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El plan de acción y los cisnes negros

El discurso, que siempre va a la delantera, choca ahora con los límites que impone la realpolitik

14-12-2015
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Mauricio Macri, en una asunción muy ad hoc (una de las peores, institucionalmente hablando, desde 1983 hasta ahora), juró como nuevo Presidente de la Nación. Ahora, Cambiemos debe salir a la cancha y gobernar. El discurso, que siempre va a la delantera, choca ahora con los límites que impone la realpolitik y van determinando el margen de acción con que contará el nuevo Presidente. Gobernar implica desplegar su plan de acción, ir administrando sus consecuencias e ir manejando los imprevistos (que los hay, y en abundancia, por estas pampas).

Precisamente, en los últimos días, apareció uno nuevo: se aceleró la inflación. Según Elypsis, hubo una “fuerte aceleración” de la tasa de inflación en la primera semana de diciembre: los precios subieron nada menos que 1,2% en siete días. Hay que remontarse a febrero de 2014 para encontrar una suba semanal de esa magnitud. Aparece, así, un problema algo imprevisto para el nuevo Gobierno y que condicionará el plan de acción en el corto plazo.

El movimiento inflacionario parece sugerir, contrariamente a lo que piensan en Cambiemos, que los precios no incorporaron aun el corrimiento cambiario que se espera. Un motivo adicional para cuidar los tiempos del corrimiento cambiario que precisa la unificación del mercado. “Cada vez está más claro que levantar el cepo el 10 de diciembre quedará como una mera expresión de deseo. Desmantelar todos los controles cambiarios en un día con el nivel de reservas actual sería temerario. El tipo de cambio podría sobrerreaccionar, la inflación espiralizarse y las tasas de interés elevarse excesivamente por algún tiempo. Mejor evitar esta posibilidad”, opina Miguel Kiguel.

Pero aquí aparece un problema de consistencia temporal: como en el relato del huevo y la gallina, los dólares no ingresarán hasta que no se sincere el tipo de cambio, buscarán seguir saliendo hasta que eso no ocurra y, más temprano que tarde, el BCRA se quedará en cero y el mercado le torcerá el brazo.

El declive de la reservas, asimismo, se ha acelerado y ha dejado al BCRA prácticamente sin municiones disponibles para financiar la apertura del cepo, intervenir en el mercado y evitar un over-shooting del dólar. “La apertura del cepo requiere dos bases imprescindibles: un stock mínimo de reservas suficiente para intervenir en el mercado de manera contundente, cuando las circunstancias lo requieran, y un Banco central eficiente y eficaz para enfrentar eventuales tensiones en el mercado”, opinan desde Empiria. Optar por dejar flotar libremente el dólar no parece, en el corto plazo, una alternativa viable.

Allanado el camino tras la renuncia de Alejandro Vanoli, la clave ahora pasa para comenzar la trabajosa tarea de llenar las arcas de Reconquista 266. El ritmo al que lo logre hacer Cambiemos, junto al sinceramiento cambiario, serán los que determinen la velocidad con la que contará para ir desmantelando las restricciones cuantitativas al acceso de divisas. A pasar la gorra.

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