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“Argentina va a crecer, pero nos preocupa la duración del rebote”

30-11-2016
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Entrevista a Fiona Mackie Economist Intelligence Unit (EIU)

Fiona Mackie es Regional Manager para América Latina y el Caribe en Economist Intelligence Unit (EIU), la empresa de consultoría que funciona dentro de la órbita de la prestigiosa revista The Economist. En diálogo con El Economista, dicen que tienen una visión “cautelosamente optimista” sobre Argentina. Proyectan un crecimiento de 2,6% en 2017 pero, admite, “estamos preocupados por la durabilidad de esa recuperación en el mediano plazo”.

El Gobierno comenzó con su agenda económica a todo vapor. En algunas horas, eliminó o redujo las retenciones a las exportaciones; en días, eliminó los controles cambiarios y, en los primeros meses, normalizó los flujos comerciales, reconstruyó el Indec y, quizás lo más importante, resolvió el default y recuperó el acceso a los mercados globales de deuda. Sin embargo, desde entonces, el proceso de reformas parece algo frenado, hubo algunos errores operativos (por ejemplo, en las tarifas) y varios críticos señalan la falta de avances en el frente fiscal y la persistencia de la recesión. ¿Coincide con esta visión y cuál es el próximo gran desafío que enfrenta el Gobierno para reimpulsar el proceso de reformas que el país necesita?

No diría que el proceso de reformas se frenó. El Gobierno continuó haciendo progresos con reformas importantes, aunque quizás con perfil más bajo, como legislar las asociaciones público-privadas. En el camino, el Gobierno cometió errores políticos y hemos visto que no puede conseguir todo lo que quiere. Pero observamos que puede negociar y llegar a buenos acuerdos con la oposición, un gran indicio de gobernabilidad. El gran problema es que no hay salidas fáciles para la economía argentina y, más allá de los progresos tempranos de la era Macri, aún queda mucho por hacer.

¿Qué items integran esa lista?

Me refiero tanto a las reformas estructurales como a la política macroeconómica, tanto en el lado fiscal para restaurar la confianza inversora en la duración del proceso de estabilización macro, como en el lado monetario, con una visión puesta en asegurar tasas de interés reales moderadamente positivas para apalancar el crédito a largo plazo y el crecimiento. Eso llevará tiempo y las elecciones de 2017 empiezan a nublar el panorama y minar la confianza en el compromiso del Gobierno con achicar el rojo fiscal. No es una cuestión tanto de magnitud sino de orientación. Los inversores quieren ver el rojo fiscal cayendo y las recientes concesiones para estimular el consumo privado generan preguntas sobre el rumbo del déficit.

Usted participó en el Argentina Business and Investment Forum, también conocido como Mini-Davos, en septiembre. El objetivo fue demostrar que Argentina está de regreso y, sobre todo, estimular la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED), un proceso que aún no ocurrió. ¿Eso es normal dado que las decisiones de inversión tardan tiempo entre que se exploran y se concretan, o porque los inversores todavía no están convencidos de que esta vez será distinto?

En un país con una historia de populismo y gobiernos minoritarios que fracasaron, siempre habrá elementos de riesgo político para los inversores. Si bien son optimistas con la orientación de las políticas oficiales, son cautos con las proyecciones de Argentina y la solidez de sus instituciones en el largo plazo. Por eso, el Gobierno necesita presionar con su agenda de reformas y mostrar su compromiso con las políticas ortodoxas y también su habilidad para lograr avanzar concretamente con esa agenda. Un factor adicional es el escenario económico global, que desafortunadamente para Argentina no es tan bueno. Sin embargo, creemos que las perspectivas para la inversión son buenas para 2017

Las proyecciones para 2017 son optimistas y el consenso apunta a un crecimiento de 3% o algo más. Sin embargo, hay riesgos a la baja y algunos empiezan a podar sus proyecciones porque no aparecieron los brotes verdes o incluso por el “efecto Trump”. ¿Cuál es la proyección de EIU?

Nuestro pronóstico es un crecimiento de 2,6% en 2017, pero se basa en que el crecimiento irá ganando ritmo secuencialmente y con firmeza hacia mitad de año. Y hay sólidas razones para pensar que así será. La inversión en infraestructura levantará y la confianza va a mejorar a medida que la inflación comience a bajar rápidamente en el primer semestre, lo que va a permitir más recortes en las tasas de interés. Estamos preocupados, sin embargo, por la durabilidad de esa recuperación en el mediano plazo. China se va a desacelerar en 2018 y eso impactará en América Latina. Eso implica que el crecimiento de largo plazo deberá venir de mejoras en la productividad, pero no son fáciles de lograr.

¿La crisis económica en Brasil ya quedó atrás? Las proyecciones de crecimiento para 2017 no paran de bajar; las reformas necesarias, más allá de algunos avances, siguen escaseando y la popularidad de Michel Temer no es sólida?

Creemos que Brasil crecerá 1%. Dada la escala de la recesión, es una performance bastante pobre. Lamentablemente, esa proyección tiene riesgos a la baja, y eso se ve en la caída de la confianza de los empresarios y los consumidores por la crisis política; la incertidumbre sobre las reformas fiscales, vitales para la sustentabilidad de la deuda brasileña y el panorama para la inversión. Eso es un problema para el sector manufacturero de Argentina. La industria es un empleador importante, y la baja demanda interna y brasileña será otro viento en contra para la recuperación argentina. Resumiendo, hay bastantes riesgos para nuestras proyecciones cautelosamente optimistas tanto para Argentina como para Brasil.

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