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“Hubiera sido más prudente con el segundo semestre”

Entrevista a Guillermo Rozenwurcel, Economista y miembro del Club Político.

06-06-2016
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“A mi juicio se generaron expectativas excesivas para al segundo semestre”, dice Guillermo Rozenwurcel. En diálogo con El Economista, hace un repaso general de la situación de la economía y las dificultades que enfrenta la política económica. “Es necesario reconocer que las correcciones que había que hacer eran enormes, las restricciones a las que se enfrenta la política económica son muy duras y los riesgos de caer en la ingobernabilidad, muy altos. Cualquiera que estuviera a cargo de la política económica se vería muy limitado en sus opciones”, expresa.

Las principales medidas tomadas hasta ahora por el Gobierno estaban, como se dice en la jerga financiera, descontadas. ¿Usted coincide o se sorprendió con algunos elementos de este primer semestre?

Había una percepción clara de cuáles eran los temas a resolver: el conflicto con los holdouts, la inflación, el desajuste de precios relativos, la escasez de divisas y el déficit fiscal. Desde una perspectiva un poco más larga, se subrayaba la necesidad de cambiar las fuentes de crecimiento desde el consumo hacia la inversión y las exportaciones. Esos objetivos eran, y siguen siendo, correctos. Sin embargo, el diagnóstico sobre la dinámica de la inflación no lo era y eso generó algunos resultados no previstos por las autoridades económicas.

¿Se refiere a la creencia de finales de 2015 de que los precios ya habían incorporado un precio del dólar a $15 o $16?

Sí, eso, que no era cierto más allá de algunos precios puntuales y, por otro lado, a la dinámica nominal en un país con una memoria inflacionaria extendida, donde la resistencia de los distintos actores a la caída de sus ingresos reales genera inercia inflacionaria. Se subestimaron los efectos de segundo ronda de los ajustes cambiarios y tarifarios, que además de su impacto directo sobre la inflación, operan vía costos e inducen demandas de ajustes salariales. Por eso, y de a poco, el Gobierno fue modificando sus propias proyecciones de inflación a lo largo del año.

El Gobierno parece apostar casi todo a la política monetaria y no consideró, pese a haberlo anunciado en enero, las herramientas más heterodoxas como la convocatoria a una mesa de diálogo tripartito?

La creencia de que el ajuste de precios relativos afecta el nivel de precios pero no su ritmo de variación se mostró en los hechos equivocada y aceleró la inflación. Por otro lado, la decisión de realizar un ajuste fiscal gradual, que a mi juicio si fue correcta, hizo recaer toda la responsabilidad sobre la política monetaria y las tasas de interés, que se llevaron a niveles muy altos. Si se sostiene la restricción monetaria, a la larga la inflación tenderá a bajar, pero dado su componente inercial, lo hará lentamente y en un contexto recesivo. Como además el canal crediticio en una economía de baja monetización es muy débil, el principal mecanismo de transmisión de las colocaciones de Lebac a altas tasas de interés será el atraso del tipo de cambio.

Hay varios colegas suyos que dicen que la inflación va a descender, pero no a los niveles que se imagina de 1% sino a los previos al balotaje de 2015, es decir, a un lugar más cercano a 2%. ¿Cómo la ve?

La inflación va a bajar, pero más lentamente de lo que esperaba el Gobierno, ya que los precios relativos aún no terminaron de acomodarse. Todos los meses hay algunos nuevos ajustes. Se dijo que luego de la corrección tarifaria la inflación mensual convergería rápidamente a niveles inferiores al 2%, pero aparecieron los aumentos de cigarrillos, prepagas, nafta y ahora las expensas. Los efectos de segunda, tercera y cuarta ronda aún no se agotaron, más allá de que el Gobierno se haya comprometido a no hacer más ajustes en los precios regulados este año. Y entre tanto, la recuperación de la actividad no arranca. Apremiado por evitar que emerja el descontento social (por ahora contenido) y por el escaso tiempo disponible hasta las elecciones del año que viene, cruciales para su futuro, el Gobierno parece decidido a recurrir al atraso cambiario para salir del atolladero de corto plazo, aún si el costo es poner en riesgo el largo plazo. Dicho esto, es necesario reconocer que las correcciones que había que hacer eran enormes, las restricciones a las que se enfrenta la política económica son muy duras, y los riesgos de caer en la ingobernabilidad muy altos. Cualquiera que estuviera a cargo de la política económica se vería muy limitado en sus opciones. Es una aclaración importante porque, desde afuera, las cosas siempre parecen menos difíciles que desde adentro.

