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Informe

El ingreso de agrodólares caerá US$ 8.000 millones, pero el mercado confía en que se evitará un salto del dólar oficial

El estrés hídrico de verano hizo caer la proyección de cosecha de soja, trigo y maíz en 28,5 millones de toneladas (-23% de la producción inicial esperada)

El ingreso de agrodólares caerá US$ 8.000 millones, pero el mercado confía en que se evitará un salto del dólar oficial
18-01-2023
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La segunda versión del dólar soja permitió que el objetivo de reservas trazado por el FMI sea alcanzado. En 2023 el panorama será mucho más desafiante, con una sequía que podría ser récord, según un informe de PPI. 

Los tres años consecutivos del fenómeno climático La Niña sobre el suelo argentino pasan factura y sus efectos sólo podrían ser mitigados con fuertes lluvias en la segunda quincena de enero que siguen sin llegar.

El gran problema es que la factura viene en dólares y los actuales pronósticos indican que la oferta del agro en el MULC podría retraerse entre US$ 12.000 y US$ 13.000 millones, aunque es temprano para afirmar que la pérdida no sea peor. Siendo el único sector con balanza comercial positiva, la preocupación es entendible.

A pesar de que una sequía de tal calibre podría ser un shock disruptivo difícil de asimilar para cualquier esquema cambiario, el mercado confía en que el equipo económico lo sorteará sin un salto devaluatorio (y, por ende, inflacionario).

"Las herramientas a utilizar serían un dólar soja 3.0 (prácticamente garantizado a esta altura) y restricciones sobre la demanda privada aún más draconianas que las de 2022. El daño colateral sería un resentimiento de la actividad económica (costo electoral para el oficialismo) y mayor presión sobre la brecha cambiaria", señaló PPI.

"En cuanto a la inflación, el 5,1% de diciembre, superior al 4,9% de noviembre, vino a recordar la persistencia del fenómeno inflacionario. Así, el penúltimo mes del año quedó identificado más como un alto valle tras el pico de 7,4% de julio que como el inicio de un camino descendente de la inflación", consideró la consultora.

Asimismo, las expectativas de inflación sólo cedieron de cortísimo plazo, pero se mantienen prácticamente sin cambios para el trimestre marzo - mayo en 6% mensual y para todo 2023 arañando los tres dígitos en 98-99%.

"La combinación de ambos elementos dio por tierra una eventual baja de tasa de interés que había trascendido en la víspera de la publicación del dato de diciembre. El Banco Central, criterioso por primera vez en mucho tiempo, comunicó que era prudente dejar la tasa de interés inalterada", apuntó el informe.

Además, la autoridad monetaria indicó que mantener las tasas reales positivas contribuye con el anclaje de expectativas.

"En nuestra visión, que las tasas sean negativas si se amplía el horizonte de inversión (como resultado de expectativas inflacionarias que no ceden), fue el elemento determinante para que se postergue la relajación de la política monetaria (probablemente impulsada por la política)", afirmaron desde PPI.

"(Sergio) Massa y (Miguel) Pesce no ignoran que la condición necesaria para evitar un desborde de la inflación es que la tasa de interés se mantenga elevada en términos nominales. En otras palabras, un recorte casi con certeza garantizaría una aceleración de la inflación y un recalentamiento (aún mayor) de los dólares financieros", agregaron.

En este contexto, la pregunta del millón vuelve a ser si el CCL está "caro o barato".

Al respecto, la consultora cree que un abordaje integral debe incluir tanto la coyuntura como una visión de largo plazo, siendo fuerzas que ejercen presiones en sentidos contrapuestos.

Por un lado, entiende que el exceso de pesos actual (derivado de los dólares soja, las intervenciones del BCRA en el mercado secundario y el déficit cuasifiscal) no se ha cristalizado del todo en los dólares financieros, lo que señalaría que hay upside.

"Sin embargo, tomando más distancia, es esperable que el mercado comience a descontar un Gobierno más market friendly a partir de diciembre y que, en consecuencia, el peso deba apreciarse como lo están haciendo acciones y bonos argentinos en esta incipiente recuperación de los activos", proyectó PPI.

