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Proteger al empleado (y no su puesto)

Los economistas acercan propuestas e ideas para el debate sobre la reforma laboral

22 agosto de 2017

“Es un sistema que busca cuidar al trabajador, no al puesto de trabajo”. Así define la consultora Federico Muñoz & Asociados a la flexiguridad, una forma de organización del mercado laboral que ha sido adoptada por algunas de las economías más avanzadas de la Unión Europea desde mediados de los '90 y que podría servir como modelo de cara la reforma laboral que cocina el gobierno de Cambiemos. Según señala el informe, actualmente Argentina tiene un esquema opuesto a este y para aplicarlo se requeriría superar “una barrera cultural”.

Según explica la investigación de la consultora, la flexiguridad se basa en tres pilares, que juntos forman lo que se denomina “triángulo de oro”: un mercado laboral en el que es sencillo despedir y contratar empleados para adaptarse a las condiciones productivas y la actividad económica de cada coyuntura; un generoso programa de seguridad social en caso de desempleo y un activo programa de políticas tendentes a que los desempleados retornen al mercado laboral lo antes posible.

Según el estudio, la flexiguridad fue adoptada con distintos matices en países como Dinamarca, Suecia y Holanda. Otros entre ellos Austria, Finlandia y Alemania adoptaron el esquema con menor pureza. “Probablemente no sea casual que los países con mayores tasas de empleo en Europa sean precisamente aquellos que abrazaron con mayor entusiasmo las premisas de la flexiguridad”, apunta, y señala que la regulación del mercado de trabajo en Argentina es “casi totalmente opuesta” a la flexiguridad. “Aquí existe una fuerte protección al puesto de trabajo registrado (altos costos de despido), pocos incentivos a la creación de empleo y los seguros por desempleo que ofrece el Estado son magros, generando una segmentación significativa entre los que logran integrarse al mercado laboral formal y los que no pueden hacerlo”, detalla.

La propuesta de la flexiguridad parecería reparar todas estas falencias, aunque la adopción de este esquema plantea un par de problemas. Por un lado, aumentaría con certeza el gasto público destinado a financiar seguros de desempleo y programas de formación profesional. Otros es la barrera cultural: “Impera en la sociedad argentina una gran preocupación por mantener los puestos de trabajo, aunque estos se desarrollen en actividades ineficientes. La fobia al despido probablemente esté asociada al traumático episodio de hiper-desempleo que padecimos en 2002”, apunta el informe, y agrega: “El cambio cultural que habría que instalar es el abandono de la idea de la protección al puesto de trabajo para pasar a la protección al trabajador”.

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