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Empresas y salarios en 2017

16 noviembre de 2016

por Alfredo Reta (*)

A esta altura del año, la mayoría de las empresas prepara sus presupuestos y planes de negocio para el año entrante. Para hacerlo, son analizadas en profundidad todas las variables (crecimiento, dólar, tasa de interés, inflación, etcétera), para proyectar con el mayor rango de precisión posible. Sin dudas, una de las de más difícil predicción es la de los salarios.

La gran caja de resonancia que constituye el Coloquio de IDEA, que se llevó a cabo hace unas semanas, permitió develar qué piensan algunos actores económicos al respecto. Para el economista Miguel Bein, por ejemplo, los salarios el año próximo le ganarán a la inflación. En tanto, para el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, las paritarias deberán estar por debajo de la inflación. Ambos ponen el énfasis central en la inflación, aunque omiten precisar si se refieren a la pasada o la futura.

En profundidad

La verdad es que los salarios deberían moverse, no al ritmo de la inflación, sino según la dinámica propia del mercado en cuestión. Sin embargo, en la práctica lo que sucedió en los últimos años es que el movimiento del mercado salarial se ha acercado mucho a los números de la inflación anual, aun con las dificultades estadísticas que se enfrentaban. Habiendo dejado a un lado la discusión sobre la inflación real o la oficial, ahora lo que divide aguas es la cuestión acerca de qué inflación tomar: pasada o futura.

Para el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, es necesario un borrón y cuenta nueva. Para ello, el diseño del bono de fin de año acordado cubriría (aunque parcialmente) el saldo de la inflación pasada y se podrían vislumbrar para las paritarias del futuro guarismos que no contengan el arrastre de la inflación anterior, y así poder tener incrementos salariales, tanto para el sector público como para el privado, cercanos a las metas presupuestarias.

Siguiendo las ideas de Bein, Sturzenegger y asumiendo que la idea del ministro Triaca tiene plafón entre las huestes sindicales, podemos empezar a trazar escenarios presupuestarios basándonos en inflación futura.

A los números?

Así, el incremento salarial debería ubicarse en un piso del 17%, que será la inflación según el Presupuesto 2017 (y que se ubicaría en 20-22% según algunas estimaciones privadas).

Si los salarios de 2017 según el consenso generalizado van a estar moderadamente por encima de la inflación, entonces los guarismos treparían hasta 20-25%, según el pronóstico inflacionario sobre el que se basen.

Ahora bien, si la idea de trazar la raya y mirar para adelante no cuaja, si la realidad del bono es tan magra que no pueda cubrir al menos una parte del deterioro del salario real de este año, y otra vez nos basamos en expectativas que tienden a recuperar todo lo perdido y adelantar incrementos futuros, los guarismos cambiarían.

Teniendo en cuenta que la inflación del 2016 cerrará en torno al 40%, y que los principales acuerdos salariales estuvieron en promedio cercanos al 33% (con las excepciones de aceiteros en 38% y camioneros en 37%), la gran mayoría llevará a la mesa de negociación una expectativa de recupero del pasado entre 5% y 7%, lo que sumado a la inflación futura hará trepar la previsión de incrementos salariales al 25%. Coincidentemente, durante el Coloquio de IDEA el consenso entre los asistentes era que el incremento para el año próximo se ubicaría en esa cifra.

También hace unas semanas, se llevó a cabo el Foro de Recursos Humanos de Mercer, una de las empresas líderes en servicios de compensaciones, y una de las principales fuentes del mercado para referencia de salarios fuera de convenio.

Según las proyecciones difundidas en dicho foro, basado en una muestra de más de 250 empresas, las estimaciones para 2017 arrojan un incremento del 30% según la mediana de la encuesta mientras se espera 32% para los que se posicionen según el tercer cuartil o 26% si lo hacen en el primero.

Para muchos de los asistentes esa predicción del 30% resultó alta, ya que a nivel intuitivo consideraban que el movimiento se ubicaría unos puntos por debajo de lo indicado por los especialistas. Sin embargo, la seriedad estadística, lo amplio de la muestra y el hecho de que quienes responden la encuesta sean analistas especializados en compensaciones son fortalezas más que suficientes para tomar esta predicción con total seriedad.

La pregunta subyacente es entonces por qué, si las estimaciones inflacionarias privadas (más altas que las del Gobierno) rondan el 20- 22%, estarían las empresas dispuestas a presupuestar y pagar más.

La contundente respuesta es que las empresas consultadas decididamente no creen que la inflación este en ese rango, y que casi con seguridad será mayor.