¿Cómo analiza las últimas medidas?

El Gobierno se comprometió a no hacer un ajustazo fiscal, sino a corregir el desequilibrio gradualmente. El problema no está en esa decisión, sino en que pareciéramos estar moviéndonos en sentido contrario. Sin asegurar nuevos recursos, las últimas medidas tienden a agrandar el bache fiscal, sobre todo a partir del año que viene, y la dominancia fiscal de la política macroeconómica se acentúa.

¿Cuáles son los riesgos de descuidar el flanco fiscal?

Las negociaciones caso a caso con los gobernadores y las provincias terminan siempre con alguna concesión fiscal, y lo mismo ocurre con los sindicatos y otros factores de poder. Y con el gasto previsional pasa lo mismo. El reclamo por los juicios es legítimo, pero el financiamiento a través del blanqueo es contingente y difícil de estimar. Pero además del pago de lo adeudado, las jubilaciones de más de millones y medio de personas aumentarán 45% en promedio.

¿De dónde saldrán esos recursos?

No lo sabemos. Se hace justicia con los jubilados, pero sin medidas adicionales puede arriesgarse la sostenibilidad del sistema previsional. ¿Cómo ve el segundo semestre? Va a seguir complicado.

Entonces, ¿no gastó apresuradamente el Gobierno una bala de plata diciendo 'es sólo un semestre malo y después remontamos'?

Sí, yo hubiera sido más prudente. A mi juicio se generaron expectativas excesivamente optimistas para al segundo semestre y ahora el Gobierno parece estar corriendo a la inflación desde atrás. Si las expectativas se concretan, chapeau. Pero se han tomado muchos riesgos. No se puede corregir precios relativos, bajar la inflación y mantener el nivel de actividad simultáneamente. El Gobierno lo intentó, pero no pudo. Ahora el tipo de cambio se atrasa y la actividad no despega. De hecho, parece haberse renunciado al objetivo del tipo de cambio y eso no me gusta: la estrategia antiinflacionario no debería pivotear exclusivamente en el ancla cambiaria. Esto significa que a futuro se requerirá una nueva corrección de esta variable, además de nuevos ajustes de tarifas. Aunque implementarla efectivamente no es sencillo, creo que es el momento de intentar una política de ingresos acordada con los principales actores que oriente las expectativas.

Atrasar el tipo de cambio estimula el consumo, pero complica a las exportaciones?

Las exportaciones representan un componente del PIB mucho más bajo que el consumo. Es obvio que el Gobierno apunta a reactivar el consumo y eso tiene como horizonte las elecciones de 2017. Parece inevitable pues el Gobierno se juega mucho en esa instancia.

¿Qué magnitud puede tener esa recuperación vía consumo?

Va a depender mucho de lo que pase con la inflación, pero tampoco va a ser instantánea. Por ejemplo, hasta que las nuevas jubilaciones lleguen al bolsillo va a pasar un tiempo. Las correcciones de salarios van a tener algún efecto, sin duda. Pero con las tasas de interés que hay, quien tiene alguna capacidad de ahorro va a postergar sus decisiones de gasto, o va a hacerlo en el exterior. Una vez más, viajar al exterior se está volviendo muy atractivo. No estamos en una situación desesperada ni mucho menos, y sin dudas el equipo económico es excelente, pero la conducción parece fragmentada, falta coordinación entre sus miembros y creo que es necesario repensar la estrategia hacia adelante. No veo que las inversiones productivas se efectivicen muy rápido. Las fuentes iniciales de reactivación van a ser el consumo y, si arranca, la obra pública, pero va a costar despegar.

Más que una vuelta a los '90 es una vuelta a los 2000?

Es que hay una dinámica política y electoral que enfrenta todo Gobierno en un sistema en el que tenés elecciones cada dos años y mucho más si se trata de un Gobierno que asume con minoría en el Congreso y tiene una oposición fuerte enfrente que, eventualmente, tenderá a confluir. Si no consigue un buen resultado en 2017, los próximos dos años serán muy complejos para el Gobierno. En este contexto, el curso que puede llevarlo a buen puerto es muy estrecho.

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