El Economista - 70 años
Versión digital

mar 18 Jun

BUE 15°C

La importancia de innovar

Reseña de "Ideas en la ducha"

06 octubre de 2014

“Ideas en la ducha. Todas las técnicas para ser más creativos” (Sudamericana, 2014) comienza con una anécdota certera. Ignacio Harraca, un ejecutivo de una multinacional de consumo masivo, realizaba su ducha diaria cuando, de repente (o no tanto), se le ocurrió la canción que, al poco tiempo, cuarenta millones de argentinos cantarían: “Brasil, decime que se siente?”. De la anécdota se desprenden varias respuestas a una de las preguntas más importantes, sino la más, que realiza el periodista Campanario en su nuevo libro: ¿Cómo surgen las ideas? “¿Es posible que un buen baño de agua caliente, caminatas largas, meditar, soñar despiertos en un café, dibujar lo que pensamos y hasta hacer malabares nos lleven a ser más creativos? Los más recientes avances científicos sugieren que sí”, dice la contratapa. Y a eso va el libro: qué dicen las investigaciones científicas sobre la creatividad y el surgimiento de las ideas, qué hábitos tienen las personas más innovadoras y qué lecciones se pueden extraer de los casos más exitosos.

En su tercer libro (el primero fue “La economía de lo insólito” ?Planeta, 2005? y el segundo, escrito junto a Martín Lousteau, “Otra vuelta a la economía” ?Planeta, 2012?), Campanario responde estas preguntas y comienza a consolidarse como uno de los referentes locales más lúcidos a la hora de reseñar esa zona mixta entre la economía, el smart thinking, las neurociencias y las otras disciplinas que se abocan a estudiar cómo se potencia esa máquina de 85.000 millones de neuronas que se llama cerebro.

El libro tiene la virtud de contar con un trabajo de campo profuso, fruto de entrevistas con decenas de innovadores y creativos del país y de afuera (por ejemplo, con el director de cine de culto David Lynch), a partir de los cuales cada cual extraerá sus conclusiones. El autor no “se casa” con ninguna. Quizás por su hábito periodístico, se limita a presentar la información. Cada uno debe encontrar su propia fórmula para su contexto.

¿Por qué es importante?

Vivimos en un mundo complejo, competitivo e inestable. En ese contexto, tanto para las personas, como los países y las empresas de cualquier rubro, ser creativos y tener capacidad de innovar, como reza la contratapa, “es la ventaja comparativa más relevante y sustentable”. Para crecer, y esto excede al ámbito profesional, hay que saber innovar y ser creativos.

El libro ofrece buenas pistas para aprender a dominar ese arte y tener más “productividad personal”. Un ejemplo es el del economista Eduardo Levy Yeyati, uno de los referentes de “la profesión” en el país. ¿Está todo el día con los números? No, una parte. Otra la dedica a escribir ficción. “Está convencido de que la multidisciplinariedad le da aire fresco al pensamiento académico, que suele ser propenso a las convenciones y la autorreferencia”, escribe Campanario.

En el segundo capítulo, el autor reseña las técnicas más estilizadas para potenciar la creatividad: “El efecto Jajá”, “Power Siestas”, “Ducha de Ideas” y/o “Baños de Aires”. Por supuesto, la canción que ideó Harraca en su ducha no nació ni se coronó allí. “Las ideas no surgen de la nada. Aparecen tímidamente, en un proceso más parecido a recorrer un castillo donde una habitación tiene una puerta que conduce a otra, y así sucesivamente”, dice Campanario. Llegar al último cuarto puede durar días, meses o incluso años. Y si es acompañado, mejor. “El 90% de los descubrimiento surgen de la interacción grupal”, escribe el autor citando a Steven Johnson, “una de las mayores autoridades mundiales en el ADN de la creatividad”.

En el cuarto capítulo hay algunos ejemplos más rebuscados: por ejemplo, una app que replica el ruido que hace una cafetera a 70 decibeles, El libro, de poco menos de 200 páginas, también cuenta con una parte más prescriptiva porque a las buenas ideas hay que tentarlas y, generalmente, también comunicarlas bien y desarrollarlas, lo que es más difícil que pensarlas. De estos temas se ocupan los últimos capítulos del libro y derriba algunos mitos, por ejemplo, el que postula que los integrantes de los grupos deben llevarse bien entre sí para desarrollar ideas de modo exitoso.

El rol del Estado

Quizás la parte más interesante y que debería alertar a más de un policy maker es la importancia que tiene el gasto estatal en Investigación & Desarrollo (I&D) en la gestación de grandes productos. “¿Hay que agradecerle el IPhone 6 a la 'mano invisible del Estado'?”, se pregunta Campanario. Las cinco tecnologías principales de las que se sirve el teléfono de Apple ?entre ellas Internet y la pantalla táctil? dieron sus primeros pasos en laboratorios estatales, al igual que sucedió con el algoritmo madre de búsqueda de Google.

Otro ejemplo: “El 75% de los remedios que se consiguen en las farmacias de EE.UU. tuvieron sus fases iniciales de exploración financiadas por el Departamento Nacional de Salud (NIH), que sólo en la última década invirtió US$ 600.000 millones en investigación de base: las empresas farmacéuticas entran en una etapa más madura, con menos riesgos, y sacan el provecho económico”.

A nivel de países, Israel es el caso testigo más importante. Cuenta el autor: “En treinta años, Israel pasó de ser una economía basada en la agricultura a venderle al mundo alta tecnología: el 75% de sus exportaciones actuales son de este rubro. Desde mediados de los años '50, el tamaño de su PIB se multiplicó por 50. Es el segundo lugar del mundo con mayor concentración de start ups (sólo superado por Silicon Valley). El país dejó de ser un desierto inhóspito, al que el escritor Mark Twain una vez describió como 'un lugar silencioso y desolado', para convertirse en un oasis de ideas e iniciativa”. Otro ejemplo es Shenzhen, “el Silicon Valley de China”.

A las buenas ideas también hay que financiarlas.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés