Las enseñanzas de Narciso

Suelen haber tres grandes problemas que suelen entrometerse en los funcionarios y sus decisiones: el ego político, el enamoramiento ideológico y la aceptación de soluciones parciales como una solución general

16-06-2017
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Por Jonatan Yampolsky Economista

Podemos decir que 46 millones de muertos no generan inflación. Si bien con estas palabras se podría dar inicio a un libro de terror basado en la economía argentina, este argumento, descabellado, irreal, exagerado y delirante, no deja de ser cierto. La pregunta es si resolver el problema de la inflación, en este caso, es realmente una solución.

La existencia de múltiples soluciones a un problema tiene relación con la coexistencia de más de una herramienta que, de ser utilizadas inteligentemente, son posibles respuestas al conflicto planteado. Pero la historia se hace eco de por lo menos tres grandes problemas que suelen entrometerse entre los funcionarios y sus decisiones: el ego político, el enamoramiento ideológico y la aceptación de soluciones parciales como una solución general. El ejemplo más claro es quizá el del ex Ministro de Economía Domingo Cavallo y su Plan de Convertibilidad, cuyos buenos resultados iniciales lo llevaron a sostener una medida que a la larga generó una de las peores crisis que este país ha sufrido.

La mitología griega cuenta que Narciso era un joven muy hermoso, que rechazaba cruelmente a toda doncella que se enamorara de él. Así, Némesis, diosa de la venganza, lo castigó haciendo que se enamore de su propio reflejo. Hoy, el Banco Central, como Narciso, parece enamorado de sí mismo. Los “buenos” resultados en materia inflacionaria obtenidos al inicio de la gestión enamoraron a la autoridad monetaria la que, convencido que ese es el rumbo y sin consensuar con el resto del Gobierno, decidió seguir por el camino de las altas tasas de interés.

El camino trazado es sencillo: un alza de tasas reduce el consumo y, por ende, baja la inflación, generando ahorro en la población. Las mejores condiciones macroeconómicas y la acumulación de ahorro traerían al país inversiones del mercado interno y externo, incremento en la producción y un crecimiento robusto. Pero la economía es una frazada corta, y taparte los hombros te destapa los pies. Las altas tasas fijadas inicialmente (llegaron a mantenerse en 38%) redujeron la inflación pero congelaron la economía, generando no solo una reducción del consumo sino un fuerte daño en la actividad y en la inversión. La industria manufacturera y la construcción en 2016 mostraron una caída interanual de 5,7% y 11,3%, respectivamente, y la tendencia continuó durante el primer trimestre del 2017 con una nueva baja interanual de la

producción manufacturera de 2% mientras que la construcción recuperó 2% solo a partir del repunte de la obra pública. El caso es que las empresas entendieron que comprar Letras es más atractivo que realizar inversiones productivas.

Por otro lado, tanto el blanqueo como el fuerte ingreso de capitales especulativos no han permitido que la moneda se deprecie, manteniendo un peso muy poco competitivo para el mercado exterior, y cualquier movimiento en este sentido podría disparar la inflación vía aumento de costos (se estima un valor de entre $17 y $17,5 por dólar para diciembre frente a los $20 o $22 necesarios para hacer al peso competitivo hoy). Al mismo tiempo, el Gobierno ha optado por  mantener un fuerte déficit fiscal, financiado con deuda en lugar de con emisión, lo que estimula aun más el ingreso de capital especulativo e incrementa cada vez más la deuda soberana. Finalmente, el dinero “excedente” en el mercado es reabsorbido mediante la emisión de Letras que, con la tasa actual de 26,25%, está entre 4% y 5% por encima de la inflación esperada y por encima de 5% de la devaluación estimada.

En este punto, es importante destacar que la inflación acumulada a mayo ronda el 10,5%, por lo que si el BCRA pretende llegar a su meta de inflación propuesta del 17%, será necesario un incremento de precios mensual promedio de 0,8%. A partir de allí devienen dos cuestiones. 1) Quien invierta en tasa hoy estaría llevándose una sobretasa de aproximadamente 9%, y 2) teniendo en cuenta los magros resultados del último período, habrá que seguir incrementando la tasa para llegar a la meta, algo que nuevamente presionará a la baja de la actividad.

En resumen, la falta de coordinación entre la política fiscal y monetaria llevó al Banco Central a realizar un desmedido y por demás perdurable incremento de tasas, que deprimió el consumo y la actividad económica (las consultoras ya han revisado dos veces a la baja el crecimiento proyectado, llevándolo en promedio a 2,5% desde 3,5%). La reducción de la inflación se estancó por encima de lo esperado, y las condiciones macroeconómicas y microeconómicas resultantes no fueron suficientes para atraer inversiones. La moneda está fuertemente apreciada (sacando competitividad al mercado externo) y cualquier atisbo de devaluación incrementa la inflación. Finalmente, la decisión de mantener el déficit fiscal continúa endeudando cada vez más al país.

Narciso, incapaz de alejarse de su propia imagen, termina arrojándose al agua, donde muere ahogado. ¿Correrá la política de Federico Sturzenegger la misma suerte?

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