¿Qué tan competitivos somos?

La reciente y fuerte apreciación del real luego de la salida de Dilma Rousseff ayuda, pero el peso argentino se encareció mucho en términos relativos frente a los demás socios comerciales de relevancia fuera del Mercosur que son EE.UU., China y Europa.

27-05-2016
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 por Gustavo Neffa (*)

Al descontento social por los aumentos de tarifas, la inflación y la devaluación, se le suma el lento proceso en el que la economía se encuentra sumida, y que sería peligroso si no se corrige a tiempo.

El tipo de cambio nominal está cayendo, es decir, que el peso argentino se está apreciando (1,6% acumulado en mayo y 12,5% desde su pico de comienzos de marzo pasado) y la economía pierde competitividad a la hora de exportar.

Esto se suma a una tasa de inflación que nos encarece en términos reales frente a nuestros socios comerciales dado que es muy superior a la tasa de devaluación acumulada desde la salida del cepo en diciembre: ya se perdió toda la competitividad ganada después de la devaluación.

En reiteradas oportunidades durante el mes actual, este proceso motorizó a que el BCRA intente frenar la baja mediante de compras, que acumulan US$ 1.400 M. Positivo para recomponer las reservas, pero una cifra exigua teniendo en cuenta que se deben pagar US$ 2.500 M a fin de mes al Club de París, y que las reservas de libre disponibilidad son de apenas unos US$ 1.500 M según cálculos muy sencillos restándole el swap con China, los encajes de bancos comerciales y el préstamo con el club de bancos extranjeros que se deben honrar a fin de año.

Si tomamos el índice de tipo de cambio real multilateral como base 100 el 17 de diciembre de 2015, es decir, el día siguiente a la liberación del tipo de cambio, veremos cómo hoy estamos peor que ese momento. No solamente se encuentra por debajo de ese punto sino que incluso se ubica en un punto por debajo a cuando Juan Carlos Fábrega devaluó abruptamente el tipo de cambio en enero de 2014 (con una caída del 23% de pérdida nominal versus el dólar en tan solo dos días).

Vemos cómo el tipo de cambio real multilateral se fue apreciando desde 2008, con algunas interrupciones intermedias. Actualmente se encuentra en los 92,3 puntos: durante el acumulado de los primeros 18 días del actual mes la caída fue de 3,5% y, si nos remontamos más atrás, luego de la liberación del cepo el peso argentino se encareció 7,7% en términos relativos.

Es cierto que el tipo de cambio efectivo es mejor, es decir, aquel que computa las retenciones a las exportaciones y demás impuestos al comercio exterior mejoró sensiblemente luego de la anulación de las retenciones del 5% a productos industriales y a todas las exportaciones del agro (a excepción de la soja que bajó de 35% a 30%). Pero la mejora se reduce día a día.

La reciente y fuerte apreciación del real después de ante la salida de Dilma Rousseff ayuda, pero el peso argentino se encareció mucho en términos relativos frente a los demás socios comerciales de relevancia fuera del Mercosur que son EE.UU., China y Europa.

El atraso cambiario puede verse por la balanza comercial: en abril registró un auspicioso superávit pero durante el primer cuatrimestre cerró con un déficit de US$ 58 M. La caída de las importaciones por la retracción de la actividad y por la baja del poder adquisitivo no ayudan tanto como se pensaba.

Este atraso es una de las principales preocupaciones de la economía en este momento y quedan dos alternativas: o se reduce la inflación (con más instrumentos) o se devalúa para recuperar terreno perdido. Las mejoras de competitividad vía infraestructura y logística son mejores y más deseadas, pero llevan mucho más tiempo.

Creo que la inflación será contenida a fin de año a un rango de entre 1,5%-2% mensual. La inflación “core” o núcleo en torno a 2,2% en la primera quincena de mayo apoya este argumento. Esto demanda una tarea dolorosa por parte del BCRA ya que las tasas de interés subieron demasiado (la tasa de Lebac está por encima del 35%) como para pensar en una inversión productiva o endeudarse y apalancar el ciclo de crecimiento de la economía.

Tampoco podemos pensar tan rápidamente en una devaluación a corto plazo, ya que la entrada de dólares es elevada por la cosecha (es el mejor momento del año por la liquidación de la cosecha gruesa y este año el crecimiento interanual acumulado al 20 de mayo es de 43%, o unos US$ 9.946,7 M), el endeudamiento de las provincias que liquidan esos dólares al BCRA y sobre todo por la expectativa de una entrada masiva de dólares por el blanqueo de capitales (sería anunciado entre hoy y mañana) que se iniciaría en julio.

Depreciar el tipo de cambio real debería ser un objetivo de política económica y el BCRA no tendría que dudar por los efectos negativos que está teniendo en la economía real, sobre todo en las economías regionales y las cadenas productivas orientadas a la exportación. Pero debería ser un cambio gradual para no aumentar la presión inflacionaria y es, en definitiva, una decisión política.

Un menor costo del financiamiento en dólares para el Gobierno genera un efecto derrame positivo para las provincias y las empresas: pasó de más del 10% al 5-7,5% en el tramo medio de la curva. Pero no alcanza a corto plazo para solucionar los problemas y tampoco estamos viendo afluencia de inversión directa extranjera.

Si la inflación es el mal de todos los males, habrá que trabajar más detenidamente sobre el déficit fiscal, porque allí se encuentra el combustible para un fuego que este año será difícil apagar porque cruzaría los 5 puntos del PIB. Las necesidades financieras de caja ascienden este año a nada menos que el 7,28% del PIB, una cifra para no andar titubeando a la hora de aplicar medidas de disciplina fiscal. Mientras tanto, las luces rojas comienzan a encenderse entre los sectores vinculados a la exportación o aquellos compiten con el mercado externo y que les cuesta, más mes a mes competir en igualdad de condiciones.

(*) Socio y director de Research for Traders (RfT).

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