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Hacia un mejor Estado

Además de ser demasiado grande, el Estado argentino es poco eficiente e inteligente

05-09-2017
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Por Francisco de Santibañes Autor de “La Argentina y el mundo”

Argentina enfrenta problemas estructurales que sólo pueden ser solucionados con cambios estructurales.

Quizás el ejemplo más claro de esto sea la pobreza estructural. Hace aproximadamente treinta años que, con algunas variaciones, la tasa de pobreza en nuestro país es del 30%.  Con cada generación que pasa, la marginalización -económica, pero también social y cultural? se agudiza cada vez más.

¿Cómo podemos resolver este problema? Contrariamente a lo que muchos suponen, la solución no consiste simplemente en incrementar el gasto social. Al final de cuentas, el fuerte aumento en los subsidios que hubo en los últimos años no logró revertir el proceso de marginalización. Lo que debemos hacer es redefinir el rol de un Estado que es grande, ineficiente y poco inteligente. Para lo que es el tamaño de su economía, Argentina tiene uno de los sectores públicos más grandes del mundo. Tener un Estado grande no es malo en sí mismo. La asistencia social, por ejemplo, ayuda a aliviar la pobreza. Es malo porque la contracara de un Estado grande es un sector privado demasiado pequeño para generar la riqueza y los empleos de calidad que los argentinos necesitan.

Una primera medida para generar trabajos de calidad consiste en bajar la alta carga impositiva que sufren las empresas mediante una baja, en términos relativos, del gasto estatal. Es correcto, como señala el Gobierno, que cualquier reforma impositiva debe ser gradual debido al déficit fiscal, pero esto no significa que deba ser neutral. El problema de fondo no es el tipo de impuestos sino la carga impositiva.

Quizás el ejemplo más claro de esto sea la pobreza estructural. Hace aproximadamente treinta años que, con algunas variaciones, la tasa de pobreza en nuestro país es del 30%

La situación del sector privado argentino es aún más grave si consideramos que, debido a los altos niveles de informalidad, toda la presión fiscal recae sobre el sector formal.  Según el Foro Económico Mundial, Argentina es el país el que las empresas pagan mayores impuestos. Dado este panorama, no debe extrañarnos que no llegue una lluvia de inversiones desde el exterior.

¿Cómo podemos hacer para bajar el gasto público? La clave está en congelar el gasto público en términos reales, esperando que con el paso del tiempo el crecimiento de la economía termine disminuyendo el peso del Estado en relación al que tiene el sector privado. Este es el camino que recorrieron, exitosamente, países como Suiza e Irlanda. Pero, para que esta estrategia funcione, el Gobierno deberá convencer a los actores económicos que no utilizará los nuevos recursos para expandir, entre otros objetivos, redes clientelares.

Como contrapartida del beneficio que una menor carga impositiva tendrá para las empresas, el Gobierno debe implementar una serie de cambios que fomente la competencia entre los privados. Una forma de lograr esto es firmando tratados de librecomercio que fomenten la competencia con el resto del mundo.

Los indicadores del Banco Mundial muestran que Argentina es una de las cinco economías más cerradas del planeta. Podemos discutir cuán integrado debe estar nuestro país con la economía mundial, pero no tiene sentido que seamos uno de los más proteccionistas. Especialmente si consideramos que, a diferencia de lo que ocurrió en otros períodos de nuestra Historia, los términos de intercambio nos son favorables.

La clave está en congelar el gasto público en términos reales, esperando que con el paso del tiempo el crecimiento de la economía termine disminuyendo el peso del Estado en relación al que tiene el sector privado

El Estado deberá estimular también un mayor grado de competencia interna. Esto se puede lograr eliminando ciertas regulaciones que son promovidas por algunos empresarios que buscan proteger sus mercados de posibles competidores. Esta es una práctica que impide la creación y el crecimiento de nuevas firmas.

Estos cambios ?comerciales y regulatorios? no sólo les permitirá a nuestros consumidores acceder a bienes y servicios más baratos y de mejor calidad, sino que también incrementarán los salarios y la productividad de la economía en general. Recordemos en este sentido que tanto en el caso de China como en el de otras naciones, su integración con la economía mundial y a la desregulación de sus mercados internos los ayudaron a dejar atrás el subdesarrollo y la pobreza extrema.

Además de ser demasiado grande -en relación con el sector privado-, el Estado argentino es poco eficiente.

El politólogo Samuel Huntington señala la importancia que tiene contar con instituciones estatales fuertes. Sostiene que la diferencia entre los países no debe encontrarse tanto en el tipo de instituciones estatales sino en su eficiencia. De esta manera, la Unión Soviética y Estados Unidos tenían más en común entre ellos de lo que tenían con los países del tercer mundo (más allá de si eran o no democracias). Según Huntington, para ser fuertes las instituciones deben tender a ser complejas, coherentes, autónomas y adaptables.

El Estado deberá estimular también un mayor grado de competencia interna. Esto se puede lograr eliminando ciertas regulaciones que son promovidas por algunos empresarios que buscan proteger sus mercados de posibles competidores

Difícilmente podamos afirmar que las instituciones argentinas cumplen con estos requisitos. Por tomar un ejemplo, pocos cargos de la alta gerencia pública son concursados.

Algo similar ocurre con los cargos políticos. A ningún gobernante le resulta fácil alcanzar un equilibrio entre la necesidad de contar con funcionarios que le sean leales y la necesidad de atraer a los mejores cuadros técnicos y políticos posibles. Pero en una etapa en la que se requieren reformas de fondo no hay otra opción que incorporar a los más capacitados.

Por último, otra característica que han tenido las burocracias exitosas es su capacidad para pensar el largo plazo. No podemos exigirles a los funcionarios que reflexionen sobre lo importante y no sobre lo urgente. Simplemente no tienen el tiempo para hacerlo. Sí debemos pedirles que analicen, valoren y adopten las ideas y las propuestas que produce la sociedad civil. Esto implica aceptar el costo político que puede significarles el defenderlas ?y promoverlas? públicamente.

Argentina continúa teniendo un enorme potencial. Un Estado más eficiente,  inteligente y de menor tamaño ayudará a alcanzarlo y, al hacerlo, mejorará la calidad de vida de todos sus habitantes.

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