"La experiencia histórica registra apreciaciones reales en los meses previos a la elección, pero una fuerte presión dolarizadora sobre la víspera inmediata de los comicios. El valor final del peso, al igual que el del resto de los activos, terminará siendo determinado por el signo del gobierno electo, teniendo que pasar en el proceso electoral por altibajos que irán al ritmo de las encuestas", concluyó.

¿Cuál es el panorama en el campo?

Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el estrés hídrico de verano hizo caer la proyección de cosecha de soja, trigo y maíz en 28,5 millones de toneladas (-23% de la producción inicial esperada).

Incluso con la recuperación de los precios, y sólo considerando estos tres cultivos, la pérdida de ingresos netos del sector productor, es decir, la diferencia entre el margen neto estimado al momento de la siembra, con un rinde promedio en condiciones climáticas normales y el que se prevé a la fecha ya asciende a US$ 10.425 millones.

En detalle, si bien el precio en MATBA-ROFEX de la soja a cosecha (mayo 2023) aumentó 9% entre septiembre del año pasado y enero de 2023, y el maíz subió 13% en el mismo lapso, el precio del trigo entre mayo (al definirse las siembras) y enero, ya completada la cosecha, cayó 2%. 

Sin embargo, el rinde de la soja ya perdió en promedio 25% respecto al potencial con el que se hacían cuentas al momento de plantear las siembras 2022/23. 

Por su parte, el maíz perdió 40% para las variedades tempranas, a cosecharse a partir de marzo, y 18% para el que se cosechará a partir de julio de este año.

En trigo, con la producción definida, la pérdida de quintales respecto a la expectativa de la siembra alcanzó el 63%. 

Con estos números, el ingreso bruto total esperado por hectárea sembrada ha perdido 30% en el caso de la soja, 10% en el caso del maíz, y 63% para el trigo, ponderando en los primeros dos casos por la cantidad de hectáreas sembradas de variedades tempranas y tardías, respectivamente.

Ante este panorama, el productor propietario de la tierra ha perdido (respecto de los márgenes que esperaba al momento de la siembra) en términos netos US$ 282 por cada hectárea que sembró con soja de primera, y US$ 110 por cada hectárea que sembró con soja de segunda. 

En el caso del maíz la pérdida asciende a US$ 323 por hectárea que implantó con maíz temprano, y US$ 33 dólares por hectárea sembrada con maíz tardío; y en el caso del trigo, US$ 489 por cada hectárea cosechada. 

"Considerado el efecto multiplicador del agro en el consumo de Argentina, esta caída pone en jaque US$ 14.190, equivalente a 2,2 puntos porcentuales del PIB potencial que el Fondo Monetario Internacional estima para el país en 2023, el cual asciende a US$ 643.797 millones", advirtió la BCR.

"Con las pérdidas millonarias del sector productor, se recorta también la estimación de recaudación fiscal. Sólo por los derechos de exportación, el Estado dejará de percibir US$ 1.050 millones en concepto de ventas externas de los complejos trigo, soja y maíz, a los que se le suma la pérdida de recaudación de otros US$ 2.500 millones en concepto de menores impuestos a las ganancias y demás tasas y contribuciones", aseguró la entidad.  

En el frente externo, la exportación estimada de los principales productos de los complejos trigo, soja y maíz cayó en aproximadamente 24 millones de toneladas.

Si se valorizan las exportaciones netas (es decir, deduciendo el pago de importaciones temporarias de soja, que se hacen con el fin de procesarse en Argentina y exportar los subproductos con mayor valor agregado) previstas al momento de la siembra, respecto a las que se proyectan hoy con los precios vigentes, se estima que dejarán de ingresar al país cerca de US$ 8.000 millones, lo que significa una caída del 18% respecto al ingreso total de dólares del agro estimado para la campaña 2021/22. 

Dejarán de ingresar al país cerca de US$ 8.000 millones

"Si bien esta cifra resulta atenuada por la mejora en los precios internacionales a raíz de la caída en el volumen de oferta por la sequía, este efecto precio resulta insuficiente para compensar la caída en la cantidad a exportar", destacó la BCR.

En términos tributarios, la pérdida (entre retenciones y otros impuestos) sería de US$ 3.554 millones.

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