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Entendiendo la inversión (parte II)

Es necesario entender con mayor detalle qué está sucediendo con la inversión de manera desagregada porque no todo es lo mismo

18-09-2017
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Por Pablo Mira Economista

En la primera entrega de esta columna sobre inversión discutimos sus diferentes dimensiones y explicamos que, si bien el gasto en bienes de capital contribuye al crecimiento, importan mucho su origen (nacional o importado), su calidad y su modo de financiamiento. La nota de hoy tiene por objeto explicar la dinámica inversora desde el punto de vista de sus constituyentes.

Según las cuentas nacionales, la inversión tiene dos componentes principales. Uno es el equipo durable, que incluye maquinarias más equipos de transporte, y que representa aproximadamente la mitad de la inversión total (promedio desde 2004). El otro es la construcción, que explica la otra mitad. En realidad, hay dos componentes más, pero no suman. Uno es investigación y desarrollo, cuyo aporte es mínimo (lo que seguramente no sorprenderá al lector). El otro es la variación de existencias, que si bien conceptualmente forma parte de la inversión, en Argentina se computa por separado.

La primera razón por la que la distinción entre equipo durable y construcción es relevante es que los actores que la llevan a cabo son diferentes. La gran mayoría de las maquinarias son adquiridas por las firmas, mientras que en la construcción hay una participación mucho más decidida del Estado, en sus tres niveles jurisdiccionales. En el primer caso la inversión depende de la rentabilidad privada, de la disponibilidad de crédito a buen precio, y de los “estados de ánimo” de los inversores.

Pero cuando interviene el Estado, las decisiones pueden relacionarse con otros objetivos. A veces se necesita promover la infraestructura para revertir la falta de inversión privada, planificar el desarrollo, o reducir la pobreza. Cuando el crédito al sector público está disponible, las obras se realizan y pueden generar un retorno social deseable, pero luego hay que pagarlas y por lo tanto requerirán además de un retorno contante y sonante. Eventualmente, la Nación podrá utilizar el crédito interno (la emisión monetaria) para financiar estos gastos de capital. Pero cuando aparecen las preocupaciones por el financiamiento del déficit o las presiones cambiarias de una emisión exagerada, lo primero que suele sufrir es la inversión pública. Esto significa que en los malos tiempos, cuando el crédito escasea, al Estado le cuesta actuar “keynesianamente” contrarrestando la quietud privada. Peor aún: como muchas obras quedan a mitad de camino, las inversiones no terminadas no generan ningún retorno. Medio puente, o medio hospital, no son obras demasiado productivas.

Un segunda aspecto a tener en cuenta es que la construcción no es solo un bien de capita sino, además, un activo. La sociedad, por decirlo así, puede “ahorrar” en construcciones. Esto incluye a las familias que “invierten en ladrillos”, pero también a las empresas y al propio Gobierno, que pueden especular con las plantas y edificios que forman parte de su patrimonio. Es raro, en cambio, que esta actividad especulativa se traslade a la demanda de maquinarias.

La consecuencia de que la construcción sea un activo es que su demanda está mediada por la incertidumbre. Es perfectamente posible que, mientras la incertidumbre manda, los dueños de los inmuebles no deseen “ponerlos en funcionamiento” (por ejemplo, que no deseen alquilarlos), y en cambio permanezcan totalmente inactivos, como mero refugio de la riqueza familiar o de una empresa. Las empresas desean por lo general poner en marcha de inmediato las maquinarias que compraron, pero no ocurre necesariamente lo mismo con la demanda de inmuebles.

Estos dos ejemplos ponen de manifiesto la importancia de entender con mayor detalle qué está sucediendo con la inversión de manera desagregada, de acuerdo a las cuentas que la integran. Es posible que un boom de inversión basado puramente en la construcción no tenga la potencia productiva de uno que ocurra en la demanda de maquinaria y equipo. En la tercera y última parte de estas notas, tomamos ventaja de la próxima publicación de los datos de Cuentas Nacionales del segundo trimestre de 2017 de la inversión, para concentrarnos en la coyuntura de esta variable tan importante y, como hemos visto, no siempre comprendida en toda su magnitud.

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