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Los atajos no sirven

05 diciembre de 2016

por Juan José Battaglia (*)

La recuperación en el nivel de actividad tarda en llegar y el Gobierno se impacienta. El humor social es, obviamente, cada vez más negativo. Con la nueva gestión cayó el salario real, aumento el desempleo y la inflación incorporó más gente en la pobreza. Poco importa entender que salir de la brutal distorsión de precios relativos heredada (tarifas y atraso cambiario) iba a implicar indefectiblemente un año malo. Seguramente los errores del nuevo Gobierno, fundamentalmente el desordenado ajuste tarifario (y, a largo plazo, la costosa ley de reparación histórica a jubilados) sumaron algo más al costo, pero en ningún escenario el 2016 iba a ser un año bueno.

Nuevas medidas

Ante esto, el Gobierno se inquieta. Las últimas medidas parecen indicar un cambio de rumbo en la política económica en la dirección incorrecta. Poniéndolo en términos futbolísticos, si el director técnico entrena toda la semana, arma una formación y plantea el partido de una determinada manera, no parece muy aconsejable que realice dos cambios y modifique todo el esquema a los quince minutos del primer tiempo por sufrir un gol en contra. Esta es la sensación que percibo de las últimas medidas. Más allá del juicio de valor que uno tenga con el rumbo elegido, para que dicho camino arribe a buen puerto debe ser consistente y creíble. Puedo estar de acuerdo o no con que el esquema del “Cholo” Simeone en el “Aleti”, pero no hay dudas que la consistencia y confianza son ingredientes claves para el potencial éxito. No tengo muchos recuerdos de Simeone cambiando el esquema en el primer tiempo.

Los últimos números oficiales no traen mucha esperanza. Tanto la industria (EMI) como la construcción (ISAC) mostraron en octubre importantes caídas interanuales. Debido al proceso de reconstrucción estadística, el Indec todavía no puede mostrar variaciones mensuales desestacionalizadas, clave para determinar si estamos frente a un cambio de ciclo. Datos positivos hay pocos. Los índices industriales de FIEL y Orlando Ferreres mostraron en octubre una variación positiva con respecto al mes anterior. Comportamiento similar expusieron las ventas de cemento, la producción de hierro y acero, con datos interanuales muy negativos pero positivos en relación a los meses previos. El número de empleo del Indec para el tercer trimestre también trajo algo de alivio, pero hasta que no arranque la construcción no se podrán recuperar los empleos perdidos, sobre todo en el sector informal. Estos datos son insuficientes para anticipar una reversión en el nivel de actividad.

La demanda

Todo esto está inquietando al Gobierno. El camino tomado recientemente intenta ser más expansivo sobre la demanda agregada, tanto desde el lado monetario como fiscal. El pesimismo parece incentivar un cambio de agenda. Desde el lado monetario, el BCRA redujo por quinta semana consecutiva la tasa de interés. Si bien es importante remarcar que los agregados monetarios crecen a un ritmo muy moderado (M2 al 18% interanual), además de ser prudente, hay que parecerlo. Como bien subraya a menudo el BCRA, en un régimen de metas de inflación la credibilidad es clave. ¿Tiene sentido bajar la tasa cuando la inflación esperada para el 2017 todavía se ubica arriba de su meta? ¿El resurgimiento de la incertidumbre posterior a Donald Trump y la consiguiente suba del dólar no ameritaban una mayor paciencia? Los beneficios en términos de actividad del recorte de un punto de tasa difícilmente compensen el riesgo de perder credibilidad.

El lado fiscal preocupa bastante más. Los números de octubre trajeron una sorpresa no grata. Los gastos primarios crecieron al 51% contra un incremento del 23% de los ingresos. La ley de reparación histórica y los subsidios al sector privado explican la mayor parte del incremento nominal. El déficit primario acumula en el año $286.000 millones y todavía restan dos meses con importantes erogaciones del sector público por la estacionalidad. Hacienda difícilmente pueda cumplir la meta del 4,8% del PIB de déficit primario, salvo que recurra a los ingresos del blanqueo (el salto en la recaudación de noviembre conocido el jueves se debe en parte a esto). De ser así, lo que empieza a complicarse es la meta del Presupuesto para el 2017, que contempla un rojo primario del 4,2% del PIB.

Dame más

No critico el gradualismo y, de hecho, creo que es el único camino posible. Pero por gradualismo entiendo bajar el déficit moderadamente, y no subirlo moderadamente. Más aún en un contexto global donde refinanciar las deudas costará más caro luego del triunfo de Trump. Si uno mira la dinámica de los bonos largos, los títulos argentinos cayeron más que el promedio de los emergentes en las últimas ruedas y, claramente, al mercado le comienza a inquietar la dinámica fiscal. Como siempre, el mercado sobrerreacciona pero no deja de ser un importante llamado de atención. Nuestro país tiene una deuda externa pública y en especial privada (empresas y familias) muy baja, y que le brinda una inmensa oportunidad. Pero al igual que la política monetaria, la política fiscal además de ser sostenible debe parecerlo. El Gobierno debe ser muchísimo más claro en explicar la trayectoria y los nuevos objetivos fiscales, dado que ya cambió sustancialmente la dinámica propuesta con bombos y platillos a principios de año. La reciente resolución del BCRA que habilita a los bancos a prestar el exceso de dólares al Tesoro también va en la dirección opuesta. Necesitamos señales de sostenibilidad.

La política económica del Gobierno intenta corregir las inconsistencias de un modelo desgastado y agotado de la gestión pasada, con una economía estancada desde el 2011, que a partir de entonces lo único que hizo fue generar desequilibrios y empeorar los indicadores sociales. El Gobierno no debería correrse demasiado del rumbo inicial propuesto, bajar la inflación y corregir de a poco el agujero fiscal, aunque esto implique una recuperación más lenta del nivel de actividad en el corto plazo. Los atajos no sirven. A largo plazo, la prudencia fiscal es lo único que puede moderar la apreciación cambiaria. El modelo de atraso cambiario con indisciplina fiscal puede ayudar a ganar una elección, pero a la larga no termina muy bien.

(*) Economista jefe de Cucchiara.

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