Estas predicciones de incrementos son de carácter general, pero nos son de aplicación uniforme para toda la sociedad. Existen diferentes niveles de ajuste salarial según se trate de empleados dentro o fuera de convenio colectivo de trabajo, variaciones por industria, tamaño o zona geográfica, entre otros.

El desagregado

Desafortunadamente, estos guarismos de incremento no alcanzan al sector de los trabajadores informales, que si reciben algún tipo de actualización de sus salarios, suele resultar inferior a los parámetros de mercado y/o inflacionarios.

En los últimos años la población de trabajadores en convenio vino consistentemente recibiendo incrementos salariales superiores a los de fuera de convenio. Al haberse reiterado esto en varios años sucesivamente, esto puso presión sobre los salarios de fuera de convenio, achicándose la brecha a pocos puntos y con tendencia a equipararse, buscando que no decaiga la moral de los colaboradores y evitar un proceso de mayor sindicalización.

Tampoco la aplicación de incrementos salariales se efectúa de una sola vez. La gran mayoría (más del 80%) de las empresas suele dividir el aumento general anual en dos partes que se administran usualmente una en el primer semestre y otra en el segundo. Para los que están dentro de convenio, los usos de los últimos años son de dos o tres etapas a lo largo de la vigencia del convenio.

Otro tema a tener en cuenta es la cantidad de trabajadores alcanzados por estos guarismos. Del total de argentinos, 60% constituye la población potencialmente activa, a la que deduciéndole los que se consideran “parte inactiva” (no buscan trabajo actualmente) llegamos a la cifra de 16,9 millones que técnicamente se considera población activa. Restándole a estos los desocupados, quedan los trabajadores del sector público (2,7 millones) y los del privado, que constituyen 12,8 millones. Entre los privados, si se descartan los cuentapropistas llegamos a la cifra de 8,9 millones, que constituye la base de asalariados. Si a dicha base le restamos los trabajadores del servicio doméstico y los trabajadores no registrados, llegamos al total final de 4,7 millones de asalariados privados registrados sobre los que las previsiones de incremento salarial tienen impacto.

Los impactos

Todas estas poblaciones descriptas tienen sus características particulares y sus ajustes salariales específicos. Para el sector público, la pauta salarial contenida en el presupuesto es del 18%, es decir 1 punto porcentual más que la previsión inflacionaria oficial. La gran incógnita es cómo hará el Gobierno para aferrarse a esa cifra si el mercado salarial o la inflación se disparan, más aun teniendo en cuenta el año electoral.

Entre los asalariados registrados privados tenemos que diferenciar a los que están dentro de convenio y cuáles no, ya que aquellos seguramente recibirían algunos puntos más que la pauta general que comentáramos oportunamente.

Finalmente, para que las previsiones presupuestarias del Gobierno puedan ser alcanzadas será necesario que la pauta salarial esté algo por encima de la meta de inflación, pero claramente deberá estar por debajo de la inflación pasada.

Concluyendo, si usted debe presupuestar salarios para empleados fuera de convenio para el próximo año, no va a encontrar muchas diferencias con las incertidumbres que se le plantearon en los escenarios de los últimos años. Pero para evitar errarle a sus estimaciones por mucho sugerimos el siguiente acercamiento.

Revise su competitividad en términos de costos y específicamente de costo laboral. Una revisión de costos ocultos o beneficios subaprovechados por sus colaboradores le pueden dar a su organización un par de puntos porcentuales que le serán de gran utilidad en su presupuesto.

Asegure la protección de su talento. Con la proyección de crecimiento del PIB, y la aparición de proyectos de inversión el mercado laboral se moverá, especialmente con cierta agresividad en algunos sectores, provocando que algunas de sus principales figuras sean tentadas. Prepárese a disponer de algunos puntos porcentuales para invertir más en fidelización de sus mejores talentos y contribuidores.

Sea más agresivo en el ajuste salarial del primer semestre. Tal vez esa jugada le permita sacar ventaja competitiva y enfrentar el segundo aumento con mayor cautela, más aún si se dieran las previsiones oficiales.

Para analizar su competitividad salarial, además de las siempre útiles encuestas de compensación, utilice series largas (de al menos cinco años) de su propio mercado de referencia y compare los incrementos salariales con las otras variables clave (costo total, tasa, tipo de cambio, etcétera).

Finalmente, haga la matemática que crea que más se asemeja a su sector o industria, súmele los costos extra por proteger a su talento, réstele lo que crea puede obtener por productividad, y así obtendrá su propia proyección salarial 2017. Seguramente le dará algo entre 25% y 30%.

(*) Especialista en organizaciones, Recursos Humanos y management

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