Grecia, ¿quo vadis?

Su alejamiento del euro, más posible.

18-05-2012
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El principal rumor que circuló por la prensa económica esta semana fue el inminente alejamiento de Grecia de la eurozona. ¿Qué cambió? Del lado griego, la anarquía política. Las elecciones del 6 de mayo no dejaron un claro ganador y, por lo tanto, se organizaron nuevas elecciones para el 17 de junio. No está claro quién ganará y qué hará con el acuerdo que el país mantiene con la troika compuesta por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Alexis Tsipras, del izquierdista Syriza, es una de las figuras ascendentes. Su objetivo es renegociar el acuerdo con la troika.

La mayoría de los griegos aún prefiere al euro como moneda, pero no está dispuesta a tomar la medicina que le imponen desde Bruselas. La combinación preferida sería moderar el ajuste pero sin salir del euro.

Por esto y por la abrumadora evidencia de que sus recetas para Grecia han fallado hasta ahora, los vecinos europeos han perdido su paciencia con los griegos y estarían dispuestos (o, como mínimo, menos reticentes) a soltarles la mano y pasar de un club de 17 miembros a uno de 16, por más que la canciller alemana, Angela Merkel, diga: “Quiero que Grecia se quede en el euro”. El economista Thomas Costerg, del Standard Chartered Bank, dijo que “el abandono de Grecia de la eurozona pasó de ser una opción absurda al escenario base”. Según el Citibank, la probabilidad de que eso ocurra oscila entre 50 y 75%.

Otros analistas, en tanto, están hablando sobre las consecuencias que eso generaría en Europa y en el mundo entero. ¿Cómo impactará en la economía real de Europa? ¿Qué pasará con los bancos de los países que más exposición tienen a Grecia? ¿Habrá “efecto contagio” a otros de los países de la periferia, entre ellos, España e Italia? ¿Qué pasará con la economía global? ¿Las autoridades europeas deben hacer todo lo posible para salvar a Grecia (por ejemplo, relajando sus requisitos de ajuste u ofreciendo nuevos créditos) o deberían dejar de postergar lo inevitable?

Círculo vicioso

El lunes de esta semana se fugaron 700 millones de euros del sistema bancario griego. Según el Banco de Grecia, la sangría en el primer bimestre del año habría sido de 10.000 millones de euros y, desde finales de 2009, promedia 3.000 millones mensuales. El titular del BCE, Mario Draghi, dijo que prefiere que Grecia siga en el euro, pero advirtió que, por el momento, cerrará la canilla de financiamiento al país mediterráneo. No queremos complicar nuestra hoja de balances, explicó. Un aumento de la fuga de depósitos y, eventualmente, un corralito podrían ser las próximas paradas de la tragedia griega. Para los más pesimistas, la salida del euro, más que una opción, es un escenario inevitable. Para los optimistas, aún hay maneras a través de las cuales se puede mantener a Grecia a flote, aunque más no sea en estado vegetativo.

Ante un panorama tan desolador, la única esperanza para los griegos parece ser patear el tablero. La decisión de abandonar el euro no está motivada por la certeza de que solucionará los problemas griegos sino por la certeza de que, el actual camino, sólo las empeorará. Por eso, muchos describen esa (potencial) decisión como un salto al vacío. “La única manera de que Grecia escape al círculo vicioso es comenzar un default ordenado y abandonar la Unión Monetaria (UM), con coordinación y financiamiento de la troika que busque minimizar los daños colaterales a Grecia y el resto de la eurozona”, escribió Nouriel Roubini esta semana. Sin duda, la opción está sobre la mesa. Si será positiva para Grecia sólo se sabrá en el mediano plazo. Lo que está claro es que, si la pequeña Nación mediterránea decide recorrer ese camino, la economía global enfrentará meses muy difíciles.

¿Y el euro?

“La crisis no es de Grecia, sino del euro”, dice Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica, en su úlitmo informe. “Grecia (de PIB más chico que la Argentina) fue el primero en acusar la consecuencia de la pérdida de competitividad, por un tiempo ocultado bajo una montaña de deuda pública. El riesgo de Europa no es Grecia, sino reconocer que se puede estar frente al fracaso del euro ante diversos países con similares síntomas, madurando la crisis cada uno a su tiempo”, explica. La atención de corto plazo parece estar centrada en Grecia, pero una mirada más amplia debería incluir el futuro del euro.

(De la edición impresa)

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