“Sincerar las metas de inflación es resignarse a tener más pobreza”

"El fracaso no fue del BCRA sino del resto del sector público que no fue capaz o no tuvo voluntad de ordenar las cuentas públicas”, dice Idesa

31-12-2017
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“La revisión hacia el alza de las metas de inflación es un acto de sinceramiento”, dicen desde Idesa. Pero, agregan, “también de resignación”. En otras palabras, se podría haber hecho más (y no se hizo) y, por ende, llegó la relajación de la meta. Eso sostiene la consultora en su último informe, que lleva un título contudente: “Sincerar metas de inflación es resignarse a tener más pobreza”.

Las miradas apuntan hacia las cuentas públicas. “El ritmo de gradualismo elegido para ordenar las cuentas públicas obliga a tolerar mayor inflación”, dicen, sugiriendo que la convergencia fiscal es demasiado lenta. Implica, además, “que los intereses de quienes se resisten a modernizar el Estado se imponen sobre las necesidades de los más débiles que seguirán pagando el desequilibrio fiscal con impuesto inflacionario”.

“Argentina seguirá soportando aumentos de precios muy por encima del observado en los países desarrollados e incluso en los países vecinos”, agrega el reporte.

Una intensa polémica rodeó al cambio de las metas. En general, prevalecieron las opiniones de que es positivo el sinceramiento y que el cambio implica una derrota para la conducción del BCRA (y su política monetaria ultracontractiva), agrega el documento. “Para llegar a estas conclusiones se pasa por alto que quién fija las metas no es la autoridad monetaria sino el Gobierno y que conceder a tener más inflación implica también ser menos ambiciosos en mejorar la situación social”, amplía.

"En el último año los esfuerzos por bajar la inflación fueron muy superiores a los de bajar el déficit fiscal”, agrega Idesa

Los datos, asegura Idesa, muestran que hay una correlación entre déficit fiscal y el aumento en los precios. “Si bien la inflación depende de una multiplicidad de otros factores, la tendencia muestra que el aumento del déficit fiscal estuvo estrechamente asociado con el crecimiento de la tasa de inflación y que en el último año los esfuerzos por bajar la inflación fueron muy superiores a los de bajar el déficit fiscal”, dice Idesa, invirtiendo la lógica de quienes creen, como Alfonso Prat-Gay, que había demasiado “ansiedad monetaria”. Por el contrario, Idesa parece sugerir que había demasiada parsimonia (o inacción) fiscal, más allá de las mejoras del rojo primario.

En palabras de Idesa: “Esto significa que el fracaso no fue del BCRA sino del resto del sector público que no fue capaz o no tuvo voluntad de ordenar las cuentas públicas a un nivel consistente con las metas de inflación que el propio Gobierno se autofijó”.

"El fracaso no fue del BCRA sino del resto del sector público que no fue capaz o no tuvo voluntad de ordenar las cuentas públicas a un nivel consistente con las metas de inflación que el propio Gobierno se autofijó”, dice Idesa

La experiencia muestra que frente a una política fiscal inconsistente las herramientas con las que cuenta el BCRA son limitadas. “Se puede aplacar las presiones inflacionarias subiendo la tasa de interés, pero es una estrategia de horizonte muy limitado porque desalienta la inversión, atrasa el tipo de cambio y agrava la situación fiscal al aumentar los gastos en intereses”, explican. Por eso, la decisión del Gobierno de flexibilizar las metas es un acto de sinceramiento. “Frente a la alternativa de seguir forzando a la autoridad monetaria a aplicar medidas perjudiciales a la producción se prefirió la resignación a tolerar mayor inflación. En otras palabras, el anuncio señala que al actual ritmo de gradualismo no es posible reducir la inflación en el tiempo originalmente previsto”, explican.

Desde el punto de vista político es un reconocimiento de las enormes dificultades que se enfrentan cuando se quiere abordar el gran objetivo social de contar un sector público menos deficitario y más eficiente. “El tortuoso proceso que implicó el cambio de la fórmula de movilidad previsional demuestra la incapacidad de la clase política para tratar con seriedad, tolerancia y responsabilidad temas estratégicos. Frente a esta debilidad estructural, solo queda seguir financiando el desequilibrio fiscal con impuesto inflacionario”, dice Idesa.

“Revisar las metas es un acto de sinceramiento, pero también de resignación a seguir tolerando alta incidencia de la inflación y, con ello, de la pobreza. Quienes con más énfasis y eficacia se resisten a ordenar el Estado son los segmentos medios y altos de la sociedad que bregan por pagar menos impuestos y continuar beneficiándose y apropiándose del gasto público, aun cuando en los discursos declamen sensibilidad social. En paralelo, los más castigados por el impuesto inflacionario son los pobres. Tolerar más inflación es una decisión pragmática en la que subyace la hipocresía de declamar en favor de los pobres pero actuar en contra de ellos”, concluyen.

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