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Trigo

El Gobierno insiste con el FETA

Es indispensable el uso del fideicomiso como palanca para el desarrollo con foco en la inversión federal y el empleo genuino.

En el marco de la Ley de Emergencia Alimentaria y por el Decreto 132/2022 y la Resolución 355/2022 de la Secretaría de Comercio Interior, se creó el Fondo Estabilizador del Trigo Argentino (FETA). Según las autoridades, el objeto del fideicomiso era "abaratar la mesa de los argentinos" por el aumento del precio del trigo y sus derivados dada la guerra Ucrania-Rusia, y consistiría en subsidios a los productores con los ingresos de las "modificaciones temporales" a los derechos de exportación.  

Oportunamente, con el fin de aportar un enfoque idóneo, desde la AAFyFID expresamos con prudencia que había errores que podrían alejar del objetivo propuesto que generaban riesgos innecesarios, especialmente considerando los sobrados antecedentes de mala praxis sobre el uso del fideicomiso para políticas públicas.  

Pasado un tiempo prudencial, conviene volver al FETA y retomar consideraciones sobre aspectos conceptuales, metodológicos y de resultados.  

Aspectos conceptuales: el negocio subyacente tuvo errores en el diseño desde inicio, pues si se desea aumentar la producción de un bien o servicio, no se debe aumentar los impuestos sino todo lo contrario. 

Modificar "temporalmente" derechos de exportación para aplicarlos a producciones similares, simplemente crea un efecto redistributivo entre consumo interno y externo, pero no genera incentivos suficientes para mantener políticas públicas de mayor producción de mediano y largo plazo. También, demuestra que quienes lo crearon confunden inflación y precios relativos. 

El subsidiar la producción de un bien logra, en el mejor de los casos, bajar en el corto plazo el precio relativo de ese bien frente al resto de la economía, pero esto nada tiene que ver con la inflación, que expresa la caída del poder adquisitivo de forma generalizada. 

En otras palabras, cuestiones relativas al precio de un bien como el trigo, se discute en el mercado de ese bien en aspectos relacionados con la productividad, climatología, trabas comerciales, logística, costos, cadena de valor, precios, etc., lo que nada tiene que ver con la inflación, que es un fenómeno estrictamente monetario que se discute en el mercado de dinero. 

Además, y si el objetivo era "abaratar la mesa de los argentinos" con el abusado slogan de "llegar a los que menos tienen", ¿por qué subsidiar la demanda en vez de la oferta?

Sabemos que un fideicomiso que subsidie, en teoría, a los sectores más vulnerables también lo hace con los que pueden pagar mayores precios, ¿por qué no haber elaborado un sistema eficiente y temporal para subsidiar directamente a los sectores más desprotegidos con entrega de dinero bancarizado/personalizado, o vouchers intercambiables por estos bienes?

Aspectos metodológicos: remarcamos el sistema de reintegros y los incentivos a los productores para entrar al acuerdo. Luego, lo mismo fue captado por la prensa donde las cámaras industriales molineras y las pymes del sector rechazaron la adhesión al FETA, adjudicando que las medidas no daban cumplimiento al objetivo fijado por el fideicomiso. P

ara peor, el sector también explicó que el mecanismo de reintegros era de imposible cumplimiento para las pymes, proponiendo que las empresas vendan la harina a precios por debajo de su valor de mercado y luego reciban una compensación por ese desfasaje a través del fondo fiduciario. Esto, en un contexto de alta inflación, es una ingenuidad, ya que genera descalces y pérdidas por la nula credibilidad en el timing de reintegros, lo que, sumado a la discrecionalidad de la Secretaría y la falta de reglas en todo el circuito, genera desconfianza y falta de apoyo. 

Otro aspecto, fue la elección del fiduciario establecida ad-hoc. Si bien es cierto que BICE Fideicomisos administra varios fideicomisos estatales, su designación no se basó en un proceso minucioso de calificación teniendo en cuenta idoneidad, expertise en el negocio y track record, sino por designación discrecional de la autoridad temporal. 

Teniendo en cuenta que este fideicomiso se fundamenta en la producción de trigo y derivados, lo adecuado hubiera sido seleccionar fiduciarios con trayectoria en el negocio y relacionados con el sector, para aportar valor al diseño y estructuración del proyecto. En esto, es necesario recordar que el fiduciario es la clave para el éxito del negocio, que es la justificación única de crear un fideicomiso. 

Adicionalmente, el decreto 132 define al FETA como un fideicomiso de administración y financiero pese a que en los EEFF de BICE Fideicomisos figura como "de administración"; tampoco está listado por CNV lo que expone errores en el diseño de la norma. 

Sobre resultados, debemos analizar los del FETA desde su creación a la fecha. De mayo 2022 a mayo 2023, según el Indec y tomando los promedios simples del IPC en las regiones, GBA, Pampeana, Noroeste, Noreste, Cuyo y Patagonia, el precio del rubro "pan y cereales" subió 111,68% mientras que el "nivel general" 112,16 % y el rubro "alimentos" 114,99 %. Ergo, la diferencia es casi nula entre los distintos rubros, mostrando que, a un año de la implementación del FETA, los resultados esperados no llegaron al consumidor.  

Así, y para no dejar de sorprendernos, entre enero y mayo de 2023, existe una baja relativa del precio "pan y cereales" respecto del resto, pero coincide el mismo lapso donde el FETA se estaba sin ingreso de fondos, ya que en diciembre de 2022 había vencido la aplicación de la alícuota establecida por el decreto de origen. 

Entonces, se redefinió una nueva alícuota en mayo de 2023 (Decreto 288) para continuar con el funcionamiento y el PEN le destinó 1,3% de los derechos de exportación de harina y aceite de soja. 

Para más, otro motivo de la creación fue justificarlo por el efecto de la guerra entre Rusia y Ucrania sobre el precio del trigo, cosa que quedó sin validarse ya que el mismo cayó en el período analizado. 

Por todo lo expuesto, considerando los problemas de diseño del FETA manifestados en la poca adhesión de los productores, las críticas de las cámaras, los atrasos en los reintegros, las reglas poco claras y las fallidas experiencias del pasado, sumados a los pobres resultados en lo que el consumidor final paga, afirmamos que el fracaso de lo propuesto "nada" tiene que ver con el fideicomiso, sino con los errores ya explicados en el diseño, la estructuración y los mecanismos de aplicación.  

El fideicomiso, como herramienta transformadora, es ideal para la promoción de actividades del sector real con proyectos específicos y de alto impacto social, que puede incluir la participación público y privado, para lo cual y entre otras, se requiere de la elección de fiduciarios independientes e idóneos, lo que podría actuar como barrera al abuso por parte de un Estado que improvisa con medidas mal planificadas.  

Finalmente, dado el nivel vergonzante de pobreza, la crisis económico-social y el difícil momento del agro argentino por las consecuencias de la gran sequía, es indispensable el uso del fideicomiso como palanca para el desarrollo de políticas públicas con foco en la inversión federal y el empleo genuino. Pero, para lograrlo, debe contarse con visiones de largo plazo y equipos formados por profesionales idóneos que estén a la altura de las circunstancias.    

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