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¿La reindustrialización de la economía es un mito?

Un debate y varias posturas.

17-08-2011
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La ministra de Industria, Débora Giorgi, dijo recientemente que “la reindustrialización de la

economía desde 2003 a la fecha fue la más fuerte en décadas”. No precisó cuantas décadas pero se habrá referido, seguramente, a los últimos 35 años. Sobre todo porque lo dijo en un acto organizado para reivindicar la figura de alguien que peleó a favor de la causa industrial como lo hizo el ex ministro de Economía José Ber Gelbard.

La funcionaria aprovechó el espacio para recordar a aquel economista y, de paso, enviar un aviso parroquial. “No se puede pensar en un modelo sin industria nacional. Y el kirchnerismo hizo eje en la política industrial”. El Salón Dorado del Hotel Castelar aplaudió. Los defensores del oficialismo no profesan solamente con la palabra.

Los números están a la orden del día. Giorgi mencionó en la charla que existen 140.000 pequeñas y medianas empresas industriales más que en 2003 en todo el país. “Y eso es fundamental porque engloban el 40% del valor agregado del país y el 75% del empleo industrial”. No hay ninguna duda de que la industria en la Argentina ganó dinamismo desde 2002. Algo que al día de hoy todavía se mantiene. Según datos del INDEC, por ejemplo, el aumento de las ventas al exterior en junio de bienes industriales se explicó principalmente por una suba en las cantidades vendidas que por mayores precios. Así, los defensores del Gobierno sostienen que el desempeño de la industria supera al del sector agropecuario porque el éxito del campo se apoya en unos términos de intercambio extraordinarios.

También suelen hacerse comparaciones con la década del noventa. La tasa de inversión por ejemplo ?hoy alrededor de 23% del producto? es mayor a la del 1 a 1 (tuvo un pico de 22 puntos antes del tequila). Y las exportaciones de productos industriales fueron las más dinámicas de los últimos años. Desde la vereda de enfrente muchas veces se responde que la recuperación de la industria se debió al viento de cola de la economía y no a los aciertos del Gobierno. Los economistas K responden que esto no es así porque desde 2003 a la fecha existió una política económica que alentó el crecimiento de la industria.

La gestión de las políticas cambiaria, fiscal y de ingresos permitió la reindustrialización de la

economía. ¿Cómo? A través del tipo de cambio alto, las retenciones y el aumento del poder adquisitivo del obrero industrial. Según la versión oficial de la película 'reindustrialización', el avance del sector en los últimos años no se explica sólo con que las empresas hicieron plata con el actual Gobierno y les fue bien. “La rentabilidad para muchos sectores industriales hoy es mejor que en el 1 a 1”, dijo unas semanas atrás en la Universidad de Buenos Aires, Matías Kulfas, economista y director del Banco Nación.

En ese sentido el papel del Gobierno ha sido el ejecutor de un esquema macroeconómico proindustrial del cual, como dijo Aníbal Fernández, “Cristina Kirchner es la garante de cuidarle los porotos a los argentinos”.

Partes 2, nunca fueron buenas

La atribución por parte del Gobierno de que conduce un modelo que permitió la reindustrialización genera controversia entre políticos y economistas de distintas visiones ideológicas y posiciones políticas. Aunque todos están de acuerdo con algo: la participación de la industria alcanzó su máximo a mediados de la década del '70 para iniciar posteriormente una caída que se profundizó en la década del '90. Así pasó de representar el 23,1% del PIB en 1980 a un mínimo del 16% en 2002. También todos están de acuerdo con su impacto sobre el empleo: mientras que en 1974 la industria absorbía casi el 40% del total del empleo, se redujo al 30% en los '80 y cerró la década del '90 apenas por debajo del 20%. Mientras que a principios de los '70 el valor agregado de la industria argentina era similar al de los países del sudeste asiático, actualmente representa el 6%.

Si el Gobierno defiende su discurso con números para ponderar el avance de la industria, sus críticos también responden con artillería numérica. Según un trabajo de la consultora LCG, que dirige el ex ministro de Economía Martín Lousteau, la película de la reindustrialización durante el kirchnerismo tiene una primera parte y una secuela. Y, como ocurre casi siempre, las segundas partes son peores. El trabajo (que se llama 'El mito de la reindustrialización') identifica un primer período exitoso que va entre 2003 y 2004. Allí la industria creció a tasas por encima del promedio de la economía (16% en 2003 y 11% en 2004) y ganó 2 puntos porcentuales de participación en el valor agregado total.

El segundo período fue de 2005 a 2010 y el informe de LCG señala que la industria creció al 4,7% promedio anual. Pero como esa cifra está por debajo del conjunto de la economía, el aporte de la industria al crecimiento económico se redujo. En 2003-2004 la industria explicó prácticamente un tercio del total del crecimiento del producto. Pero esa porción se redujo a 12% entre 2005 y 2010. “El sector manufacturero perdió participación en el PIB y actualmente se ubica casi 2 puntos porcentuales por debajo del promedio de los '90”.

Al interior de la industria, en el bienio 2003-04 los sectores más dinámicos fueron textiles (35% anual), metalmecánica (33%), automotriz (29%) y minerales no metálicos (22%). Todos estos fueron sectores que cayeron mucho durante la crisis y son, como dicen los economistas, mano de obra intensivos. En la segunda etapa (2005-10) sobresale, por lejos, el sector automotriz con un crecimiento que cuadriplicó al promedio de la industria y explicó 33% del total.

¿Cambio estructural?

Giorgi dijo que la propuesta industrialista del Gobierno “es superadora” a cualquier otra llevada a cabo en décadas anteriores, porque el kirchnerismo plantea que “la política vaya hacia la economía y no al revés”. Y suscribió a las palabras del viceministro de Economía, Roberto Felleti, quien dos minutos antes había dicho en el mismo acto que “el modelo plantea que los empresarios capturen renta y estos la reinviertan en pesos. Estos es construir una Nación”. A lo que Giorgi agregó: “Y construir soberanía”.

Pero la dinámica empresarial bajo el período kirchnerista no parece haber sido muy distinta a la de la década del noventa. Un nuevo trabajo del economista de Flacso, Martín Schorr ?'La industria argentina en la posconvertibilidad', que se basa en uno publicado el año pasado junto a Eduardo Basualdo, otro investigador de Flacso?, señala tres puntos al respecto. En primer lugar, a fines de la década pasada las cien empresas más grandes de la industria explicaron alrededor del 45% del valor bruto de producción, frente a una participación de 35% de la convertibilidad.

En segundo lugar, desde 2002 a la fecha se afianzó el proceso de extranjerización de la industria. Y, finalmente, en tercer lugar, la profundización de la brecha entre la renta de las PyMes y las grandes empresas. Cuando Kulfas dice que la rentabilidad de las empresas hoy es mejor que en el 1 a 1, tiene razón. En la última publicación del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino, fundado por el economista Axel Kicillof, se muestra la evolución de la tasa de rentabilidad sobre ventas de las 200 empresas de mayor tamaño en el país.

“Dicha tasa fue en promedio de 3,1% entre 1991 y 2001 y, tras tener un valor negativo en el año 2002, mostró una media de 8,5% entre 2003 y 2009”. Los trabajos de LCG (Lousteau) y Flacso (Shorr) resultan interesantes porque fueron elaborados desde dos usinas que observan la economía desde lados muy diferentes (consultoría y academia). Pero ambos concluyeron en lo mismo: del cambio estructural en la Argentina, ni noticias.

Los que siguen estos temas sostienen que para confirmar si hubo realmente un cambio estructural en la economía deben darse dos cosas. Primero, que la industria argentina se haya destacado en relación a la de sus vecinos. Segundo, que la estructura de la economía haya cambiado con relación a la de la etapa del 1 a 1. Y en ninguno de los dos puntos se observaron cambios.

¿Y qué se observa entonces? Dos cosas. Una es que la industria creció en línea con la evolución del resto de los países de la región. Entre 2005-2010 lo hizo a una tasa anual de 4,7% y en el resto de los países de la región al 4%, ubicándose a la zaga de Uruguay (7,5%) y Perú (6,7%). El segundo punto, y que el trabajo de LCG menciona, es que los sectores que explican hoy el crecimiento de

la industria siguen siendo los mismos que durante la convertibilidad: alimentos, automotriz y químicos. En ambos períodos significan el 60% del total.

Medidas del Gobierno

El Gobierno tomó medidas pro-industria en los últimos años. La ley de Promoción del Software, la creación del régimen de incentivo a la competitividad de autopartes locales, la promoción del desarrollo y la producción de biotecnología, el lanzamiento de líneas de créditos subvencionados y la extensión del régimen ensamblador de Tierra del Fuego hasta 2023 (vencía en 2013) son ejemplos de políticas activas que marcan una diferencia clara con el rumbo fijado en la década del

noventa.

También la política cambiaria fue beneficiosa para la industria en ese sentido ?aunque cada

vez menos, según el titular de la UIA, Ignacio De Mendiguren?. Economistas de distinta visión que

han seguido este tema, desde Schorr hasta Eduardo Levy Yeyati, coinciden en señalar algo: no se puede decir que el Gobierno haya llevado una política industrial activa.  Schorr opina que “casi no se han instrumentado políticas industriales activas salvo unas pocas medidas puntuales, por lo general con escasa coordinación y déficit manifiestos en su aplicación efectiva”.

Según el economista “el dólar alto se ha constituido en el núcleo ordenador prácticamente

excluyente de la política industrial, en un escenario internacional que ha sido inusitadamente

favorable para países como la Argentina”. Levy Yeyati, por su parte, señaló recientemente en su blog que el esquema de industrialización en Tierra del Fuego “no dista mucho de una gran maquila tecnológica de productos inexportables, que transfiere la renta agrícola a empresas industriales rentistas y a unos pocos trabajadores privilegiados, sin mejorar la competitividad dinámica del país. En suma, el negativo de un modelo productivista sostenible”.

El modelo fueguino lleva 40 años sin mostrar resultados y es cuestionado hasta por economistas kirchneristas. Además, va en contra del ejemplo seguido por los casos exitosos en el mundo y de las conclusiones de los expertos. Un trabajo de dos años atrás de los ex CEPAL Bernardo Kosacoff y Adrián Ramos (“Las políticas de promoción de la competitividad en la Argentina”), demuestra que una política industrial requiere una acción coordinada entre el sector privado y el Estado durante mucho tiempo. Nada parecido a ello sucedió en los últimos años.

Empleo rezagado

La participación del producto de la industria sobre el PIB total aumentó entre 2002 y 2005, demuestra Schorr. Pero desde entonces y hasta 2010 la caída fue continua. Actualmente el ratio es más bajo que en 2000 según el estudio de Flacso. Un reflejo de ello es que el déficit comercial de la industria hoy es mayor al de los noventa. Por otro lado la industria muestra signos de desaceleración.

El impacto de todo esto sobre el empleo es notorio. Hoy la industria argentina emplea menos obreros que en 1997 según el documento de LCG. Los especialistas dan muchas explicaciones como, por ejemplo, que para fabricar una unidad de un producto determinado hace falta menos mano de obra (la productividad). Pero también existen factores de otra índole.

Van dos. Primero, un cálculo privado muestra que el costo salarial industrial medido en dólares

es 10% superior al de diciembre de 2001. Segundo, la crisis internacional de 2009 todavía dejó

sus secuelas. Según cifras oficiales del Ministerio de Trabajo, publicadas a través del Observatorio

de Empleo y Dinámica Empresarial, hasta el tercer trimestre de 2010 ?último dato publicado-, la industria había recuperado el 56% de los puestos destruidos durante la crisis. Para entonces el conjunto de la economía ya había creado suficiente cantidad de empleos para superar el nivel preexistente a la crisis.

Quiere decir que en los últimos dos años más personas pasaron a trabajar proporcionalmente

en las ramas de comercio y servicios que en la industria. ¿Tendrá algo que ver con que en ese período el dólar se devaluó 5% anual mientras que la tasa de inflación fue tres o cuatro veces más

alta? Si efectivamente la caída del costo laboral en dólares impulsó la recuperación de la industria y el empleo ?como lo demuestra el trabajo de Shorr?, la apreciación de los últimos años podría explicar ?en parte? que la reindustrialización fue sólo un mito. O el resultado de un período del tipo de cambio alto.

(De la edición impresa)

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