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El laberinto macro de Macri

Los problemas de la escasa competitividad de la producción local y el alto déficit fiscal

13 abril de 2017

Por Marcelo Capello (*)

Existen dos graves problemas macroeconómicos heredados del kirchnerismo, que se mantienen, influyen mutuamente e imponen fuertes restricciones a la macro del actual Gobierno: escasa competitividad de la producción local (cambiaria y estructural) y alto déficit fiscal.

Con una economía muy cerrada, agudizada en los últimos años del Gobierno anterior, se justifica que existan ahora menores restricciones a las importaciones. Pero al existir un tipo de cambio real que, si bien mayor al de noviembre de 2015, sigue resultando relativamente bajo en una comparación histórica, disminuir la protección a la producción local se parece a abrir la economía dos veces: por menor protección y por tipo de cambio poco competitivo. Así, no va a resultar sencillo competir con el resto del mundo pues se trata de un problema en buena medida ajeno a las empresas locales dado que muchas de las dificultades son exógenas a ellas. No se trata solamente de ineficiencia empresaria: hay una gran dosis de responsabilidad estatal por esta economía enmarañada y cara que se construyó en la última década. Y que ahora hay que desatar.

Por su parte, el financiamiento no inflacionario del alto déficit fiscal existente exige el uso del endeudamiento externo en Nación y provincias, y los ingresos de estos dólares, junto a los que derivan de la mayor confianza y el sinceramiento fiscal, tienden a apreciar el peso. Esta situación agrava el problema cambiario, y complica más la competitividad de la producción nacional, con altos costos en dólares.

Sería razonable que, si algo se abre la economía, simultáneamente se tomen decisiones que bajen los costos locales para producir bienes transables, tales como impuestos, costos laborales no salariales, costos de transporte y logística, regulaciones y burocracia innecesaria, entre otros.

Pero si bajan los impuestos sube el déficit fiscal, que ya es muy alto. Entonces la solución está en bajar simultáneamente impuestos y erogaciones públicas, especialmente el gasto en subsidios económicos (electricidad, gas, agua y transporte), que representó alrededor del 80% del déficit primario en los últimos dos años.

No obstante, se debe considerar también que si bajan adicionalmente los subsidios económicos aumentarán los costos de los servicios públicos para la población, ante una situación social de partida que no resulta precisamente aliviada, tampoco para la clase media que no accede a las tarifas sociales. Y si la reducción de subsidios aumenta los costos de la energía para la producción local agravará los problemas existentes de competitividad (especialmente para las Pymes) que, como se adelantó, no son pocos.

Está claro que se trata de un problema muy complejo, que requiere de mucho análisis y precisión en quienes deben tomar las decisiones económicas. Precisión para tomar las medidas que, mejorando la competitividad de la economía, minimicen la pérdida de recursos fiscales, a la vez que se reduzca el peso del gasto público, afectando lo menos posible la situación social y la mencionada competitividad de la producción local.

Con esta “frazada corta”, la reforma impositiva que se realice debe resultar quirúrgica, apuntando a mejorar lo más posible la competitividad en la producción local y a fomentar la creación de empleo de calidad, pero afectando lo menos posible la caja fiscal. En este marco, urge priorizar las reducciones impositivas para la producción de bienes y servicios transables (exportan o compiten con importaciones) y para impulsar la creación de empleo. Aquí los principales candidatos son las contribuciones patronales y el Impuesto al Cheque a nivel nacional, e Ingresos Brutos en las provincias.

En el caso del turismo, cuyo dé- ficit comercial es alto y crece 40% en 2017, amerita medidas impositivas que incentiven el turismo interno y/o desincentiven el turismo en el extranjero.

Se trata de evitar que las consecuencias cambiarias derivadas de las actuales condiciones fiscales y financieras terminen afectando a la producción real, por problemas de competitividad generados muchas veces en forma exógena a las firmas. Lleva muchos años (décadas) consolidar una empresa, y lo razonable es no exponerlas a partir de las condiciones que emanan del sector público (déficit fiscal) o los mercados financieros (entrada de capitales). Un complicado rompecabezas que amenaza convertirse en un círculo vicioso, pero que necesariamente debemos transformar en un círculo virtuoso.

(*) Presidente del IERAL de la Fundación Mediterránea

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