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Los peligros detrás de las buenas noticias

Más allá del rally económico y bursátil, hay varios temas que deben ser atacados para darle sustentabilidad al crecimiento

16 enero de 2018

Cuando todo marcha más o menos bien, además de alegrarse, naturalmente uno baja las defensas y piensa que todo se ha resuelto. Existe una tendencia a creer que ese nuevo estado estacionario se mantendrá para siempre. Y puede que sea así, pero siempre es mejor poner a prueba esa tesis para que, si el ciclo eventualmente se pone bajista, no quedar desprevenidos.

Algo así intentan hacer Kemal Dervis y Zia Qureshi (ambos economistas) en una nueva columna publicada en Project Syndicate. No casualmente el título es “El peligro de las buenas noticias”.

“En el comienzo del 2018, las cosas están mejorando para la economía global (?) y existen muchísimos indicadores positivos que inspiran optimismo”, dicen. En EE.UU., Europa, Asia, Africa y América Latina hay “historias” positivas y, si bien no es el mejor de los mundos y existen riesgos aquí y allá, la película apunta más a mejorar que a empeorar.

Además, “en tanto la economía real se fortalece, los valores de las acciones ?que, por primera vez, parecieron desconectados de los fundamentos? cada vez se están afirmando más”. Por caso, el Indice Mundial de Bolsas de Valores del Financial Times aumentó casi 22% en 2017: su mejor desempeño desde el rebote poscrisis de 2009.

“En la medida que se va extinguiendo el pesimismo sobre el crecimiento de los últimos años, algunas de las advertencias que se han hecho en los últimos años parecen haber caducado”, dice Dervis y Qureshi. Por ejemplo, una franca desaceleración de EE.UU.,  una “hard landing” en China, una nueva recesión en Japón o Europa, una guerra comercial de escala global o el “estancamiento secular” que pregonaba Larry H. Summers.

Sin embargo, hay varios factores que no deben ser desatendidos y se debe evitar caer en la complacencia. Uno, dicen Dervis y Qureshi,  son los niveles de deuda. “Ahora que las economías avanzadas ya no necesitan mantener políticas monetarias extraordinarias, las tasas de interés nominales aumentarán respecto de sus mínimos históricos actuales. Cuando esto suceda, los altos niveles de deuda podrían volverse un problema, ya que impedirían el crecimiento al dar lugar a un desapalancamiento desordenado”, dicen, aunque descartan una suba abrupta en el costo del dinero porque la inflación sigue baja.

“Pero existe otro potencial obstáculo en el camino hacia una recuperación sostenida: la caída de largo plazo del crecimiento de la productividad todavía no se ha revertido. Por el contrario, el auge actual parece estar liderado por la demanda, siendo el consumo privado el mayor motor, aunque la inversión privada también finalmente está empezando a crecer. Estas tendencias han estado acompañadas por un sólido crecimiento del empleo, que es una noticia bienvenida, pero que no puede durar para siempre”, ensayan los economistas.

En el más largo plazo, agregan, el desempeño económico y el crecimiento potencial dependerán del lado de la oferta y, en particular, de una recuperación del crecimiento de la productividad. “Los tecno-opimistas sostienen que la tecnología alimentará las alzas necesarias, en la medida que se acorta el desfase entre las capacidades digitales y sus aplicaciones en la economía. Pero es demasiado pronto para decir, con alguna certeza basada en evidencias, si ellos o los tecnopesimistas tienen razón. Existen argumentos convincentes de ambos lados, aunque nosotros nos definimos como tecno-optimistas cautelosos”, argumentan.

Asimismo, también “es indiscutible que la desigualdad al interior de los países está creciendo a pasos acelerados”. Agregan: “Esa tendencia se acelerará en tanto las nuevas tecnologías, más allá de cuánto crecimiento de la productividad puedan generar, continúen aumentando la prima de conocimiento, dirigiendo ingreso a firmas fronterizas y permitiendo nuevos tipos de posiciones de cuasi-monopolio y de 'el ganador se lleva todo' para desarrollar a escala global”.

Allí, dicen, reside el mayor peligro en los titulares exuberantes de hoy sobre el crecimiento. “Muchos creen que un crecimiento rápido puede actuar como una especie de panacea para los males políticos y sociales de los países, inclusive el ascenso del populismo y del nacionalismo. Pero si los beneficios de un crecimiento rápido van a parar a manos del 5% o 1% superior, muy probablemente aumenten las tensiones sociales. Y la realidad es que resultará difícil desarrollar políticas que puedan revertir las tendencias políticas perjudiciales y promover un crecimiento compartido de manera más amplia”, soslayan.

“El debate político debería centrarse en medidas que ayuden a crear economías verdaderamente inclusivas”, sugieren, aunque reconocen que no es un menester fácil.

¿Qué proponen Dervis y Qureshi? “Una de estas medidas sería un acceso más amplio a una educación barata y de calidad, incluido un mejoramiento y un reentrenamiento de las capacidades. El desarrollo de marcos regulatorios que fomenten la competencia también ayudaría, al igual que serviría limitar la erosión de la base impositiva. La investigación pública debería estar financiada de manera tal que les ofrezca a los contribuyentes una participación en los resultados rentables. De la misma manera, las inversiones en infraestructura deberían tener objetivos explícitos relacionados a la equidad. El objetivo debería ser atacar la desigualdad en dos frentes: garantizar que los ingresos preimpuestos aumenten de una manera más inclusiva y fortalecer el papel igualador de los impuestos y las transferencias”, sugieren. Además, dicen, todas esas estrategias deben ser aplicadas en simultáneo por los países.

“No alcanzar una mayor inclusión ?un objetivo difícil pero alcanzable? atizaría las tensiones sociales y alimentaría un nacionalismo ya resurgente, produciendo disrupciones que, en definitiva, serían perjudiciales para todos. Las buenas noticias sobre el crecimiento de hoy amenazan con ocultar ese riesgo, en tanto arriesgan debilitar la voluntad de hacer los cambios necesarios, dejando que las economías queden a merced de los efectos de goteo”, concluyen.

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