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“No hay espacio para un aumento de naftas”

01 noviembre de 2016

El acuerdo pautado en agosto entre el Gobierno Nacional y las petroleras y refinerías para mantener congelado el precio de los combustibles por tres meses venció esta madrugada y hasta ayer por la noche se mantenía el hermetismo en torno a la posibilidad de un aumento de 8%, un rumor que corrió muy fuerte en los últimos días. El Economista consultó a fuentes de la estatal YPF, que concentra la mitad del mercado de venta de naftas (downstream), y de las principales petroleras privadas del sector, y ninguna pudo confirmar ni rechazar el incremento.

En tanto, en diálogo con este medio, Carlos Gold, presidente de la Confederación de Entidades del Comercio de Hidrocarburos y Afines (CECHA), matizó la trascendencia del convenio entre el Ministerio de Energía y Minería (MINEM) y los actores del sector al plantear que “fue un acuerdo tácito” y que su vencimiento “no implica que mañana (por hoy) tenga que necesariamente subir el combustible”.

“En su momento, el famoso congelamiento del que hablan todos fue un acuerdo tácito. No surgió de ninguna ley, de ningún decreto ni nada que se le parezca. Fue un acuerdo al que arribaron el Gobierno Nacional con las refinadoras y petroleras, pero ni siquiera con todas. No podemos hablar de un congelamiento oficial; sí de una especie de pacto de caballeros, por lo que eso no implica que mañana (por hoy) tenga que necesariamente subir el combustible”, aseguró Gold ante la consulta de El Economista. “En reuniones que mantuvimos la semana pasada, el ministro (de Energía y Minería, Juan José Aranguren), nos dejó entrever que desde el lado del Gobierno no había espacio para ningún aumento. Al menos en lo inmediato”, señaló.

Es que, en un contexto en el que el Gobierno sigue haciendo esfuerzos para mantener la desaceleración de la inflación y enfrenta dificultades para reactivar la actividad económica, una suba de naftas tendría un “alto impacto en la inflación y no mejorará la rentabilidad del sector”, como apuntó ayer la presidenta de la Federación de Empresarios de Combustibles (FECRA).

Por su lugar preponderante en el segmento del downstream y por su vinculación con el Gobierno, sólo si YPF aumenta sus precios, lo harán también las demás empresas. En ese marco, sin confirmaciones por parte de la petrolera de mayoría accionaria estatal, la suba parecía poco probable ayer por la noche.

No obstante, para Gold, un aumento no solucionaría el problema de rentabilidad que enfrentan los estacioneros. “Estamos en una situación de manta corta. Necesitamos recomponer algo de rentabilidad, dado que estamos firmando esta semana el acuerdo salarial para el período de octubre a marzo del año que viene y eso se puede solventar únicamente mediante un aumento de la rentabilidad. Pero por otro lado, un ajuste en el precio de por sí va a significar una retracción de ventas, al menos en lo inmediato. De nada sirve aumentar el precio y obtener menos rentabilidad cuando vendes menos”, sostiene.

De ese modo, plantea, lo recomendable sería “un pequeño reajuste, gradual para que no repercuta tan violentamente en el bolsillo de la gente” y por otro lado, “que aumente el ritmo de actividad”. “Necesitamos recomponer no solamente precios sino también volumen de ventas. Y para eso tiene que crecer la actividad económica”, señala.

En el primer semestre, la caída en la venta de combustibles fue pronunciada. Y aunque en el tercer trimestre, según cifras extraoficiales, podría haber un repunte, sólo alcanzaría para achicar la caída.

En ese marco, una posibilidad sería rediscutir la estructura de costos, en la que ?como mostró CECHA en un informe la semana pasada? el 43% del precio final del litro de nafta en surtidores está explicado por los impuestos. “Es necesario rediscutirlo porque tenemos una estructura bastante distorsionada. Los impuestos deberían actuar como un amortiguador en el precio de venta, como sucede en otros países, y no ser proporcionales cada vez que haya un incremento. Ante un aumento de precios, el impuesto tiene que ser un regulador, un amortiguador para que el precio final no sea tan gravoso sobre el bolsillo del consumidor. Al contrario, cuando el precio del combustible en sí mismo baje, el impuesto podría actuar en forma inversa: ser un amortiguador para que el precio no disminuya comparativamente en la misma proporción que la disminución del costo del producto. De esa manera, tenés una especie de línea fija en el tiempo y no dependés del aumento o la disminución del precio del insumo”, plantea Gold y asegura que en su encuentro reciente con las autoridades del MINEM, “se comprometieron a reverlo el año que viene”.

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