserción global? Es fundamental que el empresariado argentino impulse una fuerte cultura emprendedora. Porque la generación de nuevos proyectos se traduce en un efecto multiplicador en la economía a través de la creación de nuevos empleos, el desarrollo social y la innovación tecnológica. O sea, para lograr desarrollo económico a largo plazo es necesario contar con empresarios emprendedores que generen trabajo y valor agregado mediante la creación de nuevos productos, nuevos servicios, nuevos procesos de producción.

Imagino que los esfuerzos del Gobierno para reinsertar a Argentina en el mundo, más en relación con la estrategia del anterior, son bienvenidas. ¿Qué observa que falta y qué aporte puede hacer Argentina al mundo en el Siglo XXI?

La humanidad tiene un reto monumental: encontrar los mecanismos para alimentar a los once mil millones de personas que poblarán la Tierra para el año 2050. Pero el crecimiento de la población no es la única razón por la que necesitamos producir más comida. La prosperidad de las nuevas clases medias en todo el mundo, especialmente en China, India y otras economías emergentes, está provocando una creciente demanda de alimentos que antes no se consumían en gran escala, como carne y lácteos, lo que a su vez aumenta la presión para cultivar más maíz y soja para alimentar al ganado. Argentina, en su rol de potencia agraria, tiene una gran responsabilidad y una gran oportunidad. Y está llamada a convertirse en uno de los proveedores de alimentos más importantes del mundo. Pero para hacer frente al futuro, necesitamos avanzar en una transformación tecnológica que podría traccionar toda la economía nacional.

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