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Dujovne va por la hazaña: recuperar el superávit primario

26-12-2018
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El Gobierno siempre supo que debía mejorar el estado de las cuentas públicas, pero pensó, inicialmente, que podía hacerlo con gradualismo. Y pudo. También pensé que ese era el único camino. El motivo, para “cuidar a los que menos tienen” y porque no tenían suficiente poder, en el Congreso, para avanzar más rápido. Ese plan funcionó durante 2016 y 2017 y llegó a un abrupto fin en 2018.

Los mercados veían inacción más que gradualismo y también observaban cómo se agrandaba otro déficit: el de la Cuenta Corriente. A fines de 2017, Argentina tenía un déficit “doble 5”: -5% en el resultado fiscal y -5% en la Cuenta Corriente que es, básicamente, la diferencia entre ingresos y gastos de un país. Allí, la billetera global se cerró y el Gobierno apuró la marcha. La gran batalla de esa marcha no es 2018 porque todos estiman que la meta primaria de 2,7% del PIB se cumplirá. La gran batalla es 2019.

Allí, Nicolás Dujovne deberá encargarse, tal como se comprometió ante Washington, de bajar el rojo primario a 0%. Es decir, producir un ahorro fiscal de casi 3 puntos del PIB en doce meses. No será fácil, y menos en un año electoral definitorio para la sobrevida del proyecto Cambiemos.

El Excel del 2019

La mitad del “ahorro” será más fácil porque se logrará, esencialmente, con más impuestos y el regreso de las retenciones para todos y todas. Por la vía de los Derechos de Exportación (DEx), el Gobierno planea recaudar más de $600.000 millones en 2019. Una parte menor se logrará mediante ventas de activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS): eso será 0,4% del PIB, según el FMI.

Por el lado del gasto, caerán las transferencias a provincias (-0,7% del PIB), subsidios a la energía (-0,3%) y gastos de capital (-0,2%). El FMI ya advirtió a las autoridades. “Será importante que resistan las presiones para mantener los subsidios a la energía y subir los salarios”, dijo en su último reporte y pidió que el costo devaluatorio sea absorbido por los consumidores. La presión será creciente: en noviembre, los subsidios energéticos ya crecieron casi 200% interanual.

Caja y política

Varios analistas creen que el 0% se cumplirá. Cueste lo que cueste. Pero no todos piensan que se logrará. Por ejemplo, el Grupo SBS, que estima un rojo de 0,75% del PIB para 2019.

“El resultado de noviembre se mantuvo consistente con un sobrecumplimiento holgado de la meta fiscal de 2018. Por esta razón, seguimos esperando que el rojo primario finalice en torno a 2,25% del PIB (incluyendo el PIP), con espacio para adelantar gastos de 2019. No obstante, la dinámica fiscal comienza a sufrir algunas de las debilidades que veníamos mencionando en los últimos meses”, dice SBS y cita tres motivos.

Primero, las rentas de la propiedad explican una porción cada vez mayor de la reducción del déficit, un factor transitorio que desaparecerá a medida que las tasas de interés caigan y el Tesoro vaya consumiendo sus depósitos.

Segundo, la caída de la inflación agregaría 0,5 punto del PIB al déficit primario el año que viene puesto que aproximadamente la mitad del gasto primario está indexado.

Tercero, la depreciación del peso no fue acompañada por aumentos de tarifas en gas y electricidad, es decir, “sin aumentos de tarifas seguirá disparando la cuenta de subsidios”.

“Entendiendo que la situación fiscal se deterioró en el margen, elevamos nuestra proyección de déficit primario para 2019 a 0,75% del PIB (desde 0,50%). Aunque vemos poco espacio político para que el Gobierno pueda introducir las correcciones suficientes para cumplir con el objetivo de déficit cero, no esperamos un incumplimiento del acuerdo con el FMI ya que el programa permite ampliar el gasto social en 0,2% del PIB y/o contar amortizaciones de activos del FGS como ingresos por 0,4% del PIB, entre otros ajustadores”, dicen desde SBS. También deberá verse si los DEx aportan esos preciados $600.000 millones y qué impacto tiene la recesión sobre los ingresos tributarios de la AFIP.

Pero, más allá de algún eventual desvío, sería apresurado decir que caerá el Stand-By Agreement con el FMI y se cortarán los desembolsos: deben entrar casi US$ 23.000 millones en 2019. Como explicó Héctor Torres, quien fue representante de Argentina ante el FMI, el organismo nos seguirá apoyando si observa el compromiso de las autoridades con la convergencia fiscal es firme.

Por cierto, Argentina tuvo, en las últimas décadas, un track record fiscal lamentable y un crecimiento relativo muy bajo. Según el Gobierno, y varios economistas, ambos fenómenos están vinculados. Aunque allí no acaben las explicaciones del extravío de Argentina, recuperar el superávit parece una punto de arranque interesante.

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