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La reactivación se está haciendo desear

02 diciembre de 2016

por Matías Carugati

De a poco nos acercamos al verano pero la economía sigue fría. Con los datos publicados queda en claro que el optimismo respecto al segundo semestre no fue únicamente del Gobierno sino también de los analistas.

En efecto, las estimaciones de crecimiento para este año relevadas en el REM fueron ajustadas a la baja prácticamente todos los meses (pasando de -1,4% en junio a -2% en octubre). El primer año de gestión de Mauricio Macri transcurrió así entre cambios estructurales y políticas para amortiguar su impacto. Pero la recuperación se hace desear y la ansiedad se nota: cada mes de demora le ocasiona costos políticos al Gobierno y amenaza con llegar a las legislativas sin el impulso necesario para favorecer las probabilidades de una victoria.

Piso flojo

El tercer trimestre mostró un nivel de actividad en caída (aunque a menor ritmo). Todas las estimaciones reflejan que el crecimiento continuó en terreno negativo entre julio y septiembre. El Indec reportó (vía el EMAE) una baja de 0,9% trimestral (desestacionalizado), inferior al -2,1% del período anterior. Estimaciones propias del PIB, efectuadas en base a la metodología de Nowcast del BCRA, muestran una contracción más grande (-1,6%) pero aún por debajo de la variación del trimestre anterior.

Los problemas de crecimiento continuaron en octubre. Estimaciones privadas de actividad muestran un leve retroceso mensual pero ubican la contracción anual en el orden del 4,7%. Los sectores de peso con peor desempeño fueron la construcción, el comercio y la industria. Precisamente, la CAME reportó una baja de 8,2% en el volumen de ventas minoristas de octubre. Una caída similar (-8%) registró la industria, según el IndecEl organismo oficial de estadísticas también publicó que la construcción se desplomó un 19,2% anual durante octubre. Uno de los pocos brotes verdes, sino el único, provino del mercado laboral. El desempleo del tercer trimestre bajó al 8,5% de la Población Económicamente Activa (PEA). Incluso considerando la estacionalidad en el dato, que no haya aumentado el desempleo dado el contexto económico general es, dentro de todo, auspicioso.

Parecidos con 2014

Sin ser idénticas, las recesiones de 2014 y 2016 se parecen. Ambas se desataron por una devaluación y suba de tarifas, seguidas por un endurecimiento monetario apuntado a controlar el impacto sobre los precios. La combinación de caída de salario real y encarecimiento del crédito fue suficiente para derribar el consumo privado, sin compensación por el lado de la inversión o de las exportaciones. Por su parte, la política fiscal actuó de forma contracíclica. Así todo, existen diferencias. No tanto en la profundidad de la recesión (en 2014, el PIB cayó 2,5% y este año se registraría una contracción similar) pero sí en su duración. En 2014, la economía tardó siete meses desde la devaluación para empezar a recuperarse mientras que ahora llevamos 9 meses sin cambio de tendencia.

Los motores

El consumo privado explica gran parte del bajón económico y también será el que empuje la actividad el año próximo. El Gobierno pretende cambiar los motores de crecimiento, pasando de un modelo de consumo a otro basado en la inversión y las exportaciones. Con este objetivo en mente fue que se tomaron las primeras medidas de Gobierno, hace casi un año. En la transición el consumo sigue teniendo peso fundamental en la economía. Por eso predomina el efecto negativo ocasionado por la erosión del salario real.

El 2017, en este aspecto, no será distinto. Las inversiones seguirán demoradas a la espera de menor incertidumbre, cuestión relacionada al retroceso regulatorio que podría ocasionar una derrota en las legislativas y también a la obtención de resultados positivos en materia económica. Por su parte, Argentina se dispone a exportar más en un mundo que empieza a moverse en dirección al proteccionismo, con términos del intercambio que podrían caer y con un socio comercial relevante (Brasil) cuya economía no arranca. El rebote del año próximo (¿2,5%, 3% o 3,5%?) dependerá de la recomposición del poder adquisitivo de las familias y tolerar, acaso, errarle a las metas de inflación y de déficit fiscal. En definitiva, el rebote dependerá de la disposición del Gobierno a sacrificar sus objetivos a corto plazo para ganar margen a mediano plazo.

(*) Economista jefe de Management & Fit

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