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Integración financiera inteligente: lección de nuestros vecinos

14 octubre de 2016

por Ramiro Albrieu

Por muchos años la política financiera externa de Argentina fue extrema: todo financiamiento externo era considerado malo (salvo cuando las papas quemaban y hubo que recurrir a la “hetedoroxia” financiera internacional, es decir, a préstamos de China). Las consecuencias, conocidas: atraso cambiario y déficit fiscal coexistían con mercados financieros cerrados, de manera que el cepo y el financiamiento monetario fueron las respuestas ensayadas ?respuestas que trajeron más problemas que soluciones-.

Con el cambio de gobierno, el cepo cambiario desapareció (al menos en lo referido a la cuenta de capital) como así también se redujo el financiamiento monetario. Pero las brechas fiscal y externa siguen débiles, y seguirán así en el corto plazo (de hecho el FMI espera mayores déficit fiscal y de cuenta corriente para 2017). Las cuentas cierran entonces con financiamiento externo. La clave ahora es no ir al otro extremo y creer que todo financiamiento externo es positivo para la economía. Necesitamos entonces una política financiera externa inteligente. ¿dónde tenemos que mirar?

Cuatro lecciones

Mi opinión es que hay mucho que aprender de lo que estuvieron haciendo los países vecinos durante la bonanza. A pesar de que las condiciones externas difieren hoy de aquellas, nos sirve de hoja de ruta sobre próximos pasos a seguir. ¿cuáles son las lecciones? Van las cuatro más relevantes.

La primera, que debemos es timular la inversión extranjera directa (IED). En Brasil, Chile y Uruguay el stock de IED promedia 35% del PBI, en Argentina apenas 8%. Previo análisis del diseño contractual por parte de todos los involucrados, y con asesoramiento de entidades internacionales y ONG para temas sensibles como lo asociados a los recursos naturales, tenemos allí una oportunidad para aprovechar.

La segunda, debemos fomentar los mercados de renta variable. Los mercados de acciones, por ejemplo, cumplen con dos requisitos muy importantes en materia de flujos de capital: tanto los vaivenes de precios de activos como del tipo de cambio son absorbidos por el acreedor. Esto hizo que a finales de 2008, por ejemplo, Brasil experimentara una mejora en su posición financiera internacional gracias al derrumbe de sus obligaciones externas originado a su vez por la caída en los mercados y la devaluación del real.

La tercera, tenemos un problema de seguro insuficiente en el sector público y un sector privado sobreasegurado, y eso debe cambiar. Del lado del sector público, es necesario recomponer el nivel de reservas, que en los tres países mencionados promedia 22% del PIB y en Argentina apenas 6%. Del lado del sector privado, debemos diseñar una estrategia inteligente de repatriación del stock de activos líquidos en el exterior (los resultados del blanqueo propuesto por el Gobierno dirán si fue el vehículo correcto).

Por último, debemos incentivar la captación de fondos del exterior para bonos en moneda nacional. Si bien el espacio para esto es más reducido que antes, el trabajo conjunto con organismos multilaterales (como hizo Uruguay con el Banco Mundial, por ejemplo) puede hacer la diferencia al respecto.

Los tiempos de la política llevaron al Gobierno a posponer las malas noticias y recostarse sobre el financiamiento externo. Evitar que se sumen nuevos riesgos en el proceso será clave de aquí en más.

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