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¿Seguirá el crecimiento en 2018?

El 2017 parece llamado a ser el año de la recuperación del PIB tras la caída del 2016. Pero, ¿están dadas las condiciones para que siga en 2018? El Economista consultó a los expertos

27-07-2017
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Por Mariano Cúparo Ortiz

La actividad viene en recuperación. Si bien muestra sus volatilidades, con un abril que dio -0,2% en  la intermensual desestacionalizada del EMAE del Indec, y un mayo con 0,6%, la trayectoria para lo que va del año es positiva y, según apunta la mayoría de los analistas, así continuará en el corto plazo.

¿Despega?

Aunque en otra cuestión parece también haber coincidencia: el 2017 servirá para recuperar lo perdido y para empatar, pero no para empezar a hablar de crecimiento genuino. En ese sentido, los analistas refieren a crecimiento genuino al punto en el que la economía crezca por encima del pico de 2015 en el que comenzó a bajar. La pregunta obvia. ¿Qué condiciones están dadas para que el 2018, tras coronar la recuperación, ofrezca continuidad en el sendero positivo y despegue?

El EMAE de mayo mostró datos interesantes respecto a qué sectores motorizan la recuperación desde la oferta: ahí se destacan el agro, uno de los beneficiados de la política económica del Gobierno y la construcción, el otro beneficiado con el impulso keynesiano desde la obra pública. Y también mostró por primera vez variaciones positivas la industria, motorizada justamente por el agro, la construcción y la automotriz (jugó Brasil), que arrastran sobre los minerales no metálicos, la metalmecánica y la siderurgia. Y también el comercio, en un mes de desaceleración inflacionaria.

Para otear cómo vendrá el futuro, El Economista consultó los fundamentos de dos economistas con miradas e ideas distintas sobre el porvenir económico.

Zafar del péndulo

La economista jefe de Fundación Capital, Belén Rubio, plantea: “La pregunta es si en 2018 vamos a poder zafar del péndulo. En 2018 no vemos un crecimiento superior al de este año. Vemos una continuación de lo de 2017, un crecimiento en los mismos niveles. No va a ser más robusta. No se ven drivers que puedan crecer por encima del 2,5% que prevemos para este año”.

Rubio plantea la cuestión desde el lado de la demanda: el consumo repuntará por la desinflación y el empleo, la exportación aportará lo suyo con cierta moderación dependiendo del aporte de Brasil y la inversión en equipo durable nacional se estabilizará. El escenario no estaría libre de riesgos: “El principal riesgo es qué ocurrirá con la inflación. Otro riesgo importante es qué pasa con Brasil. Lo que pase con las elecciones también es un gran tema para definir el crecimiento del año que viene, aunque las inversiones ya se vienen posponiendo. Y qué ocurrirá con la reforma tributaria y con la reforma laboral, aunque en este sentido no esperamos un shock en las expectativas”.

La apuesta del presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, es explícita: la baja de la inflación implicaría una mejora en el consumo que terminaría traccionando a la economía. Semejante visión no está libre de polémicas.

Rubio sostuvo: “Esperamos un poquito más de consumo privado en el 2018. El consumo privado crecerá al 2,7%. El mercado de trabajo va a tener un año lento pero positivo. Y por el lado del salario también, va a haber una desaceleración de la inflación, menor a las metas del BCRA, pero que va a permitir una mejora del poder adquisitivo. Ambas cuestiones son un buen piso para el consumo”.

En cambio, para Rubio el consumo público traccionaría menos y crecería por debajo del 1%. En parte fue en ese sentido que el FMI, que ayer subió la proyección de crecimiento para el año que viene a uno de 2,4% también en base a una mejora del consumo por la desinflación, afirmó: “La mayor consolidación fiscal y la continua aplicación de una política monetaria restrictiva moderarán la demanda interna”. Las exportaciones, para Rubio, aportarían un crecimiento de 3%, con la incógnita de cuánto aportará Brasil. Otra incógnita es la inversión.

¿Cuáles drivers?

El economista del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITEFGA), Leandro Ottone, es menos optimista: “No están claros los drivers del crecimiento en 2018. Y por ende no está clara la continuidad del crecimiento. Va a ser un año estancado o de caída. En ese sentido cabe aclarar que 1% o -1% son en ambos casos un no crecimiento”.

Ottone lo plantea por el lado de la oferta: “Al finalizar el 2017 y la economía sólo haya llegado a recuperarse, vamos a tener que discutir cuáles son los traccionadores para que la actividad encare el crecimiento genuino. En mayo se creció por el agro y la construcción. Y por ciertos servicios. Pero los servicios son procíclicos. No son traccionadores genuinos sino que acompañan a algún otro traccionador, que en este caso en 2017 son construcción y agro”.

En ese sentido, para Ottone el futuro es complicado: en 2018 “estamos seguros de que va a haber ajuste de la obra pública, porque el Gobierno tiene que cumplir sus metas fiscales y salvo empleo público, subsidios y obra pública el resto es gasto inflexible, lo ya de por sí te tira a uno de los drivers”.

Y en cuanto al agro: “Sigue traccionando pero para que continúe en el futuro va a necesitar una mejora de precios relativos vía devaluación o una vía externa con una mejora de precios de las commodities, o sea si crecen mejor Europa y China. Pero a esto último no lo están viendo muy claro los organismos internacionales para 2018. Y una devaluación no es expansiva para la totalidad de la economía, eso se sabe, es contractiva, porque el agro es poco generador de empleo e implica una transferencia de ingresos que afecta al consumo”.

Caídos esos dos traccionadores, entiende Ottone, también tambalea el crecimiento de la industria. “La construcción y el agro te están alimentando a la siderurgia, a los minerales no metálicos y a la metalmecánica de la industria, que son las que la hicieron crecer al sector en mayo”, dijo.

Para Ottone el Gobierno exagera en su apuesta a la llegada de inversiones para que impulsen a la actividad: “Creo que el Gobierno espera que pase algo que traiga inversiones y se basa en eso: en generar las condiciones, reglamentar las reglas de juego para que vengan inversiones de capital y crecer así. Yo creo que realmente lo cree. Argentina tuvo la prueba fuerte de este esquema teórico en los años '90. El menemismo pasó bastantes leyes en el Congreso para cambiar las reglas de juego y las inversiones no llegaron. Eso no alcanza. Y en el medio uno se endeuda y la deuda es un puente. El tema es hacia dónde uno está yendo”.

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