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La estrategia antiinflacionaria no es un fracaso

Según la visión de diversos economistas, y más allá del 3,1% de diciembre y el 24,8% de 2017, la desinflación avanza y sin precios reprimidos

14 enero de 2018

La inflación superó el techo de la meta en 2017 por 8 puntos, sí. La inflación sigue en la zona heredada de 25% anual, sí. El Gobierno le declaró la guerra y la inflación ni se enteró, también. Y la lista puede seguir. Pero la estrategia antiinflacionaria no fue ni es un fracaso. En eso coincidieron, en los últimos días, una miríada de economistas. Sus argumentos centrales fueron que la inflación está bajando (aunque muy lentamente) y que eso ocurre mientras se ajustan los precios relativos, es decir, no se acumula suciedad debajo de la alfombra.

“En 2017, la inflación bajó casi doce puntos respecto al año previo pese a una fuerte corrección del retraso tarifario, sin anclar el tipo de cambio, lidiando con un déficit fiscal de 6% del PIB y sin enfriar la economía. Teniendo en cuenta todas estas consideraciones, ya resulta bastante más difícil hablar de un fracaso de la estrategia anti-inflacionaria, a pesar del enorme desvío respecto a la meta oficial”, dijo, por caso, Federico Muñoz en su último reporte (ver completo acá). “El Gobierno bajó la inflación doce puntos porcentuales manteniendo un programa de ajuste tarifario y con la economía creciendo y lo convirtió en una mala noticia. ¿Cómo hizo?”, cuestionaba, por Twitter, el historiador económico Pablo Gerchunoff.

https://twitter.com/pgerchunoff/status/951600485840179202

A la vez, diversos informes dieron cuenta del avance (gradual, por cierto) de la desinflación. Por ejemplo, un gráfico de Consultora Ledesma mostraba que la famosa “inflación core” (una medición más limpia y que muestra la tendencia subyacente) bajó desde 23% en 2015 a 17,7% en 2017 en la Ciudad.

Más allá del elevado 3,1% del último mes de 2017, en Balanz Capital emitieron un extenso informe concluyendo que “la inflación de diciembre no es tan mala como parece”.

“Hablar de un proceso de desinflación, o de un relativo éxito de la política antiinflacionaria del BCRA, podría parecer equivocado”, reconocen desde Invecq. “Sin embargo, una mirada de mediano plazo sobre la dinámica inflacionaria de Argentina indica lo contrario: el 2017 fue un año en el que, con dificultades y errores, la política económica logró desacelerar un proceso inflacionario que lleva más de 10 años y, desde este punto de vista, fue exitosa”, dijeron agregaron.

Como decía Muñoz, el informe de Invecq también resalta que el 26,1% que dio el IPC CABA en 2017 (además de ser el más bajo desde 2013) se logró sin reprimir inflación.El 26,1% se registró al mismo tiempo que los precios regulados se actualizaban al 42,6% anual. Por su parte el 26,6% de 2013 se logró con precios regulados subiendo por debajo (21,3%) y durante el 2015 se registró una tasa de inflación del 26,9% pero con precios regulados muy pisados, avanzando solo 10% en todo el año. Es decir que la tasa de inflación más baja de los últimos 5 años se logró al mismo tiempo que los precios regulados están subiendo a una velocidad del doble que en 2013 y cuatro veces mayor a la de 2015”, ejemplifican.

Así, la “ansiedad monetaria” (Alfonso Prat-Gay dixit) del BCRA fue una mala apuesta y la responsable de dejar en off-side a su propia credibilidad. Fue un error autoinfligido y, como tal, evitable. Una ansiedad que estuvo basada en errores de diagnóstico no menores: pensar que algunos precios bajarían cuando subieran las tarifas y, además, que la economía, allá por 2015, ya operaba bajo un dólar a $15. Ahora, con una meta más realista (aunque muy exigente), el BCRA tiene una segunda oportunidad de hacerse creíble y guiar expectativas, como pretende.

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