En defensa del ahorro

25-06-2019
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Por Ricardo De Lellis Consultor

Altas tasas activas de interés real, desempleo, marginalidad, pobreza, caída del salario real, recesión prolongada?todos estos males actuales, cuya mayoría ya nos aquejan desde hace un buen tiempo, son bien conocidos y materia de permanentes comentarios. Lo mismo ocurre con sus causas: inflación, exceso de gasto público, inadecuadas e insuficientes políticas públicas, falta de competitividad, economía cerrada, etcétera. Unos potencian a otros y viceversa.

Ahora bien, pocos se hacen eco de una consecuencia y causa a su vez de muchos de estos males: la falta de ahorro nacional, consecuencia directa de la falta de confianza en nuestro signo monetario. Pero, seamos claros: ahorro existe, pero en moneda extranjera y fuera del circuito formal, o sea, el Sistema Financiero Argentino (SFA).

En números aproximados, según fuera informado recientemente hasta en periódicos del exterior, 93% del ahorro de los individuos en la Argentina es en dólares y la estimación actual de ese ahorro por fuera del sistema es de aproximadamente 3,5 veces los depósitos bancarios en nuestro país.

De estos últimos, una parte cada vez más importante es en dólares, siendo además que una gran parte de ellos corresponden a empresas, es decir, estos depósitos no constituyen medios de ahorro sino que, en su mayoría, son transaccionales. De más está decir que aún los depósitos a plazo están concentrados en el corto plazo y que nuestro mercado de capitales es todavía muchísimo más pequeño.

Nada nuevo en esto. Federico Sturzenegger, en su momento como presidente del BCRA, reconocía no solo el carácter transaccional del SFA sino que también exponía claramente la situación de un ahorrista que hubiera mantenido sus depósitos en pesos desde 1980 y que ahora solo tendría una mínima fracción de esa imposición.

¿Pero le importa al ahorrista? Probablemente no tanto porque su horizonte sigue siendo, tarde o temprano, el dólar. Y no solo ahora, en 2001, luegodediezañosdeconvertibilidad, incluida una ley de intangibilidad de los depósitos emanada del Congreso, igual hubo corrida hacia el billete. Pareciera entonces que el ahorro en pesos solo tiene un carácter especulativo, además de transaccional. De allí la sorpresa de quien nos visita en la actualidad y ve a los argentinos consultando nerviosamente la cotización del dólar durante buena parte del día. En números: un depósito plazo fijo colocado durante todo el 2018 a las tasas promedio informadas por el BCRA (Informe Monetario) para depósitos a plazo fijo (rango 30- 44 días), capitalizados sus intereses en forma mensual, hubiera rendido 37% contra un IPC del 47,6% y una devaluación de algo más del 100% para ese mismo período.

Entonces, ¿importa? Por supuesto que sí, más allá de las medidas de urgencia actuales de tratar de impedir que más pesos se vayan hacia el dólar, así como en otras épocas se cerró el mercado vía cepo u otras alternativas (todas con costos importantes para la economía), este tema nunca termina siendo abordado tomando como objetivo su solución en el mediano o largo plazo.

¿En serio pensamos resolver los temas acuciantes mencionados al comienzo sin una estrategia para desarrollar como mínimo un sistema financiero con un rol importante de depósitos puesto en pesos sea a tasas de interés o ajustables por inflación? ¿Cómo se cubrirá la brecha entre la tasa de inversión, necesaria para desarrollar Argentina y que los economistas fijan en 23%, cuando la actual no alcanza el 17% y la del exiguo ahorro nacional? ¿Sólo con ahorro externo? ¿Qué diferente hubiera sido 2018 si hubiéramos tenido un mercado de capitales en pesos desarrollado? De no cambiar, ¿cómo se seguirán cubriendo las voraces necesidades de los ahorristas para acceder a las divisas y proteger su ahorro?

La vara a superar es alta, por todas las exacciones que sufrió el ahorrista en pesos en el pasado, y que terminan sintetizándose en su falta de confianza en todo los que se refiera a pesos. Por eso no resulta suficiente que una fracción política declame su voluntad al respecto. Pese a la contemplación de esta problemática, los planes del Gobierno actual al respecto terminaron en una nueva gran frustración. Señal de lo complejo del tema, aun cuando la mayoría de los países lo hayan resuelto ya.

Asimismo, y aun cuando todavía no empezaron las campañas políticas, las primeras señales de algunos candidatos no son auspiciosas: tasas reales negativas, control de cambios, y otras medidas de represión financiera que son meros paliativos que complican más la solución a futuro. ¿Y el ahorrista? Probablemente continuaremos escuchando de muchos de ellos ese latiguillo oído tantísimas veces: “A mí el dólar nunca me defraudó”. Claro está que, descontado que no habrá un nuevo boom de commodities y que el sueño del financiamiento externo abundante es cosa del pasado, el acceso a este recurso será cada vez más costoso, siempre y cuando el mismo sea posible.